A su medida

Experiencia: Sabiduría que nos permite reconocer como vieja amiga indeseable a la locura que ya cometimos una vez (Ambrose Bierce: El diccionario del diablo).


Poco volumen para ahogar la pena

Entre sorbo y sorbo de manzanilla.



De pequeño yo era muy dado a escuchar cuando nadie sabía que lo hacía. Y bueno, un científico no es más que un cotilla que se quiere enterar de todo. Yo apuntaba ya desde chico, y nunca me quería ir a la cama por si me perdía algo.

Tardé en comprender, porque yo era pequeño, una anécdota que contó mi padre y que yo escuché tras una puerta acristalada en casa de mis abuelos maternos.

Hacia el año sesenta y cinco (bof), mi padre acababa de llegar a trabajar a la ciudad que sería mi casa tres años más tarde (yo estaba aún, por aquel entonces, cogiendo florecitas, como se dice en Cádiz para designar la actividad rutinaria de los habitantes del limbo). En su lugar de trabajo se comentaba incesantemente el caso de un compañero que estaba casado con una mujer elegantísima y bellísima, y a la que había abandonado (aún no había divorcio) por una ménade desgreñada, sucia, barriobajera y gritona, que lo engañaba a la primera de cambio, lo despreciaba y le sacaba todo el dinero posible.

Estando en la cafetería del trabajo, este hombre, mucho mayor que mi padre, se tomaba a mediodía una copa de manzanilla como lo haría un cordobés: sin hablar, de tres sorbos largos espaciados en el tiempo (siempre me ha llamado la atención esta expresión: espaciados en el tiempo). Un compañero también mayor que mi padre, un día, entre sorbo y sorbo de manzanilla, se atrevió a preguntarle al desventurado compañero.

― Mira, no quiero que te ofendas, y no me contestes si no quieres. Tampoco es por meterme donde no me llaman… es simple curiosidad. Tienes una mujer guapísima que te quiere… y… y bueno, todo el mundo sabe que la has dejado y te has ido a vivir con esta otra que sabes que te la pega y que sabes que te está exprimiendo, y cuyas andanzas conoce toda la ciudad… ¿qué es lo que te da? ¿Por qué?

El otro perdió la mirada en un punto inexistente, le dio un sorbo más al catavinos y sin mirar al compañero le espetó escuetamente:

― Permita Dios que no encuentres jamás un coño a tu medida.

Así de simple. Desde darse un piñazo contra un Seat Panda hasta destruir las murallas de la Sagrada Ilión, los humanos masculinos han hecho las estupideces más grandes por culpa de un coño a su medida. Y el que se crea a salvo, que tire la primera piedra. Eso sí, la experiencia previa puede ayudar mucho a no cometer dos veces el mismo error. Pero del primero, probablemente, no hay quien te libre (que se lo digan a Sinhué el Egipcio, por ejemplo).

Por un sentido de mera justicia poética, me gustaría pensar que el caso opuesto se da también, pero me da la impresión de que hay menos accidentes de tráfico causados por mujeres que miran a hombres en la acera, y no tengo noticia de ninguna ciudad antigua arrasada por celos femeninos (vale que Boadicea arrasó Londres y otras cuantas ciudades, pero es que estaba muy cabreada, y no sin cierta razón, pero la cosa no fue por un asunto digamos galante).

Si queda vivo algún Dios después del Ragnarok generalizado del siglo XX, habrá que pedirle una mujer piadosa para con nosotros, y que, aunque sepa de su poder, no lo utilice para hacernos mucho la puñeta.

Amén.

Besos, abrazos, arrumacos.

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14 comentarios to “A su medida”

  1. carrascus Says:

    La cantidad de excusas que ponemos para no reconocer que somos unos viciosillos…

  2. carrascus Says:

    D. Micro… si se pasa usted por el blog de Lula (la galleguiña que comenta en el mío, ya sabe), encontrará que el post que ella ha colgado esta noche, que es un fragmento de la “Sonata de estío” de Valle Inclán, se ajusta precisamente a la relación de ese compañero de su padre con la mujer casquivana…

    Casualidad… o telepatía entre blogueros del mismo entorno…? jejeje…

  3. Microalgo Says:

    Armonía, debe ser. Voy a ver ahora mismito. Thanks.

    Un abrazo, Maese Carrascus.

    Para los perezosos que no quieran buscarlo, Carrascus hace referencia a este post.

  4. LaRaffa Says:

    Ahahahahah….talvez que LAS VERDADES sejam mais simples do que pareçe e se calhar los casos opuestos acabam quasi sempre com embarazos!

  5. Microalgo Says:

    Se calhar, Raffi. Tal vez.

    Eu vou por duas velinhas, para já, que um nunca saibe…

  6. niko Says:

    toso somos viciosillos en algo

  7. Morella Says:

    Desde mi humilde punto de vista: cuanto más se busca el coño a medida, más deforme (si se me premite el adjetivo) es el que se encuentra.

    Abrazo don Micro.

  8. NáN Says:

    Todo un filósofo. Me hubiera gustado tenerlo como amigo.

  9. Microalgo Says:

    Pues sí, Nán. Y no sólo por el aprendizaje vicario que uno podría adquirir hablando con él…

    Y puede ser, Morella. Pero los humanos llevamos dentro algún gen autodestructivo, seguro, que hay que controlar para llegar a viejo. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera empanadilla.

    Y es cierto que todos tenemos nuestros vicios, Maese Niko (bienvenido, a todo esto). Pero entre coleccionar sellos y reunir enfermedades venéreas (por poner dos ejemplos) hay una larga distancia en cuanto a las repercusiones somáticas, no me lo negará.

    Abrazos, besos, arrumacos.

  10. La fuente de sed Says:

    Como dicen los viejos: Que no nos mande Dios todo lo que podemos aguantar… me uno al “no mas coños a medida”. Por favor.
    Un abrazo.

  11. belen Says:

    Nachete!!!!!!!!!!!!!!!!!! Como estás????, cuentame algo, hace millones de años que no nos vemos.
    Un beso…desde la manha

  12. Microalgo Says:

    Me uno yo también (más o menos) a su propuesta, FdS.

    Y sí, qué de tiempo, Belenchu! Por aquí sigo, con mis microalgas. Supongo que la “manha” a la que haces alusión es La Mancha… ya nos pegamos un toque de correo y me cuentas.

    Más de diez años, ya. Vaya tela.

  13. loli Says:

    Desde el hostal mi loli, te leo y me gustas. Una admiradora.

  14. Microalgo Says:

    Gracias, Loli. Un saludo.

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