De pensamiento

Sólo hay un pecado imperdonable: la crueldad deliberada. Todo lo demás puede perdonarse (Truman Capote: Cuentos completos).


Agüela condenándose al fuego eterno.

Bss, bss, bss y además le bss.
Gensanta, hermana, eres una perdida.



En amena conversación electrónica con una dama de eloquecedores ojos grises comentaba yo que de pequeñito comencé a hacer play back con algunas partes de las oraciones que no me gustaban y que teóricamente todos repetíamos cuando había una misa en el colegio. No me apetecía decir en voz alta cosas que no me creía. Uno tiene su Bushido, ya les conté.

Las primeras palabras que se cayeron de la letra oficial fueron “de pensamiento”, en el “que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”.

Se cayeron, primero, por pura lógica. Para percatarte que un pensamiento es “impuro”, tienes que tenerlo antes, y ya, aaah, se siente, ya lo has tenido, ya has pecado. Absurdo.

Por otra parte, yo estoy convencido de que uno es lo que hace y no lo que piensa (véase el Lancelot de White). Uno puede ser un asesino y un joputa en su mente, que hasta que no mate a nadie (o no putee a nadie), no lo será en realidad. Es decir, que el mal fondo de las personas puede ser incluso motivo de loa, si en contra de una propia naturaleza dañina la persona se controla.

Desde entonces se han caído tantos trozos de los rezos que ya sólo me habría quedado algún artículo determinado y algún adverbio, y ya para eso no me merecía la pena ni abrir la boca. Pero mi idea primigenia sobre el nulo valor del pecado de pensamiento sigue vigente. La definición en sí de “pecado” también fue variando hacia una concepción más ética: un pecado es, probablemente, aquello que uno sabe que no debería hacer (sinceramente, sin paños calientes autoconvincentes) y a pesar de ello lo hace. Algo así. Tampoco me voy a llevar yo un Nobel en Teología, desde luego. Porque, si se dan cuenta, en esa definición el legislante es… uno mismo. Seguro que Adolfito Hitler y la Condesa Bathori tenían manga un poco más ancha que la mía en cuanto a hasta dónde se puede llegar.

En resumen, que me permito imaginarlo todo. Desde liarme (corrijo: intentar liarme) con el setenta por ciento de las compañeras del trabajo (de manera sucesiva o incluso simultánea) a tirar por la ventana a una de las integrantes del treinta por ciento restante, o meterla en la centrífuga a ver qué sale. Desde fugarme a las diez de la mañana del trabajo e irme a la playa a ponerme morenito hasta ver si soy capaz de comerme tres pollos asados seguidos (total, los pollos asados no son lo que eran… ¿soy el único que se ha dado cuenta de que ahora son como codornices un poco creciditas y ya?).

Todo. Otra cosa es lo que haga, que eso es decisión mía. Lo que piense es cuestión de los sucesivos estratos de mi cerebro corrompido: desde la corteza educadita y buena hasta lo más profundo del cerebro reptiliano, que es como un personaje de Felipe Benítez Reyes pero más peor.

Así que ya saben. Si alguna vez me atrapan una mirada fugazmente proterva, vil y abyecta, ya saben que es que mi mente está maquinando lo peor. No, no les gustaría verlo. “Saca lo que llevas dentro, Microalgo”, me diría algún descerebrado, remedando al Tío Josef de Vampiros en la Habana. “Tienes que ser espontáneo y coherente con tus deseos y apetencias”…

Ya.

Este mundo sería un lugar menos habitable si sí, de modo que es mejor que sepan que mi yo es lo de dentro, pero más aún lo de fuera, que es un tipo que me cae más simpático. Así que no. Se van a quedar con las ganas.

Besos y abrazos.

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19 comentarios to “De pensamiento”

  1. laluli Says:

    Don Micro,
    Estoy con usted, uno es lo que hace y no lo que piensa. Si no, todos seríamos más malos que un dolor o unos miserables en un momento o en otro.
    Al menos se controla usted. Ya sabe, por la conversación del desayuno, que las compañeras de trabajo nos damos cuenta cuando las miradas nos hacen un TAC.

  2. Morella Says:

    Qué suerte que soy, por el momento, lo que hago y no lo que pienso.
    Ultimamente me anduve asombrando de los pensamientos, ocurrencias, o como quieran llamarlos, que surgen en mi cabeza.

    Debo confesarle que en el colegio, yo no analizaba mucho los rezos. Cuando no coincidía con ellos, me quedaba callada también. En cambio, sí lo hacía con el himno nacional o alguna marcha patriótica dedicada a algún procer republicano. Será mal visto por parte de los patrióticos, y en el caso de los ortodoxos, el hecho de no aceptar sus himnos, marchas o rezos. Pero no pretendo ser hipócrita con la gente, mucho menos conmigo misma. Y desde ese día, opté por quedarme calladita nomas, respetando el rezo del que tengo al lado, y sobre todo respetando mis creencias.

    “La libertad está en un sólo lugar, está en nuestros pensamientos”. Como dice una banda de aquí.

    Entrar en este sitio, a mí me produce una revisión de lo que he hecho, aprendido y lo que me falta conocer en la vida. Un beso don Micro.

  3. carrascus Says:

    Peque, peque usted, D. Micro, que por experiencia sé que no hay nada más placentero que comerse un pollo entero (sin haberlo planeado, me ha salido un pareado) en el paseo marítimo de Cadiz.

  4. Arwen Says:

    ¿Te has inspirado en la canción de Nanieva para este post? Me refiero a “En mi oscuridad”, esa que cuenta que en su interior es una asesina múltiple y una suicida aficionada…

  5. Microalgo Says:

    Y “una pervertida que quiere ser destrozada”…

    Mmmm… no, no me he inspirado mucho en Nani, no.

  6. juanjo merapalabra Says:

    Y digo yo, ¿ese pervertido malnacido y no sé que más que se define usted cuando está padentro, ese es el que le juzga cuando se acuesta por las noches y le dice “Don Micro hoy ha sido usted buena persona y eso no está bien, aquí dentro lo sabemos”?

  7. Microalgo Says:

    Más o menos. Pero lo mando al garete y me pongo a hacer croquetas.

    No vea Usted cómo me salen las croquetas…

    De todas maneras, no es una parte reflexiva de mí mismo, no hace cuentas a la larga. Grita mucho en el momento, pero en cuanto se aleja la minifaldera o queda lejos el asador de pollos (cada cosa en su caso), se olvida enseguida y se pone a otra cosa. Debe tener unos dos años de edad, o así. Así que tampoco es tan difícil darle coba.

    ― No te preocupes, nos tiraremos a todas esas a la tarde, a la tarde.

    ― Vale ―dice el Idiota, y me sugiere que le dé una patada a una lata.

  8. margherita dolcevita Says:

    Pero si a ti teseve la mardá desde lejos… ¿Tú qué crees que pareces bueno? Bueeeenoooo, sí que lo pareces, pero yo ya conozco tu protervidad. Anda que…

  9. Microalgo Says:

    Aro. Porque tú eres como un endoscopio, y me ves por dentro. Es lo que tiene ser una poeta siempre al borde de la muerte, que estás en contacto con el otro mundo y eso te incrementa las percepciones extrasensoriales.

    O algo.

  10. Radwulf Says:

    Aaaaaaaaaaah, vale, que lo del sátiro interno ese, al que le gustaría zumbarse a toda fémina que pasa por su lado y que susurra cosas cochinas dentro de mi cabeza me viene de familia… Pues más tranquilo me quedo, si señor.

    :P

  11. Microalgo Says:

    Me temo que sí, primo Radwulf.

    Duchitas frías, como remedio.

  12. Morella Says:

    Don micro me tomé el atrevimiento de incluirlo en mi última entrada. Definitivamente su post me ha hecho reflexionar bastante. Espero no le moleste. Sin más, un beso grande.

  13. Radwulf Says:

    Bah, no se preocupe, Sr. Microalgo. Justo cuando una chica de buen ver pasa por mi lado y el sátiro me susurra al oído “campeón, tira pallá y zúmbate a la zagala” (si, el sátiro tiene predilección por usar palabras que comiencen con Z, vaya usted a saber por qué…), justo en ese momento hace acto de presencia en mi mente un caballero vestido con chaqué y sombrero de copa, con bigotes rizados y exquisito acento inglés, dispuesto a batirse en duelo para preservar intacto el honor de la doncella.

    Y mientras ellos se pelean, la chavala se marcha. Cuando ven que su duelo a muerte sable en mano ya no tiene rezón de ser, el sátiro y el lord inglés guardan sus armas y se acercan al bar más cercano, a meterse un copazo entre pecho y espalda, y a dejarme a mi tranquilito.

  14. margherita dolcevita Says:

    Uy, locadisho. Tevideci una cosa… Tú eres protervo y protéico y prominente y propulsivo. Toma

  15. Microalgo Says:

    No, por Dios, Dama Morella. Un honor para mí, como le dije.

    Hum. Cuando no hay impedimentos morales, Primo Radwulf, a veces habría que maniatar al del fino bigotillo, que es un cortapuntos. Pero estoy, tal vez, con Usted, en que estas cosas por puro deporte no teinen el mismo encanto. Ni mucho menos.

    Lo de propulsivo, Marherita, no es cierto (el resto sí) porque no sufro especialmente de aerofagia. Pero no le hagan caso el resto de los comentaristas, que es que esta chica sufre enfermedades cerebrales rarísimas, que le impelen a decir esas cosas.

    La queremos igual, de todas maneras.

  16. K Says:

    Cuánta razón tiene esa cita de Capote.

  17. H. Lecter Says:

    Y yo me pregunto: er nota ese que te se pone nelombro, vestío de demonio colorao, a disirte que hagas cosas malas ¿no será er mismo que despué te viene con lo de “¡tío coone!, ¿cajesho marnasío, cobarde, pecadoooorl de la pradiiira? ¡arrepiéntete!”. Lo digo porque, aparte der paresío fisionómico, mientra lostá disiendo se le nota la risita y más duna vé selascapao un “te cogí” ar mú cabrón. Yo a mí me parese que de demonio, de angelito o de negro con arsacuello, ni puto caso. Ar que hay que tené en cuenta é ar que dise D. Micro, er que va en pelota, emparmao y con cara de lagarto. Ese sí que sabe, y que le den por bulbo al neocórtex.
    Se lo dise una madre italiana…

  18. Microalgo Says:

    No sé, Doctor Lécter. A veces está bien dejar campo al animalaco, pero otras habrá que comedirlo un poco, que no todo el monte es orgasmo.

    Pooor cierto, K: con la manía de copiar citas que pillé hace unos años (demasiado pocos, se me escaparon muchos libros antes), he recopilado un montón de ellas. Sin haber transcrito las de los tres últimos libros que he leído, pasan de dos mil seiscientas. Están, por supuesto, a su entera disposición en un documento de Word, si las requiere. El listado es utilísimo a la hora de buscar una palabra concreta en ese maremágnum. Usted me dice. Y gracias por su visita, un honor.

  19. K Says:

    No sé si decirle que sí, que ya me paso el día citando y voy a acabar como Leopoldo María Panero. Pero no le diré que no. Mi dirección es goliadkin@gmail.com

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