La maldita primavera

Juega conmigo, que estoy triste (Lara Moreno: Casi todas las tijeras).


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Las amapolas estallan por los campos. Y no sólo ellas.



Nunca entendí eso de la astenia primaveral. No parece una estación propicia para estar apático. El otoño sí: caen las hojas y la naturaleza tiende a quedarse dormida, los días se acortan, vienen los fríos y uno toma repentinamente consciencia del paso del tiempo. Además, en otoño empezaban las clases, se acababan las vacaciones y aún quedaba mucho para las Navidades…

Pero no. A la gente le da la depre en primavera. Mi amiga ecuatoriana no sabía por qué no podía dormir hasta que su médico le hizo ver que las estaciones, en estas latitudes, afectan mucho. En las suyas (latitud cero), no hay estaciones, y están libres de esta maldición. Tienen otras que las sustituyen con creces, no la necesitan.

Pero este año, en especial, la cosa viene cruda. Muchos (pero muchos) de mis amigos trastabillean y sus psiques han demandado un poco de atención y cuidados en estos días. Pero a algún amigo han acabado metiéndolo en una sala acolchada. Sé de otro que decidió que no podía más y se fue sin despedirse siquiera de sus padres (su madre es una compañera de trabajo: fue un miércoles horrendo). Y el motivo para irse fue la pura y simple tristeza.

Me está afectando hasta a mí.

A mí, que era un descerebrado incapaz de alterarse incluso tras diez días de levante fuerza cuatro (mientras en la ciudad se disparaban las agresiones domésticas, los asesinatos, los accidentes de tráfico y las broncas en la cola del cine). A mí que elegía las fresas en primavera, las chicas en bikini en verano, las castañas en otoño y la nieve en invierno: feliz como una beluga (Delphinapterus leucas) en medio del océano, trescientos sesenta y cinco días al año, excepto los años bisiestos, en los que era feliz un día más.

Pues sí. Hasta a mí me está afectando. El otro día estaba viendo un partido de baloncesto y recordé otro que jugué, hace años, donde unos árbitros indolentes y pusilánimes dejaron que le partieran el labio a uno de mi equipo, de un codazo (era el que más estaba anotando, y era una manera rápida de mandarlo al banquillo). El partido no tenía nada que ver con el que estaba viendo, que era la mar de tranquilo. Pero yo estaba nervioso, casi violento. Al día siguiente me dediqué a cambiar muebles de sitio en mi casa (me he hecho un “cuarto de música”) para quemar energía. Aún hoy me duran un poco las agujetas. Pero bastante mejor. De la agresividad, quiero decir.

De lo otro, no sé que contarles. Los arranques de melancolía fugaz pero puñetera vienen y van, los recuerdos (que son “un campo minado”, según dice la cantautora María José Hernández: busquen en el disco “Círculos Concéntricos” la canción “a veces preguntan”), los recuerdos me emboscan desde los sitios más insospechados: Un arnés de escalada, un perrito pequeño de porcelana, el lomo de un libro de Cortázar, una moneda de cincuenta pesetas de la época de Franco, el olor de un suplemento dominical recién abierto, una ambulancia del 061, los “pajarillos fúnebres” (que decía Benítez Reyes) que pueblan la música de Eric Satie, el olor del café solo y fuerte que nunca bebo porque me quitaría el sueño, una postal desde la Antártida, el olor del hierro oxidado, los graznidos nocturnos insoportables de las pardelas en la isla más triste del mundo… y las fotos, siempre las fotos que aparecen a traición entre dos libros (sobre todo cuando uno mueve los muebles, ya les dije). La memoria viene, me pega un pequeño mordisco como de pez de río y se escurre lejos, dejándome una marca rojiza que me escuece un buen rato.

Ahí tengo que echar mano de la corteza cerebral y decirme que un cambio de luces y temperatura no debe, no puede afectarme tanto.

Aguanten a pie firme, amigos míos. Lloren, si es necesario, un buen rato. Como dijo Pablo Milanés, “besen los labios cercanos con ternura”, que eso cura mucho (si se dejan, claro: no lo intenten con desconocidos, no vayamos a tonterías). Vean películas de humor, no desdeñen ningún motivo para la risa.

Lo que sea para pasar esta maldita primavera.

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24 comentarios to “La maldita primavera”

  1. Microalgo Says:

    Ejjem. Tal vez la canción de María José Hernández no era la más adecuada para animar a nadie…

  2. laluli Says:

    La cancion no la conozco, pero que me dices de “aquellas pequeñas cosas” de Serrat. Esa es criminal, cuando la escucho, simpre se me saltan las lagrimas. Aunque no es la unica de él que me produce tristeza.
    Y no te quejes tanto, que ya voy.
    Hasta el lunes (o asi).
    besos

  3. Microalgo Says:

    Ondia.

    La recibiremos con los brazos abiertos y la espalda arqueada (nadie me rasca la espalda como Usted, Luli). Avise con tiempo, que tenemos que pegarnos un cenorro (nada de comida francesa).

    Y sí, el Juanma también le pega duro. Recomiendo algo de los Mojinos Escozíos, pa desmuermar.

    Por ejemplo.

  4. Arwen Says:

    Pues imagínese cómo es lo mío, Don Micro, que en mi cuerpo se une la astenia primaveral con haber dejado el tabaco (hoy hace dos meses) y que estoy a régimen desde hace dos semanas para aliviar los estragos que haber dejado de fumar ha causado en mi michelinoso cuerpecito.
    Pero ya estoy mejor, ya no le pego pellizcos a los cristales ni peino bombillas…

  5. Glomus Says:

    Amoavé pisha… si estamos así hoy, cualquiera te aguanta el martes que viene, cuarentón mío. Intentaré animarte con la noticia de que en mi reciente viaje de vuelta de Martinica y Guadalupe me acompañó una botella de Ron JM de 47° de la réserve spéciale de bonito color cobre. Lo iba a guardar pa cuando ascendiera ese Cadi. oé, pero en vista de las circunstancias, que sepas que lleva tu nombre tatuado.
    Besotes.

  6. Rímini Says:

    Micro:

    No le consolará saber que leerle puede ser (y lo es para mí) una buena forma de combatir la pertinaz astenia primaveral. Soy asténico -sí- pero no abstemio, que sería peor. Lo de los besos tiernos en las bocas cercanas (o algo así) me abstengo y me atengo, no me entretengo. Y lo de las fotos que aparecen a traición… que razón tiene usted. La era digital no ahorrará muchas terribles apariciones.

    Sevesita nene sí?

  7. ergorrion Says:

    Po zi, está uno carajote perdío estoo díaa. A mi ma venío mu bien Javier Crahe. Y como dice Rímini sus palabras, que empiezan a conventirse en querencia.

  8. Sérilan Says:

    Pues si Don Micro, mucha razón tiene en lo que dice. Pocos nos escapamos de todos esos sintomas que describe y tiene guasa, sobre todo cuando logra hacer mella en gente hasta hace muy poco fuerte y dura
    Pero sabe..? todo veneno tiene su antidoto y en este caso me acaba de brindar usted una buena ración del mio.
    LAS AMAPOLAS!!!..son mis flores favoritas, ni se imagina la de fotos que les tomo en primavera.
    Ya ve, no todo es malo en abril si nos dejamos invadir por la salvaje sencillez de esas flores

  9. En tierra de nadie Says:

    ¿Primavera? ¿Qué primavera? En los madriles no acaba de irse el invierno.

    Sobre el ataque de emotividad, no se alarme usted: dicen que uno se vuelve más sensible cuando se acerca el cumpleaños; va a ser eso.

    Y si no a lo mejor es lo que dice Silvio (para contrarrestar): “la medicina escasa, la más insuficiente, es la de remediar la mente”

    bss

  10. Margherita Dolcevita Says:

    Vale, yo me uno a la sevesita con Rímini y don Micro. A mí la primavera jamás me sentó bien con eso de los pólenes y mi asma… Puta primavera de los cojones… Quiero decir: esta estación dubitativa no acaba de sentarnos bien, qué razón tiene usted.

  11. david Says:

    Llevo yo un rato pensando en la primavera y pensando qué responder y de todo lo que se me ha ocurrido ha surgido una simplificación muy mona ella de seis palabritas: La primavera es una puta mierda.

    Pero son bonitas las florecillas, y salen fotos chulas, y empieza a hacer calorcillo. ¡Algo es algo!

  12. Meryflower Says:

    ¿Cómo que un cambio de luz y temperatura no afecta a un Microalgo??Eso no es lo que me enseñaron… voy a tener que revisar mis libros y usté los suyos.
    O vamos a tener que replantear algunas tesis que yo me sé ;)

  13. Teodoro Says:

    ¿Por qué será que en gran parte del continente africano el concepto de astenia primveral no es bien entendido? ¿Tal vez por que hay pocas fotos y sí problemas reales? ¿Estaremos obligados los humanos a llenar un cupo de malestar y lo inventamos si la vida nos va de escándalo?

  14. Microalgo Says:

    No, Teodoro. Es que allá no tienen mucha estacionalidad, excepto en suráfrica, donde no se preocupaban tanto de eso como de los tiros que les pegaba la policía a las primeras de cambio…

    Por lo demás, tiene razón en lo de que cuando no tenemos problemas nos los inventamos. Pero nos los debemos inventar la mar de bien, porque no creo que a la gente la internen en un psiquiátrico por gusto.

    En mi caso particular, ya digo que me considero bastante feliz (con mis carencias, qué le vamos a hacer), pero que la primavera me ha pillado un poco traspuesto y he tenido que hacer acopio de circunvoluciones para parar el carro.

    Por otro lado, Maryflower… esto afecta a las hormonas. Las microagas tenemos poco de eso. Segundos mensajeros de ARN, a lo sumo. Lo de los cloroplastos es otro cantar.

  15. NáN Says:

    Quienes son un campo minado son mis cuñadas, no los recuerdos. Pero como esa cantautora no las conoce, pues no afina.

    En fin, don Micro, andaba Rocinante en uno de los prolegómenos de El Quijote rumiando la vida con otro jamelgo y este le dijo “Metafísico estás”, a lo que Rocinante contestó: “Es que no como”.

    Ande, Don Micro, hágase mirar bien, no vaya a ser eso.

  16. Microalgo Says:

    Juaaa, jua, juaaaa!!!

    Esta misma noche lo soluciono. Me voy a dar un homenaje.

    Gracias, Nán.

  17. carrascus Says:

    Pues va a ser eso, D. Micro… estoy con Nan. De lo que me estoy dando cuenta es de que es usted un blandengue al que todo le afecta… la primavera, la navidad, el amor, la falta de él, los ataques de nostalgia…. jejejeje… a ver si va a ser que además de no comer, tampoco folla (con perdón)… ¿no podía usted darse esta noche dos homenajes mejor que uno…?

    Usted perdone por señalar de esa manera, eh… ya sabe que es por su bien.

  18. Microalgo Says:

    Tch. Y yo digo que soy poco poético. Pero anda que el Carrascus…

    Espronceda, es el Carrascus. Espronceda.

  19. Leni Says:

    Vaya Don Micro, no sabía que la situación fuera tan desesperada. La semana que viene le mando el libro sin falta. Y un ramo de flores. Ah no, flores mejor no.

  20. Rímini Says:

    Haga caso a Carrascus: dos homenajes. La única duda debe estar en el orden en que debe dárselos, ahí hay un mundo de gustos. Yo elegiría primero jartarse de comer de tó… y ya luego me pasaría por la cocina y me prepararía un bocatita de calamares. Carrascus: Espronceda, Rímini: Gustavo Adolfo.

  21. Microalgo Says:

    Talmente, Rímini.

    ¿Quién ha dicho nada de desespero? ¿Quién ha dicho nada de chingar? ¡Pero si ha sido el Carrascus, que ha empezado él!

    Y lo de las flores… mejor no, Don Lenisio. Ninguna planta educada le regalaría un ramo de órganos reproductores animales a otra planta…

    Y bueno, Maese Rímini: ¿Qué hay de esa birrita que teníamos a medias?

  22. Teodoro Says:

    No ha estado muy acertado el ejemplo de África, no, pero creo que entendió la idea: pensar/inventar es peligroso. Si sale bien puede ser un regalo para el resto de los mortales, que disfutaremos de su obra, pero si se elige (se elige?) el camino incorrecto, ay…

  23. insecto Says:

    Si vuelves a estos lares, te doy un abrazo y te cuento un chiste :)

    (Pena no habernos podido ver en su fugar visita a la capital del, a mi pesar, reino)

    No se entristezca usted, microalgo, que no se lo merece.

    Un beso antidepresivo

  24. Microalgo Says:

    No, Teodoro. El ejemplo es diáfano. Y qué alto porcentaje de depresiones hay entre los creadores…

    Y suelo pasearme por su página, oh, lígnico y republicano insecto. Por Madrid no me prodigo tanto, y me da también penita el no haberla visto por allá. No se preocupe por mí, que no llega la sangre al río.

    Besotes.

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