El gran juego

No se puede restringir el trato con el mundo únicamente a los cajeros automáticos y a la máquina del parking, hijo, arguyendo que nuestra estancia en el planeta es demasiado corta para establecer excesivos vínculos. Hay que contagiarse de otras vidas, en eso consiste el juego, porque existen emociones, como la benevolencia, que solo pueden cultivarse con el contacto regular con los demás (Félix J. Palma: Las Corrientes Oceánicas).


Pantalla del “Civiliza”. Qué mono más malo…



Tengo una amiga a la que nunca he visto y, probablemente, jamás veré (cosas de la red). Está en horas bajas y trato de animarla, pero soy muy malo haciendo eso. Nunca sé qué decir. Es posible que bajo mi pátina de optimista tipo Polianna haya un pesimista bien fundamentado con duros cimientos hundidos en la puta realidad y, por tanto, cualquier atisbo de esperanza en que la cosa vaya a ir a mejor me suena a falso y no sé cantarlo convincentemente…

¿Ven? Si ella, ser absolutamente inteligente, llegara a leer esto, no creo que le sirviera para darle ánimos.

Me cuenta esta Dama que se pega las horas construyendo casitas para los Sims. La entiendo, yo probé ese juego hace años. Pero, aparte del Doom (cuando era más joven y me hacía ilusión despanzurrar monstruos a misilazos por entre laberintos alienígenas), el único juego que llegó a constituir un peligro para mí fue el Civilización (la versión III, actualmente obsoleta, me pareció siempre la mejor).

Hubo temporadas en las que me pegaba las horas y las horas dale que te pego a la conquista del mundo conocido, y a la descubierta del mundo por conocer, pegado a la pantalla y haciendo nacer un cuarto de dioptría en cada ojo, antes envidiados ambos por las grandes rapaces de la península ibérica. El juego era entretenido de cojones. Cuando viajé a Polonia, nos retrasaron un vuelo nada menos que seis horas, y mientras la peña se desperdigaba por el aeropuerto dejándose la tarjeta de crédito en el Duty Free, yo me busqué un rinconcito apartado junto a la puerta de embarque, un enchufito para el portátil… y se me pasaron volando las seis horas, mientras construía un imperio nipón (científico, militarista) que daba tela de susto a los otros moradores del planeta, que fueron rápidamente sometidos bajo mi dominio hegemónico, a la par que omnímodo.

Así que entiendo perfectamente a la Dama que se encierra, presa de su recurrente tristeza, dentro de su casa y ante una pantalla llena de colorines.

Al igual que con el tabaco, uno no puede ser adoctrinado en este tema. Simplemente, un día uno se levanta y ve que ha perdido un tiempo precioso. A mí me saltó el clic con el teclado electrónico (musical) que tengo en casa. Se me pasó por la sesera que si le hubiera dedicado el mismo tiempo utilizado en el juego a aporrear el teclado por mi cuenta, ahora lo mismo medio tocaría algo reconocible.

Así que desinstalé el juego y destruí mi copia del disco de instalación para evitarme tentaciones, en un momento de lucidez (el original se lo cedí, con toda mi mala uva envenenada, a mi ex cuando saqué sus cosas de casa).

Tal vez no he aprovechado el tiempo, desde entonces, tanto como creía (al fin y al cabo, un nihilista diría que qué más dará gastarlo en una cosa u otra). Pero me sentí un poquito mejor, haciendo, por una vez, lo que pensé que debía hacer.

Huxley, en un extraño libro que se llamó en la traducción española “Ciego en Gaza” (suena mejor que en el original inglés, que usa “eyeless”… en español hay un palíndromo de fonemas consonantes que luce tela), Huxley, decía, basa los argumentos de la obra en una máxima de Ovidio:

Video meliora, proboque; deteriora sequor.

Es decir: Veo lo mejor, lo apruebo y elijo lo peor. O lo que es lo mismo, que los humanos la mayor parte de las veces sabemos qué es lo que deberíamos hacer, pero no tenemos la fortaleza necesaria para hacerlo. Caemos presas de la pereza o la seducción, de la ruindad o de la estupidez.

Yo soy así, de modo que para una vez que hice algo de lo que me alegro y no me arrepiento, déjenme que se lo cuente.

Ahora, que vaya mono me ha entrado al pegar la imagen en el inicio del post… está visto que uno no se termina de desintoxicar nunca.

Hoy mismo voy a llamar a un potencial profesor de piano, a ver si aplico el carpe diem como Neptuno manda (recuerden que soy una microalga marina).

Y Usted, mi Dama, si llegara a leer esto (lo dudo) anímeseme, que el mundo es bello y en colores, le cuenten lo que le cuenten. Se lo digo en serio y desde el fondo del alma. Afuera también hay un gran juego.

Besos.

14 comentarios to “El gran juego”

  1. Princesa Says:

    Caro Microalgo: inauguro por primera vez la pagina de comentarios, que honor…
    En parte, me reconozco en sus palabras de que “bajo mi pátina de optimista tipo Polianna hay un pesimista bien fundamentado”. (Jo, Polianna, una de mis heroinas infantiles, la habia olvidado…). Soy de las personas que siempre intentan sacar lo positivo de lo negativo, por lo menos en voz alta, pero en el fondo muchas veces, aun en situaciones que no son ni medianamente angustiosas, me siento el ultimo orejon del tarro, que nadie me quiere, un trapo viejo… Buuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…
    Pero sabe que? Mas tarde o mas temprano alguien me envia un sms afectuoso, una postal inesperada, un libro que queria, un desconocido me sonrie (o conocido, pero normalmente poco sonriente), leo una frase que me gusta, veo una nube iluminada con los ultimos rayos del sol y pienso: “Pucha que es linda la vida! Y que suerte que tengo de tener estos amigos, esta familia, de estar sana, de estar viva, de vivir en un pais donde no hay guerra ni miedo ni hambre ni dictadura…” de… 1000 cosas que podria enumerar pero cada uno tiene su lista personal.
    No es ser optimista o pesimista, solo que cada cosa tiene su lado bueno y su lado malo, aunque a veces no esten en equilibrio. Quizas es que no me han pasado cosas tan terribles en la vida, o es que tengo la fortuna de contar con gente muy querida y que (sospecho o quiero creer) me quiere en medida similar.
    Solo pienso que seria una desagradecida con la vida si dejara de reconocer lo generosa que ha sido conmigo…

  2. Microalgo Says:

    Pues en ello estamos, Princesa. Pero todo esto no tiene nada que ver con que venga el desasosiego y te atropelle. Uno puede estar en la gloria (desde el punto de vista de los demás, y que te digan que no tienes motivo de queja) y a la vez no querer más que morirse. No es mi caso, pero no está mal ponerse, a veces, en el lugar de gente así. Lo que no sé, como ya dije, es cómo echar un cable.

    Ha cogido Usted el seguío comentante, ¿eh, Princesa? Pues yo que me alegro. Si alguno no había pillado el por qué del adjetivo “Transatlántica” en mi anterior respuesta a su comentario, que relea éste último suyo y localice un “Pucha que es linda la vida”.

    A ver si no. Canta la Traviatta, su origen.

    Un besazo.

  3. Princesa Says:

    Ya… se que se me escapan esas cosas, que evidencian mi origen de ultramar…(por suerte, mi adiestramiento linguistico peninsular no me ha quitado todo!).
    Y si, hoy ando por aqui, luego quien sabe cuanto tiempo pasara sin conectarme, pero sepa que su “zona fotica” tiene un lugar en mis pensamientos. A lo mejor hasta le alegra un poquito esos dias oscuros en que necesita consuelo, como todos tenemos, contra todo pronostico de los que “ven las cosas de afuera”.
    Y si, echar un cable no es facil, pero tambien es cierto que a veces no es necesario hacer mucho. Algunas amigas me han ayudado simplemente dejandome llorar en la mesa de un cafe, o invitandome a escuchar musica en su casa con una taza de te (vaya, que moderna y marchosa soy…).
    Muchas veces no hace falta decir nada para echar un cabo. Estar, si.
    Lo dejo en paz por hoy ;)

  4. ETDN Says:

    Polianna. Qué recuerdos tan lejanos. Devoré la serie (esa de tapas duras y doradas, de Bruguera, creo, con una ilustración en la portada) en la rubeola que pasé a los 10 años. La asocio a Mujercitas y La Historia Interminable, que tambiñen cayeron en aquella convalecencia (extraña mezcla, sí, mi bibliofagia viene de antiguo). Y por cierto, si aún no has leído FIRMIN no sé a qué esperas. Bueno, que me lío.

    En cuanto a adicciones ludópatas, a mí durante una temporada me dio por el Héroes, hace ya una década y herencia de un ex. Después me compré el portátil y ya no lo instalé.

    Ahora estoy enganchada a los blogs. Pero veo menos la tele.

    Seguro que tu amiga lee el post y le alegras el día.

    Besote

  5. Microalgo Says:

    Ojalá, ETDN.

    Un besote. Ya queda menos para que nos veamos las caras, forastera.

  6. Lara Says:

    Yo creo que muchas de estas adicciones, vienen porque en realidad no sabemos establecer nuestras prioridades y porque en la sociedad en la que vivimos, en la que parece que tenemos todo (exceptuando gasolina en estos dias) parece que solo echamos de menos aquello que no esta en nuestro poder. Da igual si tenemos una casa, unos amigos, familia, da igual todo eso si algo se ha truncado en nuestro camino.

    Parece que perdemos la identidad cuando pasa algo malo, cuando pasa algun suceso vital en nuestro transcurrir, pero en realidad, es porque nos creamos una identidad falsa, parece que solo podemos ser quien somos por las cosas que nos rodean, y no nos damos cuenta que aun perdiendo eso, seguimos aqui, nuestra vida, nuestras experiencias, nuestros conocimientos a lo largo de la vida se mantienen intactos, pero en cambio, olvidamos todo para encerrarnos en un juego, (que podría ser cualquier cosa) que nos ayude a salir falsamente del hueco donde nos hemos escondido, sin darnos cuenta, que la salida esta en nosotros.

    bueno despues del rollo soltado….perdonarme es que en estos dias estoy estudiando mucho y leo cosas muy diversas y todavia las necesito colocar dentro de mi cabeza, jiji. un besito!!!

  7. Microalgo Says:

    Pero ninguno de nosotros estamos libres de ese artefacto, Lara. De acuerdo en que lo es (un artefacto), pero el que esté libre de pecado…

  8. NáN Says:

    Punto 1: estoy convencido de que nos vamos al carajo.

    Punto 2: viendo como están las cosas, los del primer mundo que nos lo hemos pasado de puta madre los últimos 20 años nos vamos a ir al carajo empobrecidos y sabiendo lo que vale un peine (es una frase dicha, no una alusión a Vuecencia).

    Punto 3: a pesar de ello, y no quiero hacer propaganda de mi blog porque lo que vale es este concepto, no leerlo, he puesto esta mañana un post que se llama algo así como “un toque de levedad” en el que cuento lo ligero y absolutamente genial que ha sido este fin de semana.

    Conclusión: cuanta razón tiene Vuecencia en lo del juego de la vida y la necesidad de jugar el partido con mala hostia hasta el último segundo del periodo de descuento. ¡Como los campeones!

    Y si hace falta algún compuesto molecular, ¡pues se toma, mujer, se toma!

  9. Microalgo Says:

    Ahí está el tío. Me voy volando a su blog, a ver qué ha puesto (lo miré muy de mañana y dejé comentario en lo de Maravillas, pero no llegué para ver el nuevo).

  10. Anna Says:

    D. Microalgo, me gusta Ud.

  11. Microalgo Says:

    ¿Es Usted, Dama Ana?

  12. Iconoplasta Says:

    Tiene fans.
    Yo no era, yo estoy en el lado de la elegancia rozando con la bordería. Pero le dedicaré una casa, palabra.

  13. Microalgo Says:

    No hay Sims ficólogos. Penita.

    Vaya. Había muchos puntos de concordancia (nominales y anímicas) (pique en su blog de “putos amores tardíos”, si no me cree).

  14. Bala Says:

    He investigado en google y estoy espeluznada con los seres que ha introducido en mi mundo PAT (Putos A. T.), ¿lo piensa del blog o es fruto de la confusión? sea como fuere, espero que del capullo (con perdón) salga una Thysania, la Tadarida me ha dado escalofríos…

    Siento el baile de nombres pero para no generar más equívocos.

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