Citas XIII. Mal número


Hoy la cosa va de miedos, angustias y similares. Es que viene el día uno y yo voy a estar fuera la semana que viene. Os dejo ahí un poco de desasosiego. Que lo disfrutéis.



Da gusto cuando alguien te sigue y no tienes miedo (Stefano Benni: Margherita Dolcevita).

Desde luego. Si te persigue con un hacha, deja de dar gusto en seguida.



No digo nada de los pasillos, porque en ellos, por lo general, hemos tallado minuciosamente nuestros primeros miedos a lo desconocido (Juan José Millas: Articuentos).

¿Y a mí, que los pasillos últimamente me gustan bastante?



Con eso parecía querer decir no solamente que el valor más útil y digno de confianza es el que surge de la estimación realista del peligro encontrado, sino que un hombre totalmente sin miedo es un compañero mucho más peligroso que un cobarde (Herman Melville: Moby Dick).

Frase óptima para nosotros, los cobardes.



He aquí ― se dijo Ardid ― alguien a quien no debo dominar por el miedo, ni por la fuerza, ni por la codicia; he aquí a quien dominaré sólo por amor (Ana María Matute: Olvidado Rey Gudú).

Mucho mejor. Dónde va uno a parar. Del miedo puede uno llegara defenderse. De lo otro, ni de coña.



Y es que la naturaleza necesita administrar de manera armoniosa el miedo, ya que sin miedo todos seríamos dioses: los escurridizos lagartos, las líricas ovejas, los megalómanos humanos ― sobre todo los humanos, esos titiriteros metafísicos―. Todos dioses (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).

No sé si las microalgas tenemos miedo. A lo mejor lo expresamos como acúmulos de ácidos grasos eicosapentanoicos y, claro, esas reacciones no dan para hacer una película de mucho susto.



En cualquier caso, me temo que todas las infancias son la misma infancia: un aprendizaje del terror, un adiestramiento para poder pasarnos el resto de nuestra vida temblando de confusión y de miedo sin que se nos note demasiado, con una mano vanidosa puesta en la cintura distrayendo la llegada del momento de nuestra muerte con la filatelia o con la numismática, con expediciones científicas o con la ayuda de espejismos intelectuales como el amor o la teología, esas dos supersticiones que, generación tras generación nos consuelan de nuestra intrascendencia en el universo, porque, se mire como se mire, un universo es siempre una cosa demasiado grande para cualquier conciencia individual (Felipe Benítez Reyes: Mercado de Espejismos).

Hay días en que no conviene leer a Benitez Reyes. Le puede dar a uno el vértigo. Nada, nada, tortillita de patatas, ver una buena película con amigos, un poquito de piel suave de persona bien estimada en las yemas dactilares (¡Eh! ¡Que no es ése el orden de preferencia! ¿vale?) y se disipa el horror vacui. Háganme caso.



El baol tiene presagios de pescado congelado, balas perdidas, cretinos buscapleitos, terremotos, inundaciones, maratones urbanas, colapsos de tráfico, aproximación de cometas y vómito de diatomeas. Pero no se puede vivir solamente de miedos. Por eso el baol hace frente al peligro con ánimo sereno. Porque sabe que, además de las malas sorpresas, también existen a veces las buenas sorpresas, y puede ocurrir que lo aparentemente funesto resulte luego propicio. Esto está escrito en el séptimo libro del Baolian, el de las mentiras. (Stefano Benni: Baol).

¡Diatomeas! Adoro a este tipo.



Una cosa es el agradable calorcillo que proporciona un propósito temerario, y otra muy diferente el miedo de tener que llevarlo a término (Pere Calders: Ruleta rusa y otros cuentos, La «Nemours 88»).

Aro. Qué bien nos conoce a los humanos este autor. Anda que no.



La respuesta es posible que esté en manos del psicoanálisis, aunque no tengo intención de hacerle jamás la pregunta, de modo que la explicación de ese miedo mío levitará para siempre en los limbos de los enigmático, que es un lugar bastante confortable para un miedo (Felipe Benítez Reyes: Mercado de Espejismos).

Por si acaso. Muy bien, Maese Benítez. ¿Ve como no es tan complicado?



Algunos de nosotros somos tan cobardes, que nunca podíais convertirnos en héroes, ni siquiera metiéndonos miedo (Henry Miller: Trópico de Cáncer).

Es que eso del heroísmo está demodé. Pero se engaña un poco este jetoso autor: el miedo es un motor tremendamente poderoso. Miedo a la gente, a la soledad, al fracaso, a la vejez, a la muerte, al abandono, a la multitud… a todo. No lo subestimes, Enriquito, anda.



Pero mi guerra, como todas, compensó muchas cosas con el mágico nacimiento del compañerismo ¡Cómo se quieren los hombres que comparten el mismo miedo! (Pere Calders: Ruleta rusa y otros cuentos, El batallón perdido).

Habrá aún quien diga que el miedo no hace extraños compañeros de cama…



Hay dos cosas que me dan verdadero miedo. Las serpientes y las mujeres. Tienen muchas cosas en común: lo último que se les muere es la parte de abajo (Truman Capote: Cuentos completos).

Eps. Dice esto hoy en día Capote y se le tira alguna ministra al cuello y le hace mucha sangre. Seguro. Mucha, mucha sangre.



Me he movido por la existencia dejando en pos un rastro de miedo, como un caracol. Cuando muera de verdad, será un aburrimiento (Sam Savage: Firmin).

El que se crea que este libro es una comedia, va dado. Es uno de los libros más tristes que he leído nunca.



Habría odiado profundamente tener un hijo que filosofara sin balbucear, porque le obligaría a vivir con el miedo constante de que se lo arrebatara un ataque cerebral (Pere Calders: Ronda naval bajo la niebla).

Ésta, para la Dama Caína, por si algún día la leyera.



No hay nada que más achique a un tímido que la posibilidad de verse transformado en un suplicante. (No se trata, por tanto, de una cuestión de orgullo ― porque a fin de cuentas, casi nadie es un emperador o un afamado deportista ―, sino de timidez, esa educada manifestación de terror al prójimo) (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).

Ay. No comment.



La inverosimilitud es uno de los atributos del terror (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).

Y que lo digan. Pondría aquélla de Cortázar sobre el miedo y la maravilla, pero es que siempre intento no repetir las citas (algún día me pasará, ya verán) (si no me ha pasado ya: tch).



Muchos pensadores y filósofos han cavilado sobre si todo está o no previsto, tema que angustia mucho a las personas de seso, pues todos quisieran descubrir hasta dónde llega lo escrito y hasta dónde el azar, y si lo que parece dictado es también cosa de capricho, porque no deja de ser chocante que un hombre dude en un cruce de caminos por cuál de ellos torcer y, pudiendo elegir el izquierdo para toparse más allá con su fortuna, decida tomar el derecho donde, a lo mejor, es asaltado por una partida de ladrones que lo dejan medio muerto o, a lo peor, muerto del todo. Según la retórica del gran vienés Leopold Auenburger, que pensó y escribió mucho sobre estas cosas, es mejor no dar demasiadas vueltas al asunto para evitar que nos invada el pasmo absoluto (Miguel Rellán: Seguro que el músico resucita).

Miguel Rellán es ese cacho de actor cuya cara todos conocemos, no diré que “de sobra” porque sería una indelicadeza para con él. Además de ser uno de los mejores actores sobre el planeta tierra, ha escrito un extraño libro, lleno de divertidísimos y barrocos delirios sobre su supuesta familia ancestral. Uno de los capítulos de este libro lo leí suelto (el capítulo, no yo) hace la tira de años, cuando estudiaba en Granada, creo que en un “Interviú” que rulaba por la pensión, demostrando así que yo me leía, además, también los “artículos de fondo”. Si cae en sus manos, y aguantan el fraseo intrincado, no se lo pierdan.



Y en fin. Ahí les dejo cosas para entretenerse. Cuídenseme y sean buenos, en la escasa medida de sus posibilidades.

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36 comentarios to “Citas XIII. Mal número”

  1. Sérilan Says:

    A mi me gusta sentir miedo a veces, creo que es una buena manera de poner nuestros recursos personales al dia, tan oxidados a veces por la monotonia. Si, ya se que hay otras maneras de limpiar el oxido pero es que yo soy así de rarita.
    Que me dicen de esos pelillos del cogote de punta ante ese escalofrio con la sensación de ser vigilados por alguien imaginario..??
    Ohhh…placer de dioses…!!!!

  2. laluli Says:

    En este momento, estoy totalmente de acuerdo con Felipe B. R. en su Mercado de espejismos. Eso es la vida!

  3. Microalgo Says:

    Ya se lo dejaré, si lo quiere leer. Pero convendría leerse antes “el novio del mundo”…

    Y digo yo que Benítez Reyes me podría invitar un día a una caña, ¿no? Porque miren que le hago publicidad…

    La veo un tanto masoquilla, Séri. Pero es cierto que esa emoción hace mucha cosa a la barriga, de ahí las atracciones de feria, las películas de Nosferatu y tener la horrible certeza de que esa chica era la mujer de tu vida. Todo miedo y pánico.

  4. Bala Says:

    Yo escribí unas líneas sobre mis miedos pero nunca lo saqué a la luz porque me daba miedo que se supiesen mis miedos…

  5. laluli Says:

    Acepto el ofrecimiento, gracias.

  6. Glomus Says:

    Ignoro la probabilidad matemática de que esto ocurra (cada vez olvido con más frecuencia mi racionalismo en el perchero al salir de casa), pero doy fe de que hay casos en los que los acontecimientos transcurridos en un salto de segundero sirven para borrar todos los miedos pasados y presentes y dejar una superficie en la que cuesta mucho que se afiancen otros en el futuro.
    Todo -ese segundo, cualquier miedo…- es relativo. Einstein dixit.

  7. Princesasinsapo Says:

    Miedo? Miedo? Incertidumbre tal vez, angustia, pero miedo pocas veces he sentido, y no lo digo para pavonearme, porque creo que por un lado lo sobreestimamos (o lo confundimos con otras cosas) y a veces lo subestimamos, como dice Ud. más arriba, porque es cierto que puede llegar a ser un motor potente para que la gente haga cosas imprevisibles. Lo cual me recuerda a una frase que incluye la palabra “miedo”, de mi querido Galeano (cuándo no), que habla del muro (físico, legal, etc.) que construyen los ricos para protegerse de los pobres y que denomina: “el muro que separa a los que tienen hambre de los que tienen miedo”.
    En ese sentido, se me ocurre que uno siente miedo cuando tiene algo que perder, ya sea dinero, la vida o una persona querida, pero hay estados espirituales (tanto místicos como afectivos) en los cuales no sientes apego o tienes la certeza de que es imposible de que nada ni nadie te arrebate eso que consideras que tan importante para ti.
    Entonces, ¿miedo?
    (Y coincido en dos cosas con Ud., don Micro: 1) Firmin es uno de los libros más tristes que he leído, y tampoco lo releería, ¡con la lista de libros que me esperan por ser leídos!, 2) FBR le tendrá que invitar unas cañas…).

  8. Microalgo Says:

    Pues yo, de budista Zen, como dije alguna vez, no tengo más que la calvorota, des-sapada Princesa. Y como buen occidental, tengo miedo de mil cosas.

    Y Usted también. No me venga con milongas.

    Sé a lo que se refiere Glomus, que es críptico y parabólico, pero con la veteranía de nuestra amistad hemos desarrollado cierto grado de pseudotelepatía. Y creo que tiene razón, para variar.

    Nacen otros temores, sin embargo. Como en la agricultura biológica, la labor de arrancar hierbas negras no se acaba, pero al fin y a lcabo eso es la vida.

    Descuide la Dama Luli. Se los dejaré, uno detrás de otro, que sé que es Usted buena devolucionadora de libros. Como Maese Peter, por ejemplo…

    Y Bala: para esas cosas tiene Usted un blog, ¿no? No nos prive de esas líneas, ande. Conjurar tiene muchas acepciones. Invocar y evitar son dos de ellas.

  9. Princesasinsapo Says:

    De verdad, de verdad. Creáme, aunque sólo sea un estado pasajero del espíritu. ¿Eso sí me lo permite?

  10. Stockton Says:

    Quitando un poco de hierro al asunto, don Micro, ¿sabe Ud. la diferencia entre miedo y pánico?

    “Miedo es la primera vez que no se te levanta por segunda vez, y pánico la segunda vez que no se te levanta por primera vez” (Anónimo).

    En fin, ya sabe que en el fondo el miedo no es más que una reacción fisiológica de las glándulas suprarrenales ante un peligro real o ficticio para aumentar nuestro nivel de alerta (y por tanto nuestras posibilidades de supervivencia).

    ¡Joder!, ¡al final todo se reduce a física y (bio)química.

    Saludos afectuosos.

  11. Microalgo Says:

    Claro que sí. Mirabilis femina.

    Saludos, Johnn. Otro occidental-poco-zen pal saco.

  12. cieso Says:

    Sentí el miedo, lo notaba detrás mía. Me detuve en seco, giré sobre mis talones y le hize lo que nadie antes: le miré a los ojos, de frente y por derecho. Lo siguiente que recuerdo es salir pitando pensando que aquel día debí llevar conmigo una muda limpia. O, en su defecto, haber salido de casa con ropa interior de color marrón.

  13. Juanma Replicante Says:

    Oiga Don Micro, a mi me pasa últimamente que empiezo a no tener miedos ya por mi, sino solo por mis semejantes, en concreto solo por un pequeño semejante; todo lo mio y casi lo de los demás empieza a traerme al pairo.
    ¿Que cree usted que me pasa? ¿Me estoy haciendo mayor? ¿Empiezo a tener ganas de morir?

  14. Microalgo Says:

    No, Juanma. En mi opinión, esos son los menos evitables de los miedos, y por lo tanto, los peores. Algún cursi de mierda dijo que el que ama (a su pareja o a un hijo, da igual) se calza zapatos de cristal, y yo me temo que tengo que estar de acuerdo.

  15. H. Lecter Says:

    Y se dejan uds. a nuestro incansable e imprevisible cerebro. Si uno consiguiera dejar de tener miedo a las amenazas reales o ficticias que le acechan en la vigilia, aún le quedan los sueños, las pesadillas: caer interminablemente, terminar de caer, ser perseguido, ser alcanzado, despertar (falsamente) en una cama de hospital sin manos, sentir cómo tus dientes abandonan la boca, ser atravesado por “algo” de parte a parte… en fin, terminen uds. la lista. Ya dejaron de ser miedos soñados. Ahora temeremos volver a soñarlos.
    Dulces sueños…

  16. Princesasinsapo Says:

    Don Micro, espero que se refiera Ud a la flor y no a la bacteria, y eventualmente al nombre común en femenino y no al Don Diego…
    Olvidé decirle que la frase de Truman Capote es aberrante, sobre todo porque yo diría que son los hombres y las serpientes los que tendrían dicho rasgo en común. Pero no generalicemos, que las honrosas excepciones existen…
    Don Juanma Replicante, se está haciendo Ud. mayor (lo digo por experiencia); ya sea por un hijo, un padre, un hermano, un amigo, pero cuando dejamos de ser el centro de nuestro mundo podemos estar seguros de que despedimos nuestra egocéntrica adolescencia y estamos pisando el sendero de la denostada y tan serena madurez, lo cual no implica dejar de cometer algunos deliciosos desatinos…

  17. Microalgo Says:

    … o que te pille por banda el Doctor Lecter, por ejemplo. Le voy a poner otra cita de Benítez Reyes, que me encanta (creo que ya la he puesto alguna otra vez):

    (Porque el sueño es asunto aparte: el descenso a una cripta psicodélica de la razón.) (Una cripta en la que el tigre que está devorándote se convierte de pronto en un rinoceronte alado y en la que el cadáver de una bailarina japonesa se abre de piernas ante ti y te dice «Sácame los ojos», por ejemplo.) (Menuda cripta…) (Y tenemos que pasar en ella, diariamente, seis o siete horas.) (Y regresar de allí como si nada.) (Y afeitarnos y salir a toda prisa a trabajar.) (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).

    Un párrafo entero entre paréntesis. Adoro a este tío.

    Lo de los desatinos deliciosos no es patrimonio exclusivo de la juventud, Princesa, como todos podemos comprobar si miramos alrededor o dentro de nuestros propios pantalones. El desatino es patrimonio de los humanos en general y de algunos gatos en particular.

    Rebesotes.

  18. Virginia Barbancho Says:

    El miedo se me hace parecido al dolor, a la muerte, a las cosas desagradables de la vida pero sin las que ésta no sería posible…

    Cuestión entonces de aceptarlos sí, pero mantenerlos a raya…

    Un beso

  19. Juanma Replicante Says:

    Gracias Princesa por la aclaración. Que uno vaya madurando siempre está bien visto, ¿no?

  20. Microalgo Says:

    O simplemente sentirlos y ya, Dama Barbancho. Pego un par de citas al caso (que ya sabe Usted que yo soy muy de citas):

    Un premio no cambia la vida de nadie. Lo único que cambia la vida es le dolor, las lágrimas (Ana María Matute, cita tomada literal de una entrevista en televisión).

    El dolor es una prueba. Te llega y procuras apañártelas lo mejor que puedes (Hugh Laurie: una noche de perros).

    Y bueno, Replicante: madurar está bien siempre que no te caigas del árbol, sobre todo si era un guindo.

  21. Princesasinsapo Says:

    Creo que debe ser peor cuando caen las piñas de las araucarias, que si pillan a alguien debajo lo amasijan (eehmmmm, ¿lo hacen papilla?) y además se hacen pedacitos…

  22. momo Says:

    mazurca es feo? anda ya. Me gusta que te guste Rellan , he trabajdo mucho con él , es un tio inteligente , además de buen actor….
    me voy aL P de Santa Maria hoyyyyyyyyy, que llueve? bah aquí también, pero guuueno mejor que no lo haga no?

  23. Microalgo Says:

    Buenas tapitas, en el Puerto. Cuidado en Romerijo, que puede subirle el ácido úrico.

    Si vuelve Usted a ver a Rellán, le ruego que le comunique que se lo piropea mucho por acá, y se le rinde incondicional admiración.

    No he visto nunca las piñas de las araucarias, Princesa. Y mire que por aquí hay algunos ejemplares. Me fijaré. E iré con cuidado…

    Besotes.

  24. JuanMa Says:

    Dicen que Newton exclamó al caerle la manzana y descubrir los fundamentos de la gravedad: “Thanks God watermelons grow over the ground” que en cristiano viene a decir “Gracias a Dios que las sandías crecen a ras de suelo”

  25. Princesasinsapo Says:

    “satamente”…
    Para que se haga una idea, Micro, entre a http://waynesword.palomar.edu/images/bunyco1b.jpg
    y evite pasar por debajo de las araucarias, que eso sí da miedo…

  26. Microalgo Says:

    Ñó.

    Debe ser que aquí no fructifican…

  27. Lola Says:

    Dos cosas casi off topic:

    1) ¿Te diste cuenta de que articuentos tiene todas las vocales sin repetir?

    2) Creo que esto te interesará: http://zifra.blogalia.com/historias/60145

  28. Microalgo Says:

    Pues no, no me había dado cuenta, Lolaberintilla.

    Y lo otro… daría para dos o tres tomos.

  29. Princesasinsapo Says:

    También Aurelio y murciélago tienen todas las vocales sin repetir, ¿y qué?

  30. Microalgo Says:

    Bof. Con buena ha ido a dar Usted, Princesa. Lola dentro del Lolaberinto es una matemática que está maravillosamente chiflada. ¿cuántas palabras lleva ya coleccionadas con esas características, Lola?

  31. ETDN Says:

    ¿Miedo?¿Quién dijo miedo?…

    Cito de memoria (probablemente de manera inexacta) y sin saber de quién es una frase que debí leer o escuchar hace tiempo pero que se quedó ahí, en algún lugar del disco duro cerebral:

    “No es valiente quien no tiene miedo, sino quien tiene miedo y lo supera”.

    Y esta sí, documentada. Un diálogo que me flipó:

    “-¿Sabes lo que más me asusta?
    No debe saberlo porque no dice nada.
    -Tu miedo. Y el entusiasmo detrás de tu miedo.
    -Es curioso porque a mí es tu falta de miedo lo que más me asusta.
    -Tengo tanto miedo como el que más miedo tiene. Aunque supongo que es un miedo distinto.
    -No hay un miedo distinto. Siempre es el mismo miedo.
    -No exactamente.
    -¿No exactamente?
    -No exactamente. Tu miedo empieza cuando despegan los aviones y el mío cuando los aviones aterrizan”.

    (RAY LORIGA. Tokio ya no nos quiere)

    Y esta, que no tiene mucho que ver con el tema (¿o sí?) y que te debía:

    “¡Dónde está el dios de los que dudan, cuando los que dudan lo necesitan!”

    (RAY LORIGA. Ya sólo habla de amor)

  32. Kika Says:

    Comento aquí para que mi comentario no se pierda…

    Tenemos mucho en común, eso de estar hechos de rabos de lagartijas, o de azogue como dice mi abuela. No entendía yo eso del azogue, pero ahora sí lo sé: la impaciencia es un poco tóxica, pero es precisamente lo que le da la gracia a las cosas, como la capita de mercurio a los espejos.

    Aunque no descarto perder la paciencia del todo y enviar a alguien a terminar con la fuente de la mía (quiero decir de la mía actual, que no de la mía en general)…

    Por cierto, yo también toco la guitarra. Graffitis como el suyo no hago, pero en este caso me lo estoy pensando.

    miles de besos
    mucha magia
    y mire usted al mar con sus algas, que aquí en Madrid…
    (cómo echo de menos mi mar, es mi gen almeriense dando la tabarra)
    K

  33. Lola Says:

    Princesasinsapo… ya… nada… sólo me pareció divertido. Igual el millas le puso ese nombre con tal propósito, habrá que preguntarle…

    Micro… Muchas. Unas 200. Sí, me aburro a veces, pero sólo a veces.

  34. Lola Says:

    Perdón por la celeridad. El Millás. :P

  35. Princesasinsapo Says:

    Lola, la verdad es que el nombre me lo tuve que cambiar de “Princesa” a secas porque si no no podía poner la fotito que aparece cuando escribo, pero, sin extenderme demasiado, te cuento que me había autodenominado así en cierta época de búsqueda del “príncipe azul”.
    Ya sabes, eso de besar un sapo y…
    Aunque generalmente era al revés: creía haber encontrado al príncipe azúl, lo besaba ¡y se convertía en sapo! Y pensaba ¿pero quién escribe los cuentos de hadas?
    Pero no se desmoralice, la enseñanza es que no hay que buscar sapos, ni príncipes…; un día llega un médico, un abogado, un agrónomo, un cantante de ópera o un oficinista, y qué le importa a uno todo eso de la nobleza y los batracios…

  36. JORNALISMO Says:

    CURSO DE JORNALISMO
    BARROCO CIBERNETICO
    CIÇA
    A literatura foi o canal de expressão do homem desde que ele aprendeu que escrevendo é possível sair das páginas e viver para sempre. O homem foi colonizador, barroco, árcade, romântico, e expressou o estado de sua alma de forma tal que, hoje, vemos perfeitamente as escolas literárias demarcadas por períodos e características.
    Mas, e agora? – sempre pensei. O que resta a nós, indivíduos fragmentados, superficiais? A cultura em que vivemos já não suporta uma unidade de pensamento. Já nem mais é digna de ser chamada “cultura”, isso é só um apelido a nossa fugacidade extrema. Sabemos um pouco sobre tudo. Muito pouco sobre tudo. Repassamos essas poucas informações em grande escala. E pronto. Continuamos na alienação de nosso saber e na fragmentação de nossas relações.
    Hoje, entretanto, comecei a pensar diferente. Entrei em uma livraria, percorri inúmeros títulos contemporâneos e não pude chegar à outra conclusão que não esta (o que, de certa forma, deixou-me feliz): o homem atual é barroco. Um “barroco cibernético”.
    Um barroco cibernético absurdamente incomodado com sua vida cheia de máquinas, trabalho e concreto. Ele contesta igualmente aos outros, aqueles a quem sempre admirei. É dividido igual.
    É dividido entre a frieza da cobrança incessante por sua funcionalidade, e o calor dos sentimentos, cada vez mais longe. É dividido entre o automóvel potente que ele mesmo criou e a paz da vida com a natureza, onde deseja passar as férias.
    É dividido entre a humanidade, seu bem, e a tecnologia, seu mal. E vai se trocando entre antíteses e rebuscamentos para encontrar seu equilíbrio.
    O homem de hoje carrega multidões atrás de seus “códigos”, que trazem a magia e o mistério que sua desilusão já não lhe permite ter. Leva outros milhões que seguem avidamente seus “queijos” e seus “segredos”, soluções para sua angústia interminável e promessas para que finalmente consigam a felicidade através do sucesso.
    Mas que sucesso, que felicidade? Não, o barroco cibernético já não o sabe. Está perdido entre a escuridão da modernidade e a claridade de um mundo distante que nem imagina como é.
    BARROCO CIBERNETICO
    BARROCO CYBERNETICO

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