En las Antípodas

En las Antípodas todo es idéntico,
tienen teléfonos, tienen semáforos
con automóviles, con Sancristóbales,
muchos estómagos están a régimen.
Tienes políticos más bien estúpidos
pero son súbditos muy pusilánimes.
En las antípodas todo es idéntico…
idéntico a lo autóctono.
(Javier Krahe: Antípodas).


Boca abajo.



En efecto. El agua gira en el otro sentido cuando se va por los desagües y los coches te atropellan desde el otro lado, esto último como en toda nación de la Commonwealth.

Pero la gente es la misma, como refrendaría el mismísimo Unamuno.

El congreso estuvo muy bien, vengo de él con la moral científica por las nubes. Me llegaba una coreana vetusta y me preguntaba si yo era el Microalgo que había expuesto por primera vez algas a sedimentos en plan directo, sin hacer extractos ni porquerías previas. Pues sí. Y luego un egipcio gordote que me preguntaba si yo era el Microalgo que había utilizado por primera vez bolitas de alginato para exponer algas en experimentos de campo… pues también. El jefe más cafre holandés del campo de la ecotoxicología me conocía también por mi nombre, y la peña del CSIRO australiano me hacía más viejo, por las publicaciones… resulta que en el campo de las microalgas y la ecotoxicología soy un nombre. Y yo sin saberlo. En fin.

Pero si la primera semana estuvo bien, fue sobre todo por la compañía de dos amigos brasileños que conmigo se reunieron allí: el estupendo Arthur, con un buen humor inagotable, y la maravillosa Thais, que cuando sonríe hay que ponerse gafas de sol aunque esté nublado. Con ellos me pegué un pateíllo por las Blue Mountains, con un guía que era clavadito a Jeremy Irons, y donde las gamberras cacatúas se la ingeniaban como podían para robarte las galletas en el menor tiempo posible.

Después me quedé una semana más, porque tenía el objetivo de bucear en la gran barrera de coral. A pesar de que nos llevaron por un sitio bastante trillado de turistas (no te dejan salirte ni un milímetro de los “sitios oficiales”), la vista es estupenda. También visité la selva tropical de cerca de Cairns (subes en trenecito y bajas en un teleférico), y algún zoo en esta ciudad, donde uno podía terminar de hacer el turista completo y darle un mimoso abrazo (to cuddle, que dicen allá) a un koala. Por cierto: juro por mi madre que los koalas son de peluche. Una monada.

He constatado que no me gusta viajar solo. Mejor viajar solo que no viajar, por supuesto, pero mejor viajar acompañado (y cuanto mejor acompañado, mejor). Eso de no poder decir “¡Mira, mira!” es una pequeña putada. Llegué a la conclusión de que yo sería un personaje secundario hasta en mi propia biografía, y así me va. Pero así me han dibujado, qué le vamos a hacer.

Soñé mucho, en Australia. Algún sueño lo dejaré para postearlo más adelante, porque se derivan de su comentario varias disquisiciones interesantes respecto al horror y al humor.

Lo peor han sido los vuelos. Desde que sales de Sydney hasta que pones los pies en Jerez, son más de treinta horas. Y para allá fue lo mismo. El algún aeropuerto del trayecto Sydney-Singapur-Londres-Madrid-Jerez me perdieron un didgeridoo, que es un instrumento típico australiano, y que le traía por encargo a la Reina del Pay-Pay. Hace sólo dos días de esto, aún no he perdido la esperanza de que aparezca. Pero lo dudo, es un objeto demasiado goloso. En fin.

Australia es un territorio peligroso pero no por cuestiones humanas. Hay poca delincuencia y la violencia en las calles es inexistente. Como mucho, algún carterista te puede soplar dentro de los bolsillos, pero las leyes son tan estrictas que al que pillen en una de esas se le cae el pelo.

El peligro viene por la fauna y la flora. Sí, también la flora. Hay plantas que, si te rozan, te pegas dos meses con urticaria cafre. En el paseo marítimo de Cairns la gente toma el sol en el césped y no en la arena, porque uno se encuentra a cada tramo señales como ésta: si te bañas, allá tú, porque hay cocodrilos. Cocodrilos grandes. MUY grandes. Así que lo que no puedes hacer es salirte fuera de la cuerda. Bañarte fuera de una playa que tenga red o darte una vuelta por los manglares puede suponerte la pérdida de mucha sangre, de algún miembro o bien puede significar hacerte acreedor de una simpática dosis de veneno de serpiente (marina o terrestre, las dos son igual de puñeteras), de araña (una de las más venenosas del mundo vive en la zona de los alrededores de Sydney), de abeja, de pulpo (el único pulpo venenoso vive por esas aguas) o de medusa. Éstas son de lo peor, por cierto, pese a su pacífica y ñoña apariencia. Si hasta los ornitorrincos son los únicos mamíferos (o cuasi mamíferos) que tienen glándulas de veneno en los espolones de las patas traseras…

Ya que el turismo es una fuente de ingresos notable para los australianos (que se lo digan a mi tarjeta de crédito, a principio del mes que viene será el llanto y el crujir de dientes), y dado que un turista muerto por cualquier causa es una penosa publicidad, las autoridades australianas simplemente no te permiten hacer el idiota. Poner un pie fuera de la cuerda que delimita la zona de turistas en un atolón de coral del arrecife supone un pitido de un guardia en el que no habías reparado antes, pero que anda por allá.

Pero quitando esos pequeños matices de muerte y envenenamiento, en las antípodas todo es idéntico a lo autóctono. La gente se ríe de las mismas cosas y todos somos humanos con dos patitas y dos ojitos.

Eso sí: qué lejos está todo. Qué grandote es el mundo, coño.

19 comentarios to “En las Antípodas”

  1. Microalgo Says:

    Nota de última hora: Apareció el didgeridoo, intacto. Esta tarde o mañana se lo llevo a su destinataria.

  2. mandarina Says:

    Así que volviste
    ¿y caminas del derecho o con las manos por los suelos? en algo tiene que notarse que estuviste allá ¿no? y supongo que en la música australiana de la flauta gigante no es…
    hasta la bandera es igual pero al revés…
    ¿cómo son las dunas? una regeneración de las mismas seguiría unos parámetros aproximadamente parecidos a las de aquí ¿no?
    en fin, me alegro de tu vuelta.
    yo viajo desde mi silla, pero me va muy bien y no me mareo en absoluto. los koalas y los corales los veo en el zoo… aunque no serán iguales, espero.

  3. Microalgo Says:

    Eo, Mandarina, leve bailarina.

    Volví, volví. Ya le daré a Usted el coñazo por teléfono o postalmente y se lo cuento con detalle. ¿Qué tal anda Usted, a todo esto?

  4. Sérilan Says:

    Ohhh…me alegro de su vuelta, sobre todo de que volviera sano y salvo, después de leer todo lo que nos cuenta fué toda una suerte no..?
    Así y todo es para envidiar ese viaje suyo. Resumido pero muy intenso su relato, por unos momentos consiguió llevarme de su mano.
    Un besote, y bienvenido a casa

  5. alcancero Says:

    No me extraña que los ingleses usasen Australia para deportar a sus presos. Como zona de exterminio no está nada mal.

    Bienhallado y a ver si vuelven pronto esas reuniones en su casa para darle a los tréboles y las picas. Abrazos.

  6. Microalgo Says:

    Hola, Séri!!

    Yo también me alegro mucho de estar de vuelta, que estaba ya un poco cansado de mí mismo. Gracias por el besote y la bienvenida.

    Ya veo que no le quiere dar a los rombos (maldita educación franquista televisiva) ni mucho menos a los corazones… pero algo habrá que ir haciendo al respecto, sí, Maese Alcancero. Vamos montándola ya mismito.

    Abrazotes.

  7. NáN Says:

    ¡Jesús, José y María! A esos sitios hay que ir, dar la ponencia, dar envidia de lo joven que se es y todo lo que se sabe y para casa pitando. Porque el guardia conoce el significado de la cuerda, ¿pero lo conocerán los cocodrilos? ¿Y si uno faltó a esa clase?

    Mamíferos venenosos… bueno, tengo una tía que también, pero no tiene espolones.

    Bueno, dentro de unos días ya le dirá Marguerita todo lo que no debe volver a hacer. (cuéntenos de eso).

  8. Microalgo Says:

    Qué alegría, Nán.

    Parece que los cocodrilos, por lo general, no son tan tontainas como los humanos. Alguno que otro sí que la caga (de ahí que haya filetes de cocodrilo en los restaurantes), pero por lo común parece que saben que por las aceras de las ciudades no se anda zampándose a la peña, que eso es caca y no se hace.

    Otra cosa parece que eran los tiburones, a los que había que parar con redes de contención en las playas por su irrefrenable y contumaz costumbre de intentar merendar surfero. Digo eran porque ya es difícil ver uno: a la mayoría se los han zampado los chinos para hacer sopa de aleta de. Yo no llegué a ver ninguno, de hecho, fuera de los acuarios.

    Por mucho que me diga Margherita lo que no debo volver a hacer, seguro que reincido, querido Nán.

    Video meliora proboque, deteriora sequor, que decía Ovidio: veo lo mejor, lo apruebo, y luego escojo hacer lo peor. Así estamos hechos la gente, al menos aquellos a los que no se nos meriendan los cocodrilos.

    ¿Seguro que su tía de Usted no tenía espolones? Mire que es una deformación que suele aparecer con la edad y…

    Besos a L. y al vástago.

  9. Єѕтησм Says:

    Me alegro de su vuelta.
    Y para el próximo me lleva.
    No soy nadie yo dando codazos y diciendo lo de “mira mira”.
    No se olvide.

  10. carrascus Says:

    Me alegro de que lo haya pasado usted bien, D. Micro…

    Oiga, una preguntita… en la bandera ésa que ha puesto usté bocabajo nada más empezar, ¿por qué una de las estrellitas es más miserable que las demás y tiene menos puntitas…?

  11. ETDN Says:

    ¿Y los canguros qué? No habla usted de los canguros, tan graciosos ellos también…aunque supongo que menos achuchables que los koalas.

    Entiendo perfectamente sus reflexiones acerca de lo de viajar solo, a mi también me pasa. Pero eso no lleva a la conclusión de ser personaje secundario de nada.

    Veo que a pesar del estupendo verano que se ve que ha pasado sigue quejándose, ay, ¿qué vamos a hacer con usted, señor llorón? No diga ahora que tiene motivos, porque no es verdad, y en lo laboral no puede usted estar más satisfecho… (joé, parezco Margeritta, siempre echandole la bronca pero es que nos provoca, no diga que no…).

    besazo

    (ya actualicé, don impaciente…)

  12. Microalgo Says:

    ¡Eh! Que esta vez no era una queja, sólo un comentario… Ser secundario tampoco es una deshonra. Ha habido secundarios magníficos. Lo que ocurre es que el cine estadounidense nos ha metido en el coco que o eres protagonista o no eres nadie, y no es cierto. Allá no hay peor insulto que “you, looser”. Por acá, sin embargo, siempre hemos sabido el valor de una derrota honrosa.

    ¿Citaré?

    Sí, claro que citaré:

    Pues algunas victorias no son ni gloriosas ni recordadas; pero algunas derrotas pueden llegar a ser leyendas, y de leyendas pasan a victorias (Ana María Matute: Olvidado Rey Gudú).

    Pero las oportunidades perdidas forman parte de la vida, igual que las oportunidades aprovechadas (Paul Auster: Fantasmas).

    Alcanzar la duda ya es un triunfo; dejen un lugar para la derrota, que está poblada de tanta nobleza (Juan Cruz, El País, 16 de Febrero de 2002).

    – Te portaste como un caballero – dijo Merlín -. A todos, en alguna parte del mundo, nos aguarda la derrota. Algunos son destruidos por la derrota, y otros se hacen pequeños y mezquinos a través de la victoria. La grandeza vive en quien triunfa a la vez sobre la derrota y sobre la victoria (John Steinbeck: Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros).

    Y no es que vaya yo de derrotado por la vida. Lo que no voy es de triunfador, y no es lo mismo no ser un triunfador que ser un derrotado. Para la estética yankee, sin embargio, sí lo es.

    Y convendrán conmigo en que muchos que se creen genuinos triunfadores están al borde contínuo de la derrota (si no ya a tres movimientos irremediables del jaque mate), y mantienen la blanca sonrisa sólo porque no lo saben. Es menos patético saberlo y acomodarse a ello, no me digan que no.

    Ahora mismo me asomo a su cueva, ETDN.

    Besotes.

  13. Microalgo Says:

    Ah, que me he dejado un par de comentarios sin contestar.

    Desde luego que habría sido más divertido que hubiéramos ido una buena peña, Estnom. Yo soy canino y sociable (advierto desde ya a mis críticos que los perros me caen MUY BIEN, y me encanta esa genuina inocencia que tienen cuando te quieren o les caes bien) (habrá quien la llame estupidez, pero bueno: allá ellos con su inteligencia). Me compré una camarita con carcasa para meterla debajo del agua e hice fotos y filmé en el arrecife de coral… ¡pero yo no salgo! A lo mejor también los amigos están para eso, para que oigas los relatos de los sitios en los que estuviste en segunda persona, como Julio César.

    Y lo de las estrellitas, Carrascus, es que en la bandera (dele la vuelta a la de arriba, que está al revés) de Australia aparece la Cruz del Sur, constelación cuya ubicación e historia aparece en el link añadido.

    Las cosas.

  14. NáN Says:

    el caso es que está bien y ¿a salvo? Uy, con los vientos de Cadiz.

  15. Microalgo Says:

    A salvo no se está nunca mientras uno esté vivo (je, je)…

    Le envío un abrazo especial con la Dama ETDN, para cuando se encuentren, Nán.

    Cuídenseme.

  16. Lola Says:

    Lo mismo haciendo un agujero desde cádiz pabajo llegas antes. Matemos a las geodésicas.

    La tranquilidad llegó al país. Bienvenido, señor micro :D

  17. princesa del vértigo Says:

    Ese parque temático que describe usted tiene mejor pinta que el museo de venenos y torturas de Segovia. Ese lugar sería una mina para mis antepasadas, que también eran un nombre en la elaboración de pócimas, venenos, alucinógenos y afrodisíacos en la Edad Media.
    No tengo ni idea de lo que es la ecotoxicología ni el alginato pero suelto por mi boca las dos palabrejas, una tras otra, con un tono como de intención, y sospecho que me va ser usted muy útil, como nombre que es en ambas materias, para deshacerme de o al menos transmutar a algún que otro charro. A cambio me presto a hacerle todas las fotos que quiera como protagonista de los más bellos sueños de su vida.

    Por cierto, y no es por quitarle protagonismo, esas dos sonrisas perladas con las que nos deleita en sus fotos harían las delicias de cualquier viajero ¿no me las prestaría usted para mi próximo viaje? hace tiempo que no viajo porque no he sido capaz de encontrar algo tan agradable para acompañarme. Aunque no sé por qué me da que detrás de la cámara se oculta una joya por descubrir.

    Abrazo de peluche.

  18. Microalgo Says:

    Gracias, Princesa. Como le decía, mejor viajar acompañado que viajar solo… pero mejor viajar solo que no viajar. Esos dos de las sonrisas perfectas son los brasileños mencionados. El que sujeta al koala soy yo. Es que no soy muy fotogénico, y preferí que se viera más al koala…

    Nos vemos en menos de un mes, Lola. Voy haciéndoles una montaña de croquetas.

    Lleguen con hambre.

  19. Lola Says:

    cro-que-taaaaaaaaaas………………… quiérolas (5 vocales)

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