Fuego a discreción

Todo lo que hecho hasta ahora, preferiría que no hubiera sido hecho; cuando pienso en todo lo que he dicho, envidio a los mudos; cuanto he deseado, lo juzgo maldición de mis enemigos; todo lo que he temido, ¡justos dioses!, cuánto mejor fue que lo que he deseado (Lucio Anneo Séneca, Sobre la felicidad).


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Ven que te cuente un secreto



La lista de resoluciones que anoté hace poco tiene una grave falta. Una de las facetas de mi personalidad que necesito mejorar urgentemente es la discreción.

Pero el silencio es, en todas partes, algo que no tiene que dar cuenta (Plutarco: Cómo sacar provecho de los enemigos).

Cuando una frase sale de mi boca, parece destinada a expandirse por el orbe todo, y llegar hasta donde más puede hacerme la puñeta, cual torpedo nipón en la segunda gran guerra. Las salidas de contexto suelen ayudar mucho. Otras veces mis palabras son repetidas con la misma inocencia con las que lo haría el eco, pero caen en oídos o momentos inoportunos y ya.

La solución (obvia) es no dejar que esa frase que puede volver sobre mí, como esas clásicas armas aborígenes australianas, salga de la frontera establecida por mis cuerdas vocales. Pero es que tanta frase puede ser mal interpretada…

Que me den seis líneas de puño y letra del hombre más honrado del mundo, y encontraré motivo para hacerle ahorcar (Cardenal-Duque de Richelieu 1545-1642).

… que habría que ir por la vida como un ente silente para evitar estas cosas.

Bueno. Sea un término medio. No tengo los reflejos para pensar cuánto daño puede hacerme una frase mía dicha donde no se debe. No creo que nadie pueda, pero cuando una de esas caóticas válvulas me dirige a un lado o a otro sin mi consentimiento, siendo yo el origen involuntario del cambio (si bien no el artífice directo), me entra un cabreo del nueve largo con puntitos amarillos y linternas amarradas en los cuernos. No sé si me explico.

Tendré más cuidado. Simplemente eso es ser más discreto. Con eso me conformo.

Respecto al resto de las resoluciones, mañana empiezo las clases particulares de francés, me he grabado el curso de esperanto para ir haciéndolo en casa y el fin de semana estuve intentando tocar melodías simples al piano.

Poco a poco.

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14 comentarios to “Fuego a discreción”

  1. zoe Says:

    NO SE ME ESTRESE DON MICRO, NO ES PARA TANTO. NO ES TAN GRAVE LAS MAYORIAS DE LAS VECES…EN SERIO. ESCUCHADO POR UNO MISMO SIEMPRE PARECE PEOR DE LO QUE LE PARECE AL OIDO AJENO.

  2. Microalgo Says:

    Pué sé, pué sé…

  3. Arwen Says:

    ¿Qué habrá dicho esa boquita de piñón?….

  4. Irene Adler Says:

    La frase de Séneca que has puesto me recuerda a esas personas que, al ser entrevistadas, dicen siempre: “no me arrepiento de nada”. Es imposible no arrepentirse de nada. Y en casi todas las entrevistas alguien pronuncia esa frase tan inteligente…

  5. carrascus Says:

    … y la resolución de echarse novia pa cuando la va a dejar usted???

  6. Sérilan Says:

    Pero tan grave ha sido hombre de dios..??.Y no se ha parado a pensar en la cantidad de cosas que a veces nos callamos y lo agustito que se nos quedaría el cuerpo si las largaramos..??
    Pués eso..que no hay que darle a las cosas mas importancia de la debída

  7. margheritadolcevita Says:

    Lo que usted dice, Don Micro, no puede volverle en forma de daño porque tiene usted el corazón más grande del mundo, así que no piense esas cosas.
    De cualquier manera, no sé quién fue el que dijo que “uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.”
    Puaj, y ya me he puesto en plan “te quiero un güevo”. Mi siguiente comentario será como debe serlo: malo, perverso y ahí a jodé.

  8. Microalgo Says:

    (Mardita Dorshevita, si no la quisiera yo a Usté tanto)…

    Yo nunca sería un personaje entrevistable, Dama Adler, por lo que veo. Yo me arrepiento de muchísimas cosas. Asumo que están en el pasado y que son inamovibles (y tengo que vivir con eso), pero sí que escuecen a veces. Es parte de la vida darte cuenta (y reconocer) que has metido la pata. Quien no lo haga es, simplemente, un fanático.

    Tampoco se me preocupen, Damas Sérilan y Arwen. Saben que me quejo un poquito de vicio.

    Y querido Carrascus: eso no se hace como el que va a ver un piso… No tengo ganas de “ponerme a buscar”. No me apetece. Bastante tengo con el piano y el esperanto.

    Ooootra cosa: Para los residentes en Cádiz y aledaños: hoy, en las presencias literarias de la UCA, viene Juan José Millás. Quiero ver si en directo es capaz de mantener esa sonrisa con la comisura de los labios en perfecta horizontal.

  9. Akashiwo Says:

    La autoflagelación es una característica innata de cierto grupo de microalgas, pero estudios científicos revelan que no por mucho flagelarse desaparece el arrepentimiento en esas células. De hecho, es una claro síntoma de darse por vencida y muestra que la microalga ha decidido no dirigir sus flagelos hacia el centro del asunto para solventar la situación como ser unicelular y autótrofo que es.

  10. ergorrión Says:

    Pues me da a mi que eso de arrepentirse de decir algo es porque tiene usted en mucho lo que los demás piensen de usted, y claro, así es difícil no arrepentirse y progresar por los caminos del insulto creativo y el mecagontó cabreado.

    Por otra parte, yo tengo que decir que debido al perdón que le tengo a edades pasadas mi ser actual no se arrepiente sino en lo que a la actualidad se refiere. Lo que hizo ergorrión de dieciocho años le pareció magnifica idea argorrión de dieciocho años, y a veces no tengo más remedio que defecar figuradamente en ese joven que hacía las cosas sin pensar metiendo la pata a diestro y siniestro, pero yo no soy el responsable de ello, más bien soy el que sufre las consecuencias.

    Prometo ser mas corto en el próximo comentario y acercarme cada vez más al microcomentario querido microalgo.

  11. Microalgo Says:

    No se corte, Gorrión. Puede poner comentarios todo lo extensos que guste.

    Conocí a un chaval (vale, tenía casi ochenta años y yo quince, pero era un chaval) que me dijo un día que de lo que único de lo que se arrepentía era de las cosas que no se atrevió a intentar hacer. Que eran las que, a su edad, volvían para atormentarlo. Se llamaba Manuel Rogelio Aparicio Franco (me acuerdo de su nombre y de sus dos apellidos: qué cosas).

    Desde entonces (por ejemplo), siempre que me ha gustado una mujer se lo he hecho saber inmediatamente. Como comentaba en el post anterior, tal vez no sea la ¿táctica? ¿estrategia? (Benedetti, socórreme) correcta, pero prefiero meter la pata haciendo algo que meter la pata no haciéndolo.

    Y ya, luego, tendré tiempo de arrepentirme.

  12. Peter Says:

    Puede dolerte haber hecho dañi, puedes decir que hubieras preferido hacer otra cosa, pero si siempre lo hiciste proque creías que era lo mejor y sín ánimo de hacer daño a nadie, ¿porque has de arrepentirte? Te puedes arrepentir de hacer algo que, en el momento de hacerlo, sabías que estaba mal.

    Por otra parte, Don Micro, para su asunto de la discreción podía ser interesante que cuando le contaran una cosa así, como discreta, intentara olvidarla. O imaginar que la pone en un gran baúl de madera, lo cierra con llave y rompe la llave en la cerradura.

    De todas maneras, si no tuviera usté defectos, sería perfecto, y Dios ya hay uno.. (en japón 8 millones..)

  13. Microalgo Says:

    Me parece buena técnica, Peter. La pondré en práctica. A ver si funciona.

  14. Solrojo Says:

    Comentario a destiempo.

    Estimado Microalgo, conociendole como le conozco al igual que vos a mi creo entender al Juez que lleva usted en su interior y que le hace pensar y llegar a coclusiones.
    Y creo por un lado que la vida no es tan formalista como a veces la tomamos y no es que debamos tomarla a chufla pero nunca amargarnos tanto.
    Y por otor lado no creo que absolutamente nadie se pueda sentir ofendido por nada que usted haya dicho o echo. Todos tenemos momentos en que pensamos que no hemos echo lo que deberiamos pero nadie nos puede exigir que siempre seamos politicamente correctos con todo y todos somos humanos.

    Bueno va a parecer que soy un cura dando un sermón, pero es que a veces yo tambien soy asaltado por el mismo juez que dicta sentencia sobre mi comportamiento y hace tiempo que decidi vivir al margen de tales magistrados, no le podemos caer bien a todo el mundo y las aristas de nuestras personalidades no se rebajan. Somos como somos. y ya esta.

    Un saludo desde El Ejido.

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