Citas XVII

Los libros no contienen el mundo, sino que son una parte del mundo, una de las muchas cosas que hay en el mundo. De todas formas, los libros comparten con el mundo mismo su condición de inmensa entelequia inabarcable para el entendimiento, pues el lector padece del vértigo de la infinidad: cuanto más lee, más le queda por leer (Felipe Benítez Reyes: Los libros errantes).


Estatua leyente

Jopé.
Diecisiete, ya.



Hoy la cosa va de colores variados.

Ese joven con largo pelo castaño rojizo y el rostro atrevido no era realmente un poeta, pero, sin duda alguna, era un poema (G.K. Chesterton: El Hombre que fue Jueves).

Desde siempre el pelo rojo ha sido motivo de resquemor… “ni perro ni gato de esa color”, decían en Castilla. No sé si será envidia o el ancestral y estúpido miedo a los diferente. Mi técnico de laboratorio (Laluli) es pelirrojísima, y no es tan-tan mala gente

Era una caja pequeña y alargada que parecía de plata y porcelana. Tenía un bonito color azul que no era azul exactamente, sino más bien lila. Pero tampoco era del todo lila, porque tenía un punto de gris. Para ser precisos, era del color de la congoja. Pero, por fortuna, ni la joven ni su tía habían sufrido grandes congojas y no reconocían el color (Susanna Clarke: Jonathan Strange y el Señor Norrel).

La Dama Clarke ha jugado en este párrafo con nuestros ojos. Muy interesante y curioso, este libro de magos y magia.

Hay dos puertas del Sueño, una de cuerno, por la cual tienen fácil salida las visiones verdaderas; la otra de blanco y nítido marfil, primorosamente labrada, por la cual envían los manes a la tierra imágenes falaces (Publio Virgilio: La Eneida).

Una de cuerno y otra de marfil… hombre, no se extraña uno de que estas cosas, desde aquí abajo, se confundan.

― Vendo sueños románticos, eróticos, de aventuras… ¿Qué sueño desea, señor? ―dijo el mercader, sus manos revoloteando sobre exóticos frascos llenos de colores.
― Quiero dejar de soñar ―se oyó responder.
― ¿No prefiere dejar de vivir? ―insinuó el mercader, como quien hace una oferta (Pedro Fernández Urtasun: Mercado).

Apúntate esa, Microalgo. Y el Peter bien podría enviar todos estos microcuentecillos a una editorial, a ver si se los publican. Que calidad, tienen de sobra.

Elocuencia: Arte de convencer verbalmente a los necios de que el blanco es el color que parece. Incluye el don de hacer que todos los colores parezcan el blanco (Ambrose Bierce: El diccionario del diablo).

Bierce, siempre apretando el tornillo que es.

―¿ Y su piel? ―inquirió el príncipe.
―Como el mármol ―respondió la reina.
―¿Los labios?
―¿Número o color? ―preguntó la reina.
―Color, M M.
― Rosados. Las mejillas también. Ojos más bien grandes, uno azul, el otro verde.
(William Goldman: La princesa prometida).

Léanselo, anden.

En las ciudades invernales, en las ciudades lluviosas donde la gente mira al vacío con ojos de un azul muerto, el viajero puede morirse de nostalgia no de su país ni de la abierta claridad del sol, sino de los azules con que se educó su mirada (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).

Que me lo digan a mí, que cuando estuve en Escocia pillé el mes más oscuro… en ciento treinta y tantos años (desde que tenían registro histórico de luz solar incidente). Entendí allí a los que se aficionan al whisky.

― Oh, Señora ―dijo al fin―. Bien dice mi esposo que no debemos fiarnos de gentes del Sur: pues envenenan el corazón y engañan los sentidos.
― Sea como sea, querida ―dijo Ardid, aspirando el aire salado, el suave y dorado perfume de la costa marina―, sea como sea, bendito veneno y benditos sentidos (Ana María Matute: Olvidado Rey Gudú).

Perfume dorado. Bueno, a mí, que vivo en la costa, no se me ocurriría darle ese color. No sé. Blanco, quizás. Pero si uno viene de fuera y suma la sal al sol…

El aura, ese polvillo dorado, sagrado y mágico, que flota alrededor de los santos y de algunas mujeres (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).

Aquí sí que es dorado, compañeros. No hay otro color.

Cuando yo era pequeño, el cubo se forraba por dentro de papeles de periódico. Pero era un arte hacerlo de tal manera que al volcarlo salieran las inmundicias formando un solo cuerpo. Cada uno lo volcaba donde podía. Cerca de mi casa había un descampado donde yo iba a vaciar el nuestro y a espiar a una huérfana, una trapera, que iba a ver si se nos escapaba entre las porquerías algo de valor. En aquellos tiempos una monda de naranja podía ser un tesoro. Pero como yo estaba enamorado de la huérfana, a veces metía entre las cáscaras una naranja entera, la de mi postre. Mi postre era verla reír (Juan José Millas: Articuentos).

Estoy blandito estos días y Millás, que no suele intentar enternecer a nadie, me enternece. Tch.

… Porque jamás parecen detenerse en ti con emoción los ojos violáceos: ellos llevan dentro de sí un crepúsculo, y los crepúsculos son ciegos: no existen para mirar, sino para ser mirados (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).

Yo creo que nunca he visto ojos de ese color en directo. ¿Conocen Ustedes el caso?

Me apuntó con su propio par de ojos enormes, pálidos, grises, pálidos, enormes. La clase de ojos que pueden hacer que un hombre adulto diga estupideces. Contrólate, por el amor de Dios (Hugh Laurie: Una noche de perros).

Ay. Grises sí, para mi total desasosiego.

En fin. Cuídenseme y sean buenos. Lean, aprendan, sientan qué es lo que se siente.

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28 comentarios to “Citas XVII”

  1. Inés Says:

    Gracias por las citas.
    Mercado me ha encantado. Y el resto… el resto han despertado una buena dosis sinestesia. Casi soy capaz de saborear y oler todos los colores que describes.

  2. laluli Says:

    Muy acertada la primera, la de Los libros errantes, ya van 17 veces que me digo, ¡Cuantas cosas por leer!
    Muy inquietante, Peter.
    ¿Sabían que en Francia, al menos en el sur, los pelirrojos dan suerte? tampoco somos tan-tan malos.

  3. Microalgo Says:

    Meteórica, la Dama Inés. Claro, siendo astrofísica…

    A mí también me gustó mucho ese libro, pero ¿se ha hecho Usted con él antes que con el “Novio del Mundo”? Para los personajes, cronológicamente el “Mercado de Espejismos” es posterior… pero bueno, da igual. Tampoco se altera nada la cosa al leerlos descolocados.

    Un besote.

  4. ETDN Says:

    Muy colorido, el recuento de citas.

    Me ha encantado el de Píter, no lo conocía. Claro que, ¿cómo no me va a gustar llamándose Mercado? (uy, se m´ha escapaoooo…perdón, pero ¡no puedo evitarlo! No se me va este virus tan primaveral e innombrable)…

    besotes de colores y mirada azul

  5. Morella Says:

    Me gustó muchísimo el de Pedro Fernández Urtasun, que hace mención a los sueños. Los sueños, un tema que me apasiona.

    Ojos violáceos, tampoco me ocurrió nunca. Pero qué linda vista tendrías delante tuyo, ¿no?

    Un beso don Micro.

  6. Microalgo Says:

    Peter (Pedro Fernández Urtasun) no ha publicado esos cuentos. Pero en un blog que ahora está abandonado (tuvo sus motivos para hacedrlo, motivos que a mí me parecen muy respetables), durante un tiempo, cada miércoles plantaba unos cuantos microcuentos (uno de los subgéneros más difíciles, a mi entender, de la narrativa).

    Si tiene curiosidad por ver alguno más (en mi lista de citas hay muchos, pero no todos), sólo tiene Usted que pinchar aquí.

    No sabía que en Francia dieran suerte los pelirrojos, Luli. Qué cosas. Lo mismo en Kenia dan miedo… relatividad cultural, al fin y al cabo.

    Uuuuh, ETDN… me encanta verla con esa sonrisona de niña mala que seguro que puso al escribir el comentario. Ya la veo achinando con la sonrisa esos ojillos azules y perversetes. Disfrute de la vista, Rey Arturo.

  7. Princesa sin sapo Says:

    Tampoco somos tan malos los del Sur (y mire que vengo del Sur-Sur), aunque lo de envenenar….tal vez…je, je…

    También me enterneció Millás (mucho), y estoy de acuerdo con Benítez Reyes con respecto a los libros.

    Conozco en carne propia esa punzada de infinitud de cosas por leer y de la imposibilidad vital humana de abarcarla…

  8. Lucia Says:

    ¡Vaya delicatessen de citas que nos has regalado, todavía estoy disfrutando del festín.
    Por cierto, mi cuñado es pelirrojo y es raro, raro… y que conste que lo digo con cariño.

    Un abrazo.

  9. Salamandra Says:

    Respecto a los pelirrojos: pregunta a un anestesista. Les tienen poca simpatía.

  10. laluli Says:

    Verdad, tengo un tio anestesista y dice que no somos faciles.

  11. Microalgo Says:

    ¿?

    ¿Por que no se les encuentra la vena, tal vez?

    ¿O porque tienen una vena… de locura?

  12. lu Says:

    Tus citas de colorines me han hecho recordar un poema de Gloria Fuertes que me encanta: “Si la realidad es gris, la pongo verde”. Una maestra de la concisión, la Gloria.

    Estoy con Princesa sin sapo, me identifico muchísimo con la cita de Benítez Reyes. Yo sufro de angustia vital por no poder leer todos los libros geniales que me voy a perder, no poder visitar todos aquellos lugares que seguro que me dejarían noqueada, no poder llegar a conocer a esas miles de personas que seguro me fascinarían,… Pero esa angustia vital no me impide disfrutar de la vida al máximo, no, no soy una revenía, al contrario, me como la vida a cucharones.

    Me he terminado ya “El pensamiento de los monstruos”. Brutal. Menos mal que no me voy a la tumba sin haberlo leído… Ahora, inevitablemente, me tengo que leer todas las palabritas que haya juntado este señor. Qué sinfin.

  13. Salamandra Says:

    Necesitan más anestésicos para dormirse, cuesta más despertarlos y dan más lata.

  14. Microalgo Says:

    Eso me ha aclarado Laluli, Salamandra. Laluli es tremenda pelirroja-pelirrojísima, y parece que hay algún gen ligado que los hace diferentes a las anestesias.

    Eso sí, disiento en esto último: Laluli trabaja conmigo y no me da ninguna lata, que es mú güenísima, ella.

    Lu (la orta Lu), si se va a leer más cosas de Benitez Reyes, le recomiendo, y por ese orden, el Novio del Mundo y Mercado de Espejismos. Hay personajes que aparecen cronológicamente en ambos.

    Y el segundo es una genialidad, pero el primero ya está out of range en esa medida. No se los pierda, ande.

    Lo malo es que son carísimos, los jodidos libros. El problema es tanto que haya muchos como que no tenemos con qué pagarlos…

  15. Malú Says:

    Mi pelo es rojizo, no sé si debería decirlo.

    El postre del Sr. Millás es capaz de enternecer a cualquiera.

  16. Ginebra Says:

    Todos los labios tienden a rosados; ya puestos yo habría contestado “labios: siete” a ver qué pasaba.

  17. Microalgo Says:

    Las reinas, que no suelen tener sentido del humor (no lo digo por Usted).

    Dígaselo, en todo caso, a los anestesistas, Dama Malú. Para los demás, seguro que salta a la vista.

    Abrazotes.

  18. Zen_Tao Says:

    Micro… voy a tener que desviar mi pálida mirada la próxima vez que nos encontremos… -Juro por dios que un día salgo de la cueva-… no “me se” vaya “usté” a poner “tienno” y “tengásemos” un disgusto…

  19. Microalgo Says:

    Hooooombre, Zen Tao, qué de tiempo!!!

    Por si no lo sabe, el nexo que nos vinculaba (qué mocezuá ha quedado eso, por dió) regresa a La Trimilenaria allá por Septiembre u Octubre. Habrá que celebrallo, digo yo…

    Mañana me toca tocar en el Pay. Le aviso por si.

    Besotes.

  20. Princesa sin sapo Says:

    Lástima no poder asistir, don Micro. llegará. Como todo en esta vida…

  21. Zen_Tao Says:

    Desde que soy jinete de dos velomotores ruedas dispongo de más facilidad para lo que va siendo el desplazamiento geográfico agropecuario… el pay al cuadrado no queda lejos de mis capacidades motrices… pero al parecer los hados se oponen a que mis tímpanos se mezan al compás de tus habilidades canoras y de pulsación cordíl… pues el cumpleaños de una total desconocida requiere de mi presencia pues “my significant other” va y me insta a ir…

  22. Microalgo Says:

    Nada, nada, hágale caso. Luego ya le canto yo por mi cuenta otro día.

    Y un abrazo a su significant other.

  23. H. Lecter Says:

    Si ví en alguna ocasión a alguno con ojos violetas o si existen eso que ustedes llaman pelirrojos, lo ignoro y no me acuerdo y yo que me sé. Pero vi a una con los ojos violetas en una cara a juego, por lo hermosa e insólita y aunque no la he visto más, la recuerdo como si llevara una foto encima. El color del cabello de las pelirrojas me encocora, desde el dorado de la miel hasta el rojo de las hojas muertas del otoño (¡cuidado, una rima…!). Pero luego, el resto de la pelirroja no tiene gama. O son insípidas (y hasta feas) como palitos de surimi o sublimes y bellas como langostas bien cocidas. O tienen pieles mate blanquecinas y enfermizas o son por el contrario alabastrinas y translúcidas, y hasta las pecas más exageradas les quedan bien. Como no conozco a las pelirrojas que por aquí se dejan caer, que ninguna se sienta aludida. Y si alguien conoce a alguna que no esté en alguno de los extremos, que lo diga, que no hay que irse a dormir sin aprender algo nuevo. ;0)

  24. Microalgo Says:

    Sí, hombre. Para que la haga Usted al horno y se la coma…

  25. H. Lecter Says:

    Yo jamás me comería una pelirroja, ni fea ni guapa. Y no por nada, sino por respeto a las inmensas pelirrojas del cine, ésas que lo eran hasta en blanco y negro. No me sea malpensado, mesié Microalgo, que no solo de pan vive el hombre. Con todo y con eso, ¿a que si alguna vez preparase tal plato con su adorno de flamígero vellón, Ud. se apuntaba y hasta traía el vino? }:-€

  26. Microalgo Says:

    Mmmmm.

    Vale.

    Pero que esté poco hecha.

  27. H. Lecter Says:

    Vuelta y vuelta, por delante y por detrás. No digo más. @L@p

  28. Microalgo Says:

    Mala persona.

    Mmmm…

    Venga.

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