Silver Fern

Cyprian era un muchacho que había llevado con él durante toda su vida la mirada sorprendida de un soñador; los ojos de aquel que ve cosas que no son visibles para los mortales ordinarios y reviste las cosas comunes de este mundo con cualidades que no pueden sospechar los seres más sencillos: tenía los ojos de un poeta o de un agente inmobiliario (Saki: Animales y más que animales).


God of Nations at thy feet,
in the bonds of love we meet;
hear our voices we entreat:
God defend our free land…



Además de reducir nuestra genuina ingenuidad, los años reducen nuestra capacidad de sorpresa. Pero de vez en cuando (plof) hay algo que nos hace levantar una ceja. O ambas.

Verán.

Australia. Trenecito para turistas entre Carins y el pueblecito de Kuranga, donde se supone que hay un mercado de artesanía en plena selva tropical. Luego el mercado no era para tanto, el night market de Cairns era mejor. Pero el sitio merecía la pena por el entorno (y la foto con el indispensable koala). Frente a mí, en el tren, un matrimonio de avanzada edad y su hijo (que tendría la mía o poco menos). Sentada a mi derecha, una muy (muy) voluminosa chica estadounidense (de Los Ángeles, creo recordar), que hablaba con todos en voz alta, con un aire sumamente extrovertido.

El anciano frente a mí (enjuto y fibroso, el tío) llevaba un tatuaje en el dorso de su mano, pero en lugar de ese copo de nieve Baol que bien podría haber lucido (como se verá), portaba un dibujo de hoja de helecho y las iniciales N.Z. Es decir, el símbolo de los deportistas neozelandeses. Cuando la chica yankee les preguntó que de dónde venían yo alcé un poquito mi ceja izquierda: podías haberlo deducido tú misma si te hubieras fijado un poco…

El anciano confirmó que venían de Wellington (en efecto, Nueva Zelanda), y que iban a estar sólo unos días por allá, blah, blah…

Pero en un momento dado, el atlético señor afiló sus ojos azul-plateados (como una hoja de helecho de plata, de silver fern) y los clavó en los de la chica norteamericana, preguntándole con voz queda:

― Y tú eres adoptada, ¿verdad?

Cuatro interminables segundos de silencio por parte de la joven. A mí la otra ceja debió de levantárseme sola.

― ¿Cómo lo ha sabido?

El abuelo neozelandés se salió por la tangente y despistó la conversación hasta que llegamos a la estación de Kuranga, de modo que no pude saber qué deje, qué tic había detectado en esa mujer para conocer ¿el desconocimiento? del origen de su biografía.

Y me moriré con la duda pero, al contrario que en otras ocasiones, no me importa. Como cuando uno ve un espectáculo del Maestro Tamariz, prefiero quedarme con la duda si va acompañada del asombro.

19 comentarios to “Silver Fern”

  1. Glomus Says:

    Evidente. El abuelo neozelandés, que formó parte del equipo de tiro olímpico de su país en los JJOO de Los Angeles, al ser eliminado en la primera ronda se dedicó los días que faltaban hasta el regreso a cortejar a una bella empleada del McDonalds de la Villa Olimpica. 24 años después, los genes son el diablo, reconoce sentada frente a él al fruto voraz de aquella pasión que al fallecer su madre en el parto (a ver, comiendo en el McDonald y preñá… qué esperabas) fue entregada al orfanato del estado.
    ¿He ganado algo?

  2. Princesa Says:

    Yo también hubiera levantado las dos cejas… además de abrir la boca, por supuesto…

  3. zoe Says:

    Yo apoyo la tesis de Glomus…. indudablemente, es el padre de la criatura. (El viejo claro. Glomus no!!)

  4. ETDN Says:

    Yo también apoyo la versión de Glomus apoyada por Zöe. Acabo de levantarme, no me pidan más.

    Curiosa historia. Y buena cita la del principio.

    Gracias, Glomus, por desvelar el misterio. Si no me habría quedado con la duda…

    oye, el neozelandés ¿se parecía a Paul Hogan, el de Cocodrilo Dandee? Me lo imaginé así, vete tú a saber por qué.

    Mejor me hago un café que no sé lo que me digo.

    bss

  5. maray Says:

    meu sono já não é lá essas coisas, agora me vem você com essa história…que maldade! Vou ficar a noite em claro imaginando a coisa :)
    Não sei o que me é mais estranho: a pergunta à queima-roupa ou o casal neo-zelandês! Nunca vi algum neo-zelandês…

  6. ergorrión Says:

    Esto es lo que yo llamaría una historia perfecta. Y Saki creo que lo suscribiría, hasta en su cita. Gracias por hacerme levantar la ceja a mi también. Lo de la ceja debió levantarse sola es genial.

    En fin, que gracias de nuevo.

    Por cierto, yo tampoco sé si he visto alguna vez a un NZ, entraré en la peña a mirar los tatuajes de los albañiles que están desayunando por si acaso.

  7. JuanMa Replicante Says:

    Boh! Que bueno. Alucinado y con las cejas levantás me he quedao yo también.

  8. NáN Says:

    ¡Glubs!
    ¡Qué bueno Saki!
    ¡Qué excelente historia!

  9. Sérilan Says:

    Ese viejo hilaba fino, si señor.
    Al contrario que usted yo sí me quedo con las ganas de saber como adivinó lo de la chica
    Mas que nada por ir aprendiendo un poco, que nunca está demás.

  10. carrascus Says:

    Qué viejo más indiscreto, no…?

  11. Microalgo Says:

    Indiscreto y certero, Carrascus. Una posible explicación, Sérilan, se halla en el primer comentario del mentalmente desvencijado Glomus (es que bebe absenta aromatizada con cannabis, el muchacho). Otra sería que yo encontrara un libro (siempre tipo manual de autoayuda) en cuya portada saliera la sonriente cara de la chica y cuyo título fuera “La Huerfanita Adoptada Encuentra La Felicidad Viajando Por Australia”.

    Un poné.

    Muy bueno Saki, es cierto, Nán. Las buenas traducciones, además, hacen mucho… (he, he, he).

    Pues no, ETDN. Se parecía más a Anthony Hopkins. De hecho no volví a ver en Kuranga ni al matrimonio ni a la chica… lo mismo se la merendaron al adoptar el muzacho la advocación de Aníbal el Caníbal.

    En cuanto al aspecto de la peña Kiwi, a Javier Krahe les remito: en las antípodas / todo es idéntico / idéntico a lo autóctono.

    Maray: eu estava lá pertinho da Nova Zelanda, lá não era assim tão exquisito ver um neozelandés. Mas eles têm a misma cara do que o resto da malta. Assim, ao pronto, é mais fácil distinguir um espanhol. Sempre está a deitar palabrões e fala muito, muito alto…

    Beijos.

    Y besos al resto (que es igual).

  12. єѕтησм Says:

    Micro, la frase que has puesto en casa de Nán sobre la vida, es una resignación.
    Yo prefiero ésta:
    “Quien quiera peces, que se moje el culo”
    Muchos besos!!

  13. Microalgo Says:

    Eso también es cierto, Estnom (también vale para las microalgas, que comparten hábitat con los peces), pero por muy cartujo que parezca no hay que perder de vista esa perspectiva. Más que para que nos dé una depre del carajo, para aplicar el Carpe Diem correspondiente, con su Carpe Noctem adjunto.

  14. Luisa M. Says:

    Bueno e interesante relato. Me sorprendió. ¡Caramba! ¿Cómo lo supo el neozelandés? Es como para levantar las dos cejas y quedarse con la boca abierta. Quizá… notó un acento diferente en la chica, quizá… conocía bien Los Ángeles… Prefiero quedarme con la duda y la admiración hacia él… porque… la experiencia es un grado.
    Saludos.

  15. Alma Cándida Says:

    Buenas, vengo entiritada (esto es, del blog de la Mujer Tirita).

    Hay diálogos que los pones en una película y resultan irreales, y luego, ya ven… cejas arriba, intriga y final abierto a muerte.
    Muy cinematográfico también el silencio incómodo acompañando el andar del tren (los trenes, es lo que tienen) (sin habérmelo pensado, me ha salido un pareado) :-(
    Saludos.

  16. єѕтησм Says:

    Por casualidad sabe que le ha pasado a la casa de Lenisio?
    Ah, y buenos días!!

  17. Microalgo Says:

    Eps.

    Ni idea, Estnom. Voy a ver si me entero.

    En realidad, Lusia M., el hijo del matrimonio neozelandés era adoptado, también. No sé qué tics detectó el hombre.

    Ya la he visto alguna vez donde La Mujer Tirita, Alma Cándida. Bienvenida y bien llegada a su propia casa, que es, también, ésta.

    Besotes!!

  18. H. Lecter Says:

    Buenísima la historia y genial el abuelo. Lo que pasa en los trucos de magia y en la vida es que no sabemos lo que hay en el envés de la trama. Cada día nos cruzamos con gente a la que no conocemos y de la que ignoramos quiénes son y qué saben y qué hacen. Yo, por ejemplo, creía conocer a D. Microalgo, pero ahora que me sale en plan Sherlock con el tatuaje deportivo y helechal, me quedo a cuadritos. Lo mismo el viejo era un iniciado en los misterios de las antiguas y venerables casas de orfandad maoríes y ha trabajado toda su vida entre criaturas desamparadas, hasta ser capaz de reconocerlas por su pronunciación de la d intervocálica o por la posición de sus piernas al sentarse en un asiento de tren.
    Por cierto, creí oír en uno de esos anuncios tan ecologistas que hacen ahora las empresas más contaminantes que van a fabricar combustible a base de microalgas no aptas para el consumo humano. Lo juro, entendí eso. La pregunta es: ¿además de funcionario se nos va a convertir ahora en potentado?
    Un abrazo pa tós.

  19. Microalgo Says:

    Le iba a responder en un comentario, Lecter, pero me ha salido de la longitud de un post, que les intentaré colgar a lo largo del día.

    Es que me ha tocado la fibra…

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