Game Over

¿No inauguran su reino todos los tiranos proscribiendo los libros, no tienden a sospechar en ellos conspiraciones inmóviles? (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).


Red de Redes. Difícil de parar.

Temblad, promotores del fanatismo,
y los propios dioses, si estáis mirando.



No es de recibo que te hayamos colgado, oh, deidad que nos ignoras tanto (o deidades, no descarto nada), la responsabilidad de la felicidad de los hombres y que te hayamos adscrito la cuota de venganza contra nuestros enemigos que realmente nos corresponde a nosotros mismos. No es nada amable por nuestra parte que te hayamos achacado diluvios y plagas a ti y no a la meteorología planetaria o a la deficiente higiene de nuestros antepasados (incluso la de algunos contemporáneos). Además, es culpa nuestra no haber caído en la cuenta de que algo fallaba contigo cuando castigabas a tu pueblo por desobedecer renglones mínimos de tus complicadas leyes y ni tocabas a los gentiles que las desobedecían todas, de cabo a rabo (como bien hizo notar Eduardo Mendoza, por boca de un patricio romano viajero, personaje suyo).

Algo fallaba, evidentemente.

La verdad es que entre pensar que no existes y que para ti estamos tan presentes como lo está para mí un termitero en medio de la parte de la selva amazónica que no ha sido aún hollada por el hombre, casi me sale dar por válida la primera opción.

Pero, cartesiano, no puedo descartar (válgame) la hipótesis. Así que en caso de que sí existas, te pido perdón por ponerte nombre y por haberme creído (yo era chiquitito, luego ya no) que alguien podía hablar como portavoz de tu voluntad y ordenarme cosas extrañas (no comas carne este viernes, repite conmigo, cuéntame tus pecados, arrodillaos todos). A saber lo que tú pensarías, de ser un ser existente (válgame de nuevo).

En todo caso, a lo que este mundo respecta, puedes ir colgando ya el cartel de Game Over. Durante algún que otro siglo más habrá fanáticos de toda catadura que harán de su capa un sayo para enarbolar el “Dios lo quiere” por delante de su ansia de mantener sus privilegios (incluyendo lapidar a las mujeres que osaran pensar, por ejemplo, y que dejarían como los imbéciles que son a esos relictos medievales).

Pero yo, aquí donde me ves, oh, deidad pasota, tengo fe.

Pero no en ti. Sorry.

Tengo fe en que la tan odiada globalización (que es imparable e implacable, no se engañen), con todas sus falacias y todas sus ruindades, va a extender la lógica, tarde o temprano, por este orbe todo, abandonado de tu mano.

Como cuando Guttemberg apretó por primera vez su prensa. Vale que lo primero que salió de ella fue La Biblia (recopilación de textos de unos pirados que dijeron hablar en tu nombre durante unos cuantos siglos, y cada uno decía una cosa distinta, hasta que otros cuantos pirados podaron el texto y le dieron cierta absurda coherencia). Pero después, de esa misma prensa, han salido toda la pesca. Todita-toda, de un extremo a otro. De Hitler a Cortázar. Todos.

Se han quemado muchos libros desde que se imprimió esa Biblia. Pero hacerlo es como intentar matar hormigas con el dedo. Siempre va a haber más. El censor tiene la batalla perdida, porque el Tiempo juega en su contra, y el Tiempo, como diría Benítez Reyes, es implacable y muy paciente. Tiene mucho tiempo para conseguir lo que desea, el Tiempo.

Es por eso que estos años en que ha aparecido la red son tan importantes, tan increíbles, tan punto-de-inflexión en la puñetera historia de la humanidad (sean conscientes de ello, anden, que está bien eso de vivir momentos históricos, aunque en el fondo todos lo sean, sin excepción, y por definición).

Tanto como esos días en que Guttemberg empezó a joder a los caciques sin saberlo, comenzando la era de la alfabetización. Con la red, por mucho que se empeñen los Allatolás (entre otros), todo el mundo acabará viéndolo todo. Es decir, la pesadilla del tirano. Si hubiera una tiranía mundial, lo primero en prohibirse sería Internet (dirían que para evitar los delitos informáticos a menores, seguro).

Y poco a poco. Los humanos dejarán de hacerte caso poco a poco, deidad ausente. Como pasó con Odín, con Zeus, con Baal, con Quetzalcoatl. Que no son lo mismo con distintos nombres (no nos dejemos vender la burra), porque los discursos de todos ellos no son sino antagónicos.

Unos siglos más (lástima que no lo veremos) y los humanos se destetarán poco a poco de Mamá Deidad y se darán cuenta, por fin, de que no hay que mirar hacia arriba para arreglar las cosas, sino noventa grados más abajo. Hacia el frente.

Amén.

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5 comentarios to “Game Over”

  1. Glomus Says:

    Ni Dios, ni Red, ni Globalización…Yo confío en que algún día la gente se aburra de todo eso y se dedique a pescar, a cultivar la tierra y a dar por culo lo menos posible (en sentido metafórico, en el físico, allá cada cualo…) al prójimo, ya sea en la calle, en el Parlamento o en Afganistan. Ese día, irán al paro los tiranos, los webmaster (perdone, eh?) y hasta Cristiano Ronaldo. Todos a plantar hortalizas.

    ¡Opps…! Creo que me quedé traspuesto. Ouaaahhh…De qué hablabamos…?

  2. Microalgo Says:

    Je, jeee, jee…

    Pero no se me medievalice Usted, que si nos ponemos así seguro que a uno se le ocurre trincar un caballo y un hacha muy gorda y hacerse reyezuelo de la zona, y ya la tendremos liada. Lo de la democracia, pese a sus grietas, no está tan mal.

  3. Morella Says:

    Oigame, me saco el pañuelo (porque el sombrero no lo llevo puesto).
    No quiero agregar palabras obvias y embarrar esta cuestión. Usted ya bien la ha descrito. Sólo me adhiero a su ‘Sorry, but…’, si es posible con un gesto de manos, hombros encogidos, y todo lo demás.

    Que así sea don Micro. Que así sea…

  4. Nomeolvides Says:

    Envidio como se expresa. Nada más he leído un par de entradas y me encuentro absolutamente de acuerdo. Sorprendida. Y, como no, agradecida de haberlo encontrado. Gracias!

  5. Microalgo Says:

    A Usted por la visita, Dama Nomeolvides.

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