Un poco de ayuda

Bien, poco más o menos, las cosas que nos ocurren se dividen en inverosímiles, imposibles e improbables (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).


Aiiiiiisss

Cortes oxidados por la Gracia de Dios.
Verás qué chachi, qué daño.



Quinto de básica fue el penúltimo curso en que coincidí en clase con JLBV. Pasaron siete años hasta que volví a coincidir con él, en COU. En quinto (con once añitos) era un absoluto reprimido al que los repetidores abusones obligaban a decir la palabra “teta”, después de lo cual él se tapaba la boca con una mano mientras agitaba la otra desesperadamente, en plan “ahivá, lo que he dicho”.

En COU la cosa había cambiado radicalmente.

― Microalgo, tío, creo que no me voy a sentar en esta banca durante el curso.

― ¿Y eso?

― Essss que nnno me CABE EL NNNABO.

― Ah. Vale, vale, Luis de Góngora. Suerte con el siguiente.

El amigo JLBV se había vuelto, en ese lapso de tiempo, un maníaco de tal calibre que no se podía hablar con él de nada sin que interviniera el sexo. Y cualquier cosa se lo recordaba ¿El tenis? Pelotas. ¿Los coches? Asientos reclinables y venga a darle. ¿Diacetaldehídos? Di = dos, por lo tanto = tetas. Y así todo.

Tres años después lo encontré de nuevo por Cádiz y me contó esta historia.

Los padres lo mandaron a estudiar a Sevilla cuando acabamos el bachillerato, y se empeñaron en meterlo interno en un colegio mayor… del Opus. Misa diaria. Confesión continua. Vigilancia obsesiva. Ninguna puerta tiene cerrojo. Los “educadores” pueden irrumpir en cualquier estancia sin llamar a la puerta. El elemento femenino es un arcano indescifrable cuyo único referente es la Virgen Santísima. Horas de estudio y rezo reguladas. Nada de salir, nada de alcohol… en Sevilla y con dieciocho tacos.

Sí. En seguida.

Mi amigo trazó un plan que le pareció (en su momento) infalible: Voy a hacer que me echen de aquí. ¿Cómo? Mmmmm… ya sé: cada vez que me confiese me voy a inventar unos pecados como no se han visto en el cine porno por falta de efectos especiales. Del tipo “necrosodozoofilia incestuosa” (que debe ser cuando te tiras por detrás a un pollo muerto que además era familia tuya, o algo así).

El confesor, sacerdote de avanzada edad, debió pasar unos días malísimos confesando a mi amigo JLBV. Lo imagino, al pobre pater, con el sudor en la frente y el organismo revuelto (en uno u otro sentido), mientras mi antiguo compañero de clase le relataba, compungido, escenas en las que las carne entremezclada no dejaba ver un centímetro de paisaje de fondo, con banda sonora de alaridos de placer y dolor aliñada con zumbidos eléctricos, chispazos y latigazos.

“Un día me pasé un poco”, me confesó JLBV. No me quiso explicar qué aberración eróticodelictiva se inventó, pero el cura ya no pudo más.

― Hijo, tú necesitas un poco de ayuda.

Garrapateó (garabateó) con mano temblorosa una dirección en una céntrica calle peatonal de Sevilla y se le dio al insano interno.

― Dile que vas de mi parte ―y se negó a absolverlo hasta que volviera.

Picado por la curiosidad y con el horizonte de hacer alguna más que sonara, cosa que lo acercaría más a la puerta del colegio mayor en calidad de egresante, JLBV se dirigió, esa misma tarde, a la dirección que le había proporcionado su muy atribulado confesor. Ay de la curiosidad, qué grandes aciertos y qué grandes cagadas nos insta a cometer.

Llegando a la dirección, mi amigo se percató de que no era más que una pequeña tiendecilla de quincallería beatona: figuritas, crucifijos, cirios, velas, rosarios… Buéh. Entró. El dueño le recordó vagamente a los Skekses esos que aparecían en la película Cristal Oscuro: un viejo encorvado de edad incalculable que estaba atendiendo a dos señoras, clientes asiduas de ese tipo de tiendas y origen verdadero de la riqueza de los fabricantes de lacas para el pelo.

― Buenas. Que venía de parte del padre no-sé-quién, para…

― Ya, ya, hijo. Un momentito que atienda a estas señoras.

SkekUng terminó de atender a las clientas y, cuando salieron, mi amigo comprobó horrorizado que el hombre cerraba la puerta por dentro.

Con un gesto de “sígueme” (culito a la pared, no te fíes de la edad, lo mismo tiene más reflejos de los que te imaginas), condujo a mi amigo a la trastienda…

― No te lo puedes ni imaginar, Microalgo. Allí había un muestrario inmenso de cilicios de todo tipo, y encima me iba diciendo el viejo joputa, alegremente, los nombres de cada uno. Ni me acuerdo. Había desde latiguitos hasta anillos para cortarte la circulación de los dedos (y de lo que no son los dedos, me temo), cinturoncitos con pinchos por dentro para la cintura, para el muslo, para los gemelos, para los brazos, plantillas con bultitos del tamaño de garbanzos para que te doliera al andar, ropa interior áspera, suspensorios apretantes… Vamos, ese arsenal lo pilla un director de cine porno y por mi madre que le dan un óscar.

La salida de mi amigo fue gaditanísima.

― Mmmm… bueno. Muy interesante. Voy a seguir echando un ojillo por ahí… ¿a qué hora cierran?

Sálvanos, Señor, de la locura. No, tú no. Otro señor, que de ti ya no me fío, después de esto.

Y bueno, sí: Lo echaron. Claro que lo echaron, a mi amigo.

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21 comentarios to “Un poco de ayuda”

  1. Inés Says:

    Lo de “necrosodozoofilia incestuosa” ya lo había leído yo… Cuando La Obra intentó reclutarte, creo.

    En cualquier caso, gracias por las risas :D
    Hacen falta.

    Besos

  2. Profesor Franz Says:

    Hace muchos años tuve que ir con mi madre y mis tías a la casa de una tía abuela solterona fallecida hacía poco para ayudar en la limpieza, y en un cajón de una cómoda apareció un precioso cilicio en forma de liguero con pinchos hacia dentro. La presencia de tanta familia me reprimió y no me lo eché al bolsillo, así que imagino que acabaría en la basura.

    Sí, merezco ser azotado con una fusta por mi indecisión.

  3. Microalgo Says:

    Con lo que eso mola. Mmmm. Pinchitos infectados. Qué delicia, lo que se ha perdido Usted, Herr Professor.

    El término que menciona, querida Inés, es, en realidad, originario de mi buen amigo Rímini, cuyas tareas paternas le impiden meterse mucho en este blog, pero del que tal vez haya Usted leído algún comentario. Inventa términos como ése e incluso otros “más peores”. Menudito es él.

  4. NáN Says:

    Claro, el confesor se iría de la lengua y todos los curas iban por el pasillo con el culito apretao.

    Y eso cansa.

  5. Microalgo Says:

    O inclinadísimos.

    Que también cansa.

  6. Radwulf Says:

    Bueno, yo soy de la opinión de que toda situación es posible de empeorar… Imagínense que en vez de mandarlo a la tienda sado esa, a por la “ayudita” necesaria, el curilla rompe una vitrina para sacar el “kit de emergencias para realizar exorcismos”, con su misal bendecido, su litrona de agua bendita y su reliquia de San Emmengardo Trucutrú. Y ale, ¡a exorcizar las horas (o días) que sean menester!
    O peor aún, el curilla se arranca (en un arrebato de pasión) la sotana para dejar ver la lencería fina con encajes, liguero, medias de rejilla y zapatos de tacón de aguja que lleva debajo, cual Tim Curry en “The Rocky Horror Picture Show”…

    Vamos, que según se mire, tampoco salió tan mal parao. :P

  7. lu Says:

    Hola Microalgo, te leo en plan voyeur desde hace tiempo, pero nunca comento nada. Era cuestión de tiempo dar el paso, y esta entrada sobre religión y sexo me ha animado a hacerlo (a escribir). Los curas estos tienen más leídos y subrayados los libros del Marqués de Sade que la Santa Biblia. Yo también, claro, pero nunca se me ocurriría aconsejarle a un chaval de 18 años con las hormonas de punta que se colocara un cilicio o se diera de latigazos. Hay que ser degenerado para tratar de privar a la gente de su propia sexualidad. Que siga así la Iglesia Católica, a mí me encanta, parece que piden la apostasía a gritos. Últimamente hasta convocan manis!!! Es mi opinión, no pretendo molestar a nadie, eh?
    Me seguiré pasando por aquí, me encanta cómo escribes y tu sentido del humor. Besos!!

  8. ETDN Says:

    Si es que…los reprimidos de pequeños suelen ser los peores de mayores.

    Y seguro que ganó con la expulsión, su amigo.

    En cuanto a los objetos de tortura patrocinados por la Santa Madre Iglesia, ufff, mejor corramos (es)tupido velo.

    En estos casos, el Ejército emplea bromuro… o eso dicen que les daban a los reclutas en la mili. ¿Algún testimonio al respecto? (es por animar aún más el cotarro…)

    Con el sexo, la Iglesia y el Ejército hemos topado, amigo Microalgo.

    besotes

  9. Salamandra Says:

    Hay que ver, intentar remediar una presunta perversión con otra. Esta gente no tiene remedio.

    Felicidades a tu amigo por la sangre fría necesaria para echarle cara y salir del marrón, aunque si eran económicos podía haber comprado uno, imagínate que conoce a una masoquista y le dice que tiene un cilicio en casa…

  10. Morella Says:

    Pero que amigos que tiene usté don Micro, qué historias !!
    El tema en cuestión sería cuál es el Señor que podría, debería o querría, en todo caso, salvarnos de la locura…

    Un beso.

  11. Microalgo Says:

    Pues supongo que ninguno, Morella. Porque Buda es un soseras, Manitú demasiado animista… Tch. Creo que estoy con Javier Krahe. Yo soy más del cormosoma.

    No le he dado, como merece, la bienvenida al primo Radwulf, dibujante de cómics cuya página está enlazada a la derecha, con el de Marta Peris en los diseñoblogs. Bienvenido sea Usted y guárdeme el secreto entre la familia, que sólo Anaxágoras conoce.

    No, Salamandra: no tienen remedio. Lo divertido es que alguna vez han intentado captarme. Qué poca vista.

    Gracias, Lu, por comentar. De cabeza voy a echarle un ojillo a su blog (¡parece que también hay recetas de cocina! a ver si planto alguna más en éste, que estoy perdiendo esa costumbre).

    ETDN, oh, musa. Su comentario va a dar lugar a otro post, ya que ha actuado Usted de Magdalenilla de Proust. Ya le contaré.

    Besos y abrazos.

  12. Inés Says:

    Yo iba a decir… ¿Y si no quiero ser salvada?

    Muchas gracias, pero mi locura es mía y me hace mucho más feliz. O no, depende. Pero desde luego, que nadie me salve.

    Y lo de las recetas suena bien. No, suena mejor que bien. Mmmm

  13. Astarte Says:

    Buenas.
    Yo estudié en un colegio de monjas, y la verdad es que no puedo contar historias de esas de necrosodozoofilia incestuosa. Lo más cerca que he estado es cuando Sor María, que nos daba química, se subió en un taburete frente a la pizarra, para poner derechito el crucifijo que según ella, no estaba del todo recto, y las niñas, agachamos las cabezas para ver si le veíamos las partes pudendas (yo creía que las monjas eran como los ángeles, sin sexo, vaya), y cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que llevaba una faja de esas de toda la vida, que llegan a la mitad del muslo, color “cahnne”. Imaginaos las risitas. Resulta que Sor María era presumida y quería esconder michelines. Ains…que recuerdos aquellos. ¿se puede considerar la faja como cilicio?. Algunas dirían que sí.
    Un beso.

  14. Microalgo Says:

    Yo también estudié en un colegio religioso, Astarté, donde había de todo. Desde curas realmente progresistas (y no con el tonillo con el que se dice ahora la palabra) hasta sacerdotes amanerados con los que teníamos más cuidadín que con una caja de bombas. En general, la inmensa mayoría no planteaba problemas. Pero es que eran de otra congregación, fundada por un tipo la mar de majo (tampoco abundan entre los santos fundadrores de congregaciones). Los de Balaguer están hechos de otra pasta (y seguro que ellos se sienten muy orgullosos de refrendar mi afirmación, así que todos de acuerdo).

  15. Anaxágoras Says:

    El porcentaje de agnósticos/ateos entre los ex-alumnos del colegio donde Microalgo y yo estudiamos hasta COU es muy elevado.

    Eso les pasa por enseñarnos a razonar y otras maldades parecidas

  16. Microalgo Says:

    Quién les manda.

  17. ETDN Says:

    Microalgo, te declaro públicamente mi amor. Nadie me había llamado musa y magdalenilla en dos frases consecutivas. ¡Ains! Ya toy contenta, hoy… (en el fondo siempre fui una chica fácil. Cuesta taaan poco hacerme feliz…)

    ;)))

    besotes

    pd.- Voy corriendo a leerme el post que he contribuido a inspirar

  18. kina Says:

    vaya…
    y yo que me esperaba que el cura le huiera dado la direccion de una casa de perdición, para que al pobre se le bajara el calentón!
    pero ahora me doy cuenta que eran de la Obra… y claro, a estos les va mas el sado…

    en fin, gracias por alegrarme el dia!
    a ver si se me pasa el nudo que se me ha hecho en la garganta por tener que reprimir la carcajada… estoy en la oficina y no queda elegante reirse sola, en plan pichicopata…

  19. Microalgo Says:

    Ayyy, mi ETDNnilla!!

    ¿De dónde viene Usted, Dama Kina? En cualquier caso, bienvenida sea a su casa. Un abrazote.

    • kina Says:

      buenas tardes caballero microalgo,
      leo sus cuitas con agrado desde las tierras del norte, sitas entre el ebro, el cantabrico y los pirineos,
      en los momentos de descanso neuronal entre llamada de telefono, e-mailes, dossieres y matriculas, me deleito con su blog (si, entro en su casa en horas de labor, ora et labora, de ahi lo de mantener la discrecion)
      gracias por la bienvenida,
      un saludo

  20. Microalgo Says:

    Pues bienvenida sea Usted, Dama Kina.

    Un placer tenerla por acá.

    Un besote.

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