La vergüenza

Lo esencial de cada hombre está ya en él cuando es joven (Richmal Crompton; Bruma: Harry Lorrimer).


Papi, papi, qué ignominia.

Una de tiburón para el caballero.



(Éste va a colación de un comentario en el Blog de la Dama Lilly de Shalott)

A veces, como he dicho muchas, me avergüenzo de mi género.

Quizás les he contado en alguna ocasión que yo hice mi post-doctoral en Coimbra. Allí conocí a una chica que trabajaba en mi laboratorio, y que era de un pequeño pueblecito del Portugal interior.

Unos cuantos años atrás, un amigo de la infancia quedó para tomar un café con ella y le contó que iba a ingresar en un seminario. Le confesó que siempre la había amado, pero que nunca se había atrevido a decirle nada. Ahora, sin embargo, iba a darle su vida a Dios y se iba a ir a la tumba sin… en fin, que le propuso que se acostaran.

― Hoy por hoy le habría dicho que sí, Microalgo. Pero por aquél entonces yo era muy joven, no había tenido novio todavía… y era mucho más puritana. Y le dije que nones. E hice bien. Cabrón.

Al cabo de un par de años, se reunieron unas cuantas amigas, salió el tema del muchacho que, tras haber sido ordenado, había sido enviado a no-sé-dónde… de las seis amigas que estaban allí, el tipo le había contado el mismo “cuento largo” a cinco, y había logrado acostarse con tres de ellas (en el espacio de una semana). Que ellas supieran, claro, porque pudo haber más.

Dicen que en el “amor” (se desvirtúa la palabra usada así aquí, de ahí el entrecomillado) y en la guerra vale todo. Yo estoy en contra de ambas afirmaciones: soy ferviente admirador de las Convenciones de Ginebra, aunque luego se las pase toda la peña por el forro, de la primera a la cuarta.

A pesar de que el caso suscite luego jocosos comentarios como “tomo nota” o “qué tío, qué buena idea”, la verdad es que a mí me toca las narices la cosa porque luego es fácil generalizar con un “los tíos sois unos cerdos”, seguido de “y vosotras sois idiotas”, veteado por un “tenéis el cerebro en el epidídimo” y por “pues las tías sois iguales y sólo vais a lo que vais”, de modo que la cosa degenerará cuando alguien le dé la razón a todos y cada uno de esos comentarios. No quiero entrar, aún, en ese saco.

A mí la cosa me genera vergüenza.

No se equivoquen, no soy un moralista. Si dos personas se atraen y no hay nadie de por medio, ya están tardando si no aprovechan tan hermosa coyuntura (palabra buscada a propósito). Pero aquí estamos hablando de mentir. Ésa es la clave: la mentira (como mentira y como silencio: las dos son mentiras, tecnicismos aparte). Si la única manera que tengo de desnudarte es mentir, habría que sopesar si merece la pena.

No diré que tal vez no acabara haciéndolo yo mismo. No soy perfecto, me traiciono, me pongo paños calientes después. Incluso decir “como todos” sería ya un paño caliente. Como todos, no. Hay humanos mejores que yo, a porrillo.

Pero si lo hiciera, la vergüenza no habría quien me la quitara después.

Y el cura ése, de todas-todas, me parece un cabrón con pintas, lo miren por donde lo miren. No estaría mal que se presentaran todas esas amigas en una homilía de ese mostrenco a mirarlo a la carita, mientras habla de castidad y de ambicionar los carismas mejores. Y esperarlo a la salida para tener una charla con él. En voz alta.

Buéh. Humanos. Qué lejos de la hermosa nobleza de las microalgas.

Hoy estoy cansado, necesito irme de viaje.

Abrazos a todos.

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21 comentarios to “La vergüenza”

  1. Inés Says:

    Desde luego… ¡Humanos teníamos que ser! No te avergüences de tu género, que también hay mujeres así. Los capullos, lamentablemente, pueblan el mundo y son (esencialmente) imposibles de erradicar.

    Sobre esto que dices:

    Ésa es la clave: la mentira (como mentira y como silencio: las dos son mentiras, tecnicismos aparte). Si la única manera que tengo de desnudarte es mentir, habría que sopesar si merece la pena..

    Tienes razón, pero la mayoría de la gente no se para siquiera a pensarlo. Y no se dan cuenta de que (en mi opinión) mentir así es también engañarse a uno mismo. Lograr el desnudo así es no lograrlo de veras; ese desnudo está cubierto con un velo tejido con todas las patrañas utilizadas y así nunca tu piel tocará la suya.

  2. Microalgo Says:

    Pero hay gente a la que eso le importa poquísimo, Inés.

    En fin. Ruego a los Dioses de guardia que no me vea nunca en esas.

  3. carrascus Says:

    Seamos tú y yo buenos, y habrá dos canallas menos…

  4. Microalgo Says:

    Y bueno. La pregunta es: Al tío éste ¿Hay motivos para cortarle las gonadillas?

    Yo pienso que sí, pero lo mismo hay gente que no opina igual. No sé.

  5. Lily Says:

    Huy, yo estaría a favor de mutilar al muchacho… Pero yo es que soy una bárbara.

  6. Radwulf Says:

    Como se suele decir, la venganza es un plato que se sirve frio…
    Yo, de las afectadas, me presentaría con unos cuantos churumbeles, con una edad acorde a los años que hace de la trastá, y le soltaría, sonriente:”Son tuyos…” A ver qué cara pone el Pater.

    Si es que los hay muy cabrones, cagontó…

  7. ETDN Says:

    Pos vente a Madrid el finde. Que el viernes hay presentación de Aroa y estará el Bremen al completo. Así nos resarcimos de la juerga que nos debemos, ya que la última vez me la perdí…(ya sabes, por lanzarla que no quede…)

    besotes

  8. NÁN Says:

    Mentir jugando con los sentimientos de los demás en beneficio propio. Este cabrón es un cabrón-hijoputa.

    Y se debe estar ventilando en la sacristía, so pretexto de pías conversaciones, a todo lo que se mueve.

    Morirá como un santo y casto varón. Tras haber impartido la santa doctrina con los ojos puestos en el cielo.

    Se me ocurre una ficción. Por primera vez, una conjura secreta de blogueros. Lo preparan todo, van a una de sus misas de domingo y…

  9. Ayla Says:

    Mentir? trampear? Claro que hay que hacerlo en situación de necesidad. Pero el egoismo agranda las necesidades de uno mismo! Es un arte navegar entre la gente, don Micro. Y si necesita un descanso de tanta basura como hay por ahí, déselo, hombre, que le sentará divino para fijarse en los que sí que valen. Un saludo!!!

  10. Sérilan Says:

    La mentira y las malas artes las tenemos a la orden del día por mucho que nos pese y es necesario ir saltando charquitos para no caer en ellas
    Ese cura si es que llegó a serlo que yo lo dudo mucho, solo demuestra lo miserable que es como persona.
    Buena penitencia tiene ya con eso

  11. Microalgo Says:

    Uh. No suelte Usted esas ideas, Maese Nán, que hay cerca un taller del Bremen con la misma temática… me resistiré y se la dejo. El argumento ya lo tiene Usted enterito.

    Si Usted es una bárbara nos encanta su barbarie, Dama Lilly de Shalott.

    La solución de Radwulf me parece estupenda. Yo me ofrezco a falsificar los certificados de paternidad con dos gráficas coincidentes de ADN…

    Seri, lo que le pasa a muchos políticos y sacerdotes (que algún punto en común deben tener) es que sufren un corporativismo extremo. Cuando un dirigente político descubre a un corrupto, debería decapitarlo inmediatamente. Cuando un jerarca ecelsiástico descubre a uno de estos entre los sacerdotes, debería mandarlo a tomar por saco sin premura.

    Ahora cabe preguntarnos por qué no lo hacen.

    Ayla, me gusta su frase relativa a que navergar entre la gente es un arte. Me gusta mucho. Trataré de tenerla presente. Yo siempre he ido “despistado sin correr peligro”, como decía Serrat, y en los tiempos que corren tampoco eso es sano del todo.

    Besotes.

  12. Profesor Franz Says:

    Pues yo me veo en la obligación de romper una lanza en favor del salaz seminarista. Si el hombre lo que quería era saber de lo que iba la cosa antes de hacer los votos mejor probar con varias que conformarse con sólo una. No fuera a ingresar en el convento con la falsa idea de que todos los polvos son iguales. Que mintió para lograr su objetivo? Eso está por demostrar, que igual el hombre estaba realmente enamorado de todas sus amigas, no sería el único. Y que tire la primera piedra el varón que no haya mentido (o al menos ha exagerado algo) cuando está en juego la posibilidad de tener contacto carnal. Y, sobre todo, que las amigas se acostaron con él voluntariamente, sin mediar violencia, y sólo por pena, por curiosidad o porque realmente les apetecía. O sea por las razones habituales por las que se hacen estas cosas.

  13. Microalgo Says:

    Ya. Pero imagine Usted que una maciza tipo Monica Belucci le dice que siempre le ha amado y que como va a meterse a monja pues…

    No, borre, borre, que el ejemplo no es del todo idéntico. No sé por qué, pero algo falla.

  14. NáN Says:

    Profesor Franz, lo que pasa es que encima era un tacaño. Que se hubiera gastado las pelas como hacemos todos (¡Uy lo que he dicho! ¡Uy lo que he dicho!). Esto me va a costar caro.

    Hay que capar al curita.

  15. Microalgo Says:

    Hombre, tanto como caparlo…

    Pero una bolea con la puntera sí que se le podría dar en las gónadas, tal vez.

    ¿Se confesaría después, por cierto? ¿Y qué le pusieron, en caso afirmativo, de penitencia? ¿No lo obligaron a volver sobre sus pasos y confesar a las chicas la jugada? Pues bien podría el confesor haberle dado un poquito de cañamones, al nota.

  16. NáN Says:

    Lo mismo el confesor fue a ellas para realizar una reconstrucción de los hechos antes de determinar la penitencia.

  17. ergorrion Says:

    El problema de todo esto, creo yo, es que la mentira funcionó demasiadas veces, y si uno quita lo carnal, que a lo que se vé debe ser importante, este chico iba para obispo si es que no es ya cardenal o vicepapa segundo de economía del vaticano, que las mentiras a poco que se las crea la mitad de la gente lo llevan a uno lejos, si no miren a su alrededor.

    ¿Oye y nadie va a preguntar si estaba bueno el cura o si estaban buenas las amigas? Yo tengo curiosidad, lo digo para imaginarmelo mejor cuando…

  18. Morella Says:

    Yo como mujer estoy en la obligación de decirle que hoy en día, las mujeres son peores que aquellos hombres, y digo “las” porque no me incluyo para nada en ese grupo.
    Es increíble lo que las mujeres llegan a hacer por un hombre, y después se quejan que los mismos no las valoran.
    Es usted muy noble al sentir verguenza por esto, por aquellas mentiras. Y si alguna vez usted lo hace, no se sienta peor que ellos. De seguro se dará cuenta de su error y aprenderá de sus mentiras, pues errar es humano, y más humano debería ser corregirlo.

  19. Morella Says:

    Hoy, después de muchos años, volví a escuchar unas palabras y recordé su entrada don Micro. Se la dejo, luego de tantas que me ha facilitado usté.

    “Tristes guerras
    si no es amor la empresa.
    Tristes, tristes.

    Tristes armas
    si no son las palabras.
    Tristes, tristes.

    Tristes hombres
    si no mueren de amores.
    Tristes, tristes.”

  20. H. Lecter Says:

    Aunque comparto muchas de las afirmaciones y censuras de más arriba, y me adhiero a las condenas que se le hacen al presunto cura, tengo que decir que las samaritanas que le abrieron el corazón y las piernas también merecerían un cate de refilón.
    Primero por samaritanas: ¿qué va a ser eso de tener ayuntamiento carnal con el primer llorón que se nos duele de su trágico destino? ¿Y los que no lloramos o no tenemos destinos trágicos? ¿Acaso no merecemos un paseíto por el arco del triunfo?
    Segundo por réprobas: ¿no te ha dicho que se va para cura? Pues que se vaya, con viento fresco de popa y que le den por la carbonera de popa. O que se busque un trabajo honrado. Ahora, en misa y repicando, ni mijita, mi hijita.
    Y tercero por lenguaraces: si no hubieran aireado el curiferio, cada una queda con su buena acción y Dios en lo de todas. Bonito recuerdo y material para refrotes inguinales a posteriori. Y aquí paz y después gloria.
    Se salva su amiga, D. Micro, la que refiere la historia. Independientemente de las razones que le impulsaran a rehusar el coito sacerdotal, qué duda cabe de que su ángel custodio andaba tras sus pasos para evitarle caer en sevicias y perversiones y para ver si se la beneficiaba él, que ya ni de los ángeles de la guarda me fiaría yo.
    Un placer como siempre visitarle en su casa, Microalgo y la compaña.

  21. Microalgo Says:

    Preclaro, Doctor Lécter. Claro, es Usted psiquiatra. Caníbal, pero psiquiatra.

    Miguel Hernández, ¿No, Morella?

    Y ni idea de cómo le va al páter, Gorrión. Pero con esa facilidad para las trolas, o está en la más alta curia, o se ha metido ya a político directamente.

    Ya veo por donde va Usted, Nán: con protervas intenciones, como siempre. Si no fuera Usted un ateo de tomo y lomo, le espetaría un “que Dios le perdone”, o algo así…

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