Historia de Dos Grados

– Sin duda alguna. ¿Qué significado cree usted que tiene el símbolo de San Simeón Estilita? La columna y el tipo constantemente preocupado por su columna… ¡Es de una transparencia meridiana! Supongo que habrá leído usted a Freud.
(Boris Vian: Otoño en Pekín).


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Masho-masho-mennn…



Los hombres y mujeres que yo conozco tienen un grado de separación conmigo. Son “de primer grado”. Los que conocen aquellos a los que yo conozco, son de “segundo grado”. Frigyes Karinthy dijo que entre todos los humanos del mundo hay sólo seis grados de separación: en grado seis, siempre hay alguien conocido, aunque sea en Malasia. Yo creo que exagera, o bien que este escritor húngaro se olvida de los Yanomami o de los habitantes de los suburbios de Tananarive.

Bueh, es igual.

Mi becario gallego es una mina de historias extrañas. Ya conté alguna vez una de un amigo suyo. Allá va otra de otro de sus extraños amigos (tiene uno la sensación de que lo que no les pase a ellos no le pasa a nadie).

Sea que este amigo de dos grados de separación conmigo tuvo que salir al extranjero. Podría ser Houston, Tokio, Moscú. Digamos que fue en Vancouver, para no fijar una localización exacta. Este amigo Dos Grados estaba en esa ciudad, más aburrido que una ostra, y se bajó al bar a tomarse una cerveza. En la barra había otro cliente: un hombre mayor, bien trajeado. Dos Grados entró y saludó, y Bien Trajeado respondió al saludo. Una frase tras otra y ya estaban ambos conversando. Eso, en España (y depende de en qué ciudad), puede ser normal, pero no en el extranjero. Aquí, saludas en una parada del autobús y ya te puedes pegar todo el trayecto discutiendo sobre la IBI urbana con cualquiera. Fuera, si no es latinoamérica, no. Con sagradas excepciones (las viejecitas en Escocia, por ejemplo).

Gratamente sorprendido, después de varias cervezas y mucha conversación, Dos Grados propone cambiar de bar (por variar un poco). Bien Trajeado le dice que de acuerdo, pero que suban un momento a su hotel a cambiarse por algo menos estirado, y Dos Grados dice que vale.

Sólo cuando está sentado en la cama del hotel de Bien Trajeado (éste, en el cuarto de baño), Dos Grados deja de dar saltitos para comprobar el somier y se para a pensar un momento.

Un momento, se dice.

Estoy en la habitación de un tío que no conozco, en un hotel, se dice.

Y este hombre… no será homosexual, ¿verdad? Bueno, no tiene pinta. Y no hay por qué ser malpensado. Que ya tiene una edad también y… bueno, no sé. Tarda un poco en el cuarto de baño, se dice Dos Grados.

Sus esperanzas se ven un poco truncadas y sus temores un poco confirmados cuando Bien Trajeado aparece en su advocación de Muy Poco Trajeado en el quicio de la puerta del cuarto de baño. Repentino envaramiento de la columna vertebral de Dos Grados.

– Estooo… Creo que te confundes. A mí no me va nada este rollo… mira, mejor me voy…

Muy Poco Trajeado parece pasar a un inmediato Plan B, que consiste en decirle que es la primera vez que, que no está seguro de si es o no es, que se acaba de separar de su mujer… Pero se le escapa repentinamente el Plan C, que consiste en taparse un poco sus pudores somáticos y llorar amarga y muy sinceramente.

Y ahí es donde Dos Grados demuestra su valía y sus reflejos.

– ¿Sabes qué? Mira, yo no voy de esto pero, si quieres, te puedo ayudar a confirmar si ere gay o no. Vístete, que nos vamos.

Bien Trajeado se trajea de nuevo, y los dos bajan a la calle. Dos Grados para a un taxi.

– Llévenos Usted al bar más gay y con más locas que haya en todo (digamos) Vancouver. El taxista es un hombre de mundo y no se extraña de nada. Y los lleva prontamente a un bar a cuyo lado La Ostra Azul es la Verbena de María Auxiliadora.

Dos Grados se coloca en la barra y va espantando como puede a las lobas locas que se le acercan secuencialmente pero sin pausa. Mientras, Bien Trajeado se desmelena en la pista de baile, y a los pocos minutos ya hay un maromo palpando todo su cuerpo. Instantes después el maromo desconocido ya le ha metido la lengua hasta la tráquea.

Dos grados se prepara para despedirse de Bien Trajeado y dejarlo ya en la brecha, cuando éste se le acerca.

– Vámonos – dice Bien Trajeado.

– ¿?

Bien trajeado pone cara de bastante asco.

– Confirmado. No soy gay. Largémonos de aquí.

Quiero pensar que, de vez en cuando, Dos Grados y Bien Trajeado se mandan, aún, alguna que otra tarjeta por Navidad.

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8 comentarios to “Historia de Dos Grados”

  1. Meryflower Says:

    Y en realidad no me extraña, el gallego de Primer grado tiene cada historia… y cuenta algunas de los de Segundo grado…

  2. Canoso Says:

    Y realmente es necesario todo eso para salir de la duda?

    Yo firmo por tener la duda de por vida, a mi eso de bailar como que no me va.

  3. ergorrión Says:

    Mmmm, creo que sería una buena “anécdota personal” para subirla a un escenario. Y además terminar diciendo y quiero pedir una aplauso para dos grados que hoy a venido a mi espectáculo y señalar a alguno de tus colegas, jejejeje. Pues sí que es extraña la historia, ¿cómo desarmarle el armario a un desconocido?

    Por cierto si me ves contar la anécdota en alguna ocasión no te preocupes que no te señalaré.

  4. ergorrión Says:

    jor he escrito a venido sin ache h. toy dormío

  5. ergorrión Says:

    sigo tando dormío

  6. Microalgo Says:

    Es que es muy temprano, Gorrión. ¿Madruga o trasnocha?

    Me alegro de verla por acá, Meryflower. Prodíguese. Cuando vuelva de Italia, quiero decir.

    Y sí, Canoso. Es un tremendo impedimento, eso de la restricción bailarina. Yo tamopco me hallo en esas tesituras, así que ni lo intento.

  7. En tierra de nadie Says:

    Muy buenas, sr. Microalgo.

    Muy bueno el texto, es de agradecer alguien dispuesto a poner sonrisas en los labios ajenos, no abunda, no, el sentido del humor bien entendido.

    Encantada de haber pasado de Segundo a Primer Grado.

    bss

    ETDN

  8. Microalgo Says:

    Lo mismo digo, ETDN. Ya nos veremos, que esto de la blogsfera es a) un mundo y b) un pañuelo.

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