Monos y polis

Fidelidad: Virtud propia de quienes están a punto de ser traicionados (Ambrose Bierce: El diccionario del diablo).


La fidelidad hecha patopollo migratorio

Cucurrucucú, albatros.



La vieja discusión de siempre. Y el mismo viejo temor a que el devenir de mi existencia me haga comerme, una a una, mis palabras. Sin excepción.

“Yo nunca haría esto” es una frase que me cuido mucho de pronunciar de unos años a esta parte. Me he traicionado bastante en estos últimos tiempos.

Pero.

Los precedentes no son referentes absolutos, pero son buenos referentes. A menudo, los únicos.

Hasta ahora (digámoslo con precaución y toquemos madera), nunca me ha hecho falta más mujer que mi pareja. La mujer que ocupaba la casilla vértice de la pirámide estaba allí sola y esa casilla ocupada siempre ha sido inalcanzable para las demás. Alguna vez que otra (ay), la de ocupante de ese estatus no merecía estar allí (no, no lo merecía en absoluto, sin paños calientes ni excusas), y otra que no la ocupaba tenía todo el merecimiento del mundo para ocuparla. No es que me haya arrepentido, porque no tenía opción. Pero en ocasiones el recuerdo (un campo minado, que cantaba María José Hernández) te pellizca brevemente.

Lo simpático (pronúnciese con ironía) del tema es que yo no necesite el contrato. Me explico. Puedo no estar saliendo con una mujer (terminología quinceañera, pero es que no sé cómo hacerme entender), pero si ocupa el centro, simplemente no me queda más remedio que reconocerlo. Incluso en caso de que ella no me quisiera. Que a veces sí me han querido. Es decir, que he sido fiel hasta cuando no tenía necesidad (obligatoriedad) de serlo.

Todo esto es altamente inconveniente, aunque Ustedes no le vean más que ventajas.

Para empezar, esa mujer tiene la seguridad de tenerme. Eso, por mucho que me quieran Ustedes discutir, me hace menos atractivo, y muy propenso al cuerno. Véase la cita de inicio del amargo Bierce.

No. No, no admito la réplica. Sí, sé que dicen que soy muy lindo, y me cuentan que toda mujer quiere sentirse segura, y no tener dudas respecto a su pareja…

No me lo creo. Señoras, reconózcanme que el tipo canallita difícil, el malo de la clase, el castigador accesible para la carne pero inaccesible para el alma… las vuelve a Ustedes locas. Será por el reto, por el “yo valgo tanto que por mí se volverá loco”, o simplemente por la consciencia de la inexistencia de la atadura (nunca duran), el caso es que ese fenotipo triunfa. Al evidente éxito de estos especímenes me remito.

Eso, para empezar. Luego está el hecho de que la fidelidad restringe las oportunidades. Colado por una mujer que no te quiere, pasa junto a ti otra que sí, y no eres capaz de girarte sobre los talones y mandar a esa mujer huidiza al limbo de los posibles perdidos, de una vez por todas. Disquisición interesante: en ese momento, para la que pasa junto a ti desesperanzada tú eres el inaccesible, esa especie de canallita del que hablábamos antes, lo que incrementa tu atractivo… Qué complicado es todo. A veces me siento un poco como el pobre Albert

Así, la discusión con el buen Triskel no ha llegado nunca a más que tablas. Sí se ha podido contrarrestar alguna argumentación falaz: según este amigo, somos monógamos por imposición cultural y no genética, y hay que hacerle caso a los genes. Sin embargo, en la cuestión de los celos, lo somos por imposición genética, y en ese caso hay que adoptar (“no somos animales, ¿verdad?”) la corrección cortical, es decir, cultural, para eliminar tan negativo sentimiento. Es decir, que no hay que hacerle caso a los genes en este otro caso. Vale, Triskel. Que se trata de chingar a toda costa. Ya te he entendido. Pero haces trampa, chaval. No sé si te has percatado de ello.

Y bueno. Mi genética parece, hasta el momento, monógama, de modo que estoy en armonía con ella. Sigo con mis ideas fijas (ay) y mis estupideces. Sigo con mis celos, controlados dentro de unos márgenes. No me importaría que una novia mía quedara para tomarse un café con un ex-novio suyo, pero si a éste o a cualquier otro se le ocurre palparle un muslo no tengo el más mínimo reparo en sacar al cro-magnón que se esconde bajo todos estos pelos corporales y arrearle un estacazo. No, no respeto las filosofías sexuales de los demás en lo que a mi pareja se refiere. O las respeto mucho menos que las mías propias. Ustedes sabrán disculparme.

No todo iban a ser ventajas. Jamás dije que yo fuera perfecto.

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12 comentarios to “Monos y polis”

  1. Inés Says:

    …dijo la sartén al cazo (vamos, que yo soy igual).

    En cualquier caso, ya sabes mi opinión al respecto. Jugar al doble juego es ser un capullo. Que sí, que igual ligan más. Pero son peores personas. Y eso tiene que contar para algo, ¿no?

    Y sigo creyendo que tu ella llegará, o vendrá, o simplemente será. Contenta de tenerte. Feliz de ser el centro de tu pirámide. Y convirtiéndote a ti en el centro de la suya. Más le vale.

    Un besote

    Y jo, qué historia tan triste la del albatros :'(

  2. kina Says:

    totalmente e acuerdo con mi predecesora en comentarios, que son malas personas, al final no se quedan con ninguna, pierden pelo, echan barriga y dan mas asquete que pena…
    me quedo con los que son como usted, que la ponen a una en una piramide! y son monogamo/fieles sin pedirselo, porque lo sienten asi…
    si es usted, caballero microalgo, una joya como pocas!
    no desespere, que llegara su amada… el secreto esta en no buscar, entoces es cuando aparece,
    un abrazo de monogama

  3. Microalgo Says:

    Tristísima, la historia de Albert, Dama Inés. Lo primero que pensé es si no habrá un alma caritativa que capture a ese albatros y lo lleve de vuelta al Sur.

    Mi señora Kina: yo ya he perdido pelo (de la cabeza, muchísimo) y he echado barriga (pavorosa, la barriga, que conserva, sin embargo, los pelos que huyeron de la cabeza). Así que estoy igual que ellos, aunque la pena y el asquete los suministro a partes iguales, no una más que otra. Igual que ellos pero, desde el punto de vista del follador canalla, con mucho menos vivido en el cuerpo.

    Y yo le juro que no sé qué pensar. A veces tengo la sensación de haber hecho el imbécil todo este tiempo. Otras veces me aseguro que no. Otras veces me da lo mismo. Otras veces voy en bici los días pares, y los impares huelo bien. Ya sabe. Lo normal.

    Gracias, mis Damas, por los comentarios.

  4. molly Says:

    A qué negarlo, la teoría de los canallitas no es una teoría, es una realidad. Los tipos como vos sois “más lindooooosss”, pero el que nos hace perder la cabeza con todas sus neuronas es el tipo canalla-camelador-embaucador, muy a mi pesar. ¿Es el peso de la genética? ¿Viene de regalo con el kit humano intuición-instinto?…
    Y lo de la monogamia, pues mira, lo somos sincrónicamente, pero no diacrónicamente. Oséase, que lo de un compañero para toda la vida, impossible!!

  5. Inés Says:

    Yo sólo te voy a contestar a esto:

    …yo ya he perdido pelo (de la cabeza, muchísimo) y he echado barriga (pavorosa, la barriga, que conserva, sin embargo, los pelos que huyeron de la cabeza). Así que estoy igual que ellos, aunque la pena y el asquete los suministro a partes iguales, no una más que otra.

    Como dice James Bond en “Sólo se vive dos veces”: Bird never make nest in bare tree. Y dos, yo he visto fotos y no describiría tu tripa es “pavorosa”. Más bien barriguita achuchable.

    Así que, ni asco ni pena. Que quede claro.

  6. NÁN Says:

    ¡Qué buen tema para discutir con el amante de mi amante!

  7. Morella Says:

    Comenzando, los ‘canallitas’ no son tan vivos como parecen. Es una máscara que usan, pero en realidad son los más débiles (me ha ocurrido). La mujer precavida que se percata de esto ya no vuelve a buscar canallitas para tener a su lado, no un hombre que parezca fuerte, sino un hombre que realmente lo sea.

    Por otro lado, No está para nada mal cuidar la propiedad de uno. Y cuando digo ‘propiedad’ no me refiero a su definición en sí. No a los propietarios que intentan atar a su pareja, ahogarlos hasta dejarlos solos y sin aire. Me refiero a los propietarios que saben cuidar lo(s) suyo(s), valoran a la persona que tienen al lado, y no quisieran que nadie más se los sacara de allí.

    Un beso don micro.

  8. Microalgo Says:

    Otro para Usted, Morella. Qué le vamos a hacer, mis celos (no ahogadores) no están sujetos a discusión. Es un asunto de tripas: uno los siente o no, y no vale engañarse.

    Bienvenida sea su compatriota (supongo) Molly. Gracias por reconocerlo, no todas las mujeres tienen la valentía de afirmar que les van los malos. Disiento, sin embargo, de su última afirmación. Yo sí creo que un amor le puede durar toda la vida. Véase el director de teatro Boadella y su señora. A mí se me empañan los ojos cuando le oigo hablar de su mujer.

    Y a Nán, directamente, lo adoro. No recuerdo qué noble francés de finales del XIX entró airado en casa de otro aristócrata y le espetó “Monsieur, creo que su mujer nos engaña”. Fantástico.

  9. Canoso Says:

    Coincido con Kina, querido Micro, el secreto está en no buscar, ya sea por tener la seguridad de que tarde o temprano aparecerá, o por llegar al convencimiento de que realmente no lo necesitas.

    Entonces llegará sin avisar y todos esos convencimientos se irán al traste, junto con los cimientos de este castillo de naipes.

  10. Malú Says:

    Supongo que los canallas triunfan porque parecen, así a primera vista, un antídoto contra el aburrimiento: dan ese aspecto de hombre duro con espalda tras la que refugiarse, de hombre vivido que nos enseñará placeres sólo susurrados y de hombre difícil, que siempre supondrá un reto.
    Normalmente son unos egocéntricos cuyo verdadero mérito suele ser poder dibujar, con los ojos cerrados, un mapa detallado de su propio ombligo.
    No pondría yo la mano en el fuego sobre si la naturaleza humana es tan monógama como la de Albert. Creo que el problema radica en la dicotomía amor-pasión. Y el importante problema de que pocas veces van indisolublemente juntos.

  11. Microalgo Says:

    Tal vez, Malú.

    Pero créame: es mucho menos frecuente una escalera de color al as. Así que no dejaré de aspirar a ello. Al conjunto de amor-pasión, no a la escalera de color. Aunque bien mirado…

    Buéh, es igual.

  12. Sérilan Says:

    Un tema de lo más interesante. Yo solo se que no se nada

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