Introducción a la pesca del cangrejo moro

Si las mujeres no existieran, créanme, me convertiría en un hincha del holocausto universal, me iría corriendo al cuartel general de la NASA y apretaría sin dudarlo el botón de la Gran Bomba (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).


eriphia.jpg

Eriphia espinifrons. Especie protegida.



La Caleta. Única playa del casco antiguo de Cádiz (cruce de caminos, crisol de culturas). Hace como un cuarto de siglo (¡Dios!). Mi hermano, un par de amigos suyos y esta Microalga, bicheando por las rocas junto al camino que hay desde el Balneario de la Palma hasta el Castillo de San Sebastián, donde está el faro. Glomus estaba entre los amigos de mi hermano así que él puede poner fecha, porque aún vivía en Cádiz y se fue en el… ¿84? Así que debió ser antes. Lo dicho: como un cuarto de siglo.

¿Recuerdas ese día, Glomus? Subió la marea y nos tuvimos que remangar los pantalones para volver a tierra firme desde las rocas…

Un viejecito, con la piel ennegrecida y arrugada por la sal y el sol, pescaba cangrejos moros. Entonces aún los había, escondidos en las diminutas cuevas de las piedras de la Caleta. El viejecillo ponía como cebo la carne de una lapa en la punta de un alambre. Me acerqué a ver cómo lo hacía.

– ¿Vé? Ce lo pongo por delante – me decía el anciano, pedagógico –. El cangreho ni ce mueve, el ihoputa. Ce lo acerco. Náh. Pero ahora voy y, dehpuéh de enceñárcelo, lo voy retirando poquito a poco… poquito a poco… como que ce le ejcapa… como que lo pierde… ¡Ahí’tá! ¡Ya zale! ¡Ya le ha metío mano a la lapa! ¡Jiún! Par zaco…

… y con lah muhere, muzasho, eh lo mihmo. Lo mihmo, lo mihmo, iguá-iguá.

Pese a su valor, no aprendí la lección. Nunca. No pude, o tal vez no quise.

Básicamente, el secreto parece estar en la finta. Hacer como que. Engañar, ocultar, simular. Marcar una dirección y, repentinamente, cambiarla, sabiendo a dónde se quería ir desde un principio. Representar un papel, actuar. Fingir enfado o indiferencia, demostrar interés por otra persona en presencia de la mujer a la que queremos seducir.

Me niego a hacerlo, y así me va. Cuando me ha interesado una mujer ella lo ha sabido sin asomo de duda (el pecado que cometió Cyrano me ha parecido siempre imperdonable), y ella ha tenido la certeza de que, si quería, me tendría (y no para un polvo rápido: me tendría para bastante más que eso). Y así he permanecido hasta que la desesperación o la historia han hecho que me diera la vuelta. El esfuerzo para sacarme del corazón a esa mujer (hasta ahora nunca más de una mujer cada vez, qué quieren, así me han dibujado), normalmente implicaba que no había marcha atrás (normalmente, repito). Y algunas veces, al notar la indiferencia o, directamente, mi desaparición del mapa, entonces el desdén (o el miedo, o la indecisión, o simplemente la no-atracción) desaparecían, y yo me volvía atractivo a los ojos de esa mujer, que comenzaba a mandarme señales. Cito al Boloñés Magistral:

“Triste es el hombre que sólo ama las cosas cuando se alejan” (Stefano Benni: Baol).

Con una única excepción, ya era tarde. Tal excepción estuvo conmigo, después, nada menos que ocho años. Y si fue una excepción es porque fue y es una mujer excepcional.

El esfuerzo de colocar esa frustración en el archivo de mi memoria, y de aprender a lidiar con ella (la vida no debe ser otra cosa que administrar las frustraciones y saber convivir con ellas sin volvernos majaras) supone para mí una suerte de encallecimiento que implica la práctica imposibilidad de una vuelta atrás.

Ya ven: el alegre Microalgo va por ahí aplicando el protocolo absolutamente erróneo, para variar. Habría que hacerlo sin sentirlo, mintiendo y, después, aprovechar que el cangrejo ha mordido la lapa. Y al saco. Un cierto porcentaje de éxito asegurado. Con repetir el truco las veces necesarias, cae el número de mujeres esperado. Hay verdaderos maestros en eso de llenar el saco y de poner un sello junto a la carlinga del avión por cada cangrejo moro derribado. Les basta aplicar el protocolo correcto.

Qué pena. Pero en fin, esta microalga es como es. Y cuando quiere a una mujer, lo hace de manera estúpida y total [sic], casi (o sin casi) religiosamente, colocando el ara donde Microalgo reza (único lugar, además, donde lo hace) sólo (sólo) dos dedos por debajo de un único ombligo, contraviniendo así todos los manuales de autoayuda escritos por psiquiatras estadounidenses casados con ricas herederas a las que ponen los cuernos a la primera ocasión, en pro de su propia estabilidad emocional.

Mentir para llegar a ese ombligo es un sacrilegio. No me sale la premeditación ni ese tipo de alevosía (y sí el tipo al que canta Aute, que es muy otro), y (lo dicho): así me va.

Y tal vez (confesémoslo), hay también un punto de orgullo en ello. De ese orgullo que (de nuevo) tanto supongo que denostan algunos manuales de autoayuda. Si no me has querido así, no es un tipo como yo lo que mereces. Lo que tendrás es un imbécil que aplique el ritual de rigor y que te dé un par de puntazos y listo. Si era eso lo que buscabas (líbreme Manitú de convertirme en un censor), de acuerdo. Me parece bien. Si no, no me vengas luego a llorar y a decir que qué mal te han tratado, y a darme la murga durante cuatro meses con tu desamor. Bastante tengo yo con el mío y el problema de ubicar en mi almacén cerebral la idea de que te tumba un tío lo suficientemente cabrón como para engañarte, aunque yo vaya a morir sin saber a qué saben tus labios, cuando moriría por hacerlo (lean el final de la frase anterior, de la que se deduce que no tengo escapatoria) (Benni siempre tiene una frase hermosísima a mano y al caso):

“Pensé:
si me besa me muero
Pero ay, me perdonó la vida”
(Stefano Benni: Margherita Dolcevita).

Tch. Siempre me acaba salvando el buen humor. Menos mal que la Naturaleza me ha dado ese asidero. Si no, correría con Walter Arias (protagonista del libro de Benítez Reyes de la cita inicial) a darle al botón.

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9 comentarios to “Introducción a la pesca del cangrejo moro”

  1. Teodoro Says:

    Estaba pensando, señor, en algunas de esas parejas amigas suyas cuya contemplación devuelve la fe en la palabrita de cuatro letras de cuyo nombre no quiero acordarme, y en si sus historias comenzaron con oblicuidades como las que recomendaba el viejito caletero. Usted sabe bien que su protocolo, aparte de inevitable, no es tan equivocado.

    Por otra parte, el chocolate con churros le salió exquisito.

  2. Sérilan Says:

    No se lamente de ser como es amigo Micro, ni se arrepienta. Usted es grande, sencillo, sincero…Muestra lo mas profundo de su interior con las palmas de la mano mirando hacia arriba, sin recovecos, sin palabras engañosas, sin hipocresia. Que no supieron darle a todo eso el valor merecido..?..no desespere, quedan pocos hombres transparentes como usted a la hora de enamorar a una mujer, o puede que yo a base de toparse siempre con estupidos engreidos insensibles hipócritas y cobardes asi lo crea.
    Lástima..que mal repartido está siempre el mundo. Pero no desespere, llegará esa mujer que sepa apreciar la calidez de alma que tiene, las demas, las anteriores, dejelas estar, ellas lo perdieron y seguramente al final toparon con alguno de esos estupidos que antes mencionaba, es lo que merecen, como tambien mis estupidos engreidos y falsos tienen la mujer que merecen, bueno en algunos casos mujercillas que por no tener no tienen ni presencia, alguna pasará por el mundo sin ser vista.
    A la porra todos ellos..!!!..y a vivir Microalgo, piense que el que rie el último rie más y mejor. Un Beso

  3. Glomus Says:

    Inteligencia rima con supervivencia y en ambos conceptos se esconde, cual migala agazapada, la capacidad de adaptación. Considerate en stand-by y disfruta de tu situación porque tú has marcado las reglas del juego. Y si no estás a gusto, cambialas. Son tuyas y sólo a tí te atañen. De todas formas, es un tema en el que no caben los consejos. Pero te aseguro, desde la escasa perspectiva de mis 41,99 años, que no es casualidad que felicidad, fugaz y follar empiecen por la misma letra.
    Por cierto. Me fui de Cádiz un 11 de julio de 1983 (San Benito, Abad y patron de Europa).

  4. NáN Says:

    Anda que no está usted bien ni ná. Y si estuviera mejor de otro modo, lo estaría. Seguro que el Benito ese que tanto cita también tiene una frase para eso.

    Porque eso que cuenta es válido para la caza; y a por otro o por otro. Aunque es cierto que en las primeras fases, marcar distancias pica lo suyo a la otra parte. Un polvo rápido y a otra cosa.

    Son técnicas de hijoputa y, para esas lides cortas, se llevan lo mejor. ¡Qué hijoputas!

    Pero luego pasa el tiempo y se ve que no era lo mejor, de descompuestos que están. Que de cangrejitos no vive el hombre, aunque sean muchos.

  5. Arwen Says:

    Verá usted, Micro, yo soy mucho más sencilla para las cosas del amó. Para mí todo se resume en una primera mirada y en un primer encogimiento súbito de tripas. Si eso ocurre entre dos personas, ya no valen ni tiras ni aflojas, ni echame patrás esas lapas… Ya no hay quien lo pare.
    Sólo hay que esperar que ocurra. Y desearlo.
    P.D.: Creo que el fletán está más bueno rebozadito y con ajito

  6. insecto Says:

    Querido Microalgo,
    pese a que yo no había nacido cuando usted vivió la anécdota con el viejecillo, quiero que sepa que, si lo nuestro de antemano no fuera imposible, en el caso de que usted quisiera (o quisiese) acercarse a mí tal y como usted, según cuenta, suele hacerlo; yo tendría a bien caer rendida a sus brazos.

    Invertebradamente suya

  7. Microalgo Says:

    Gracias, Insecto Palo. Es un piropazo, viniendo de Usted.

    Arwen tiene razón, pero últimamente las tripas son un tanto unilaterales… pero ni se me preocupen: como dice Nán (y decía mi amigo Fran Medina), yo vivo de manera absolutamente lujosa, sin nadie que me preocupe ni me tenga el corazón al retortero (como un hijo, por ejemplo), sin tener que supeditar mis decisiones a nada ni a nadie… si lo miran fríamente (ya habló Polianna), no puedo perder: ahora estoy de lujo, y la cosa sólo puede ir mejorando… (que se calle Wellington).

    Así que, Sérilan, no se entristezca. Hay días más chungos, pero, como leí que le pasaba a Fernando Quiñones, el no poder tener la cabeza en una cosa mucho tiempo implica que tampoco se queda en las penas más tiempo del debido.

    No digo que no lleve Usted razón, Glomus. Por cierto, que lleva Usted muy bien sus tres docenas y media. Y con “efe”… ¡¡también fagocitar!! (recuerden que soy unicelular).

    Y el chocolate en ese barecillo que hacía tanto que no frecuentaba (y los churros, el chocolate y el cafe SOLO (qué cabeza) me supieron a gloria). Cuando las cosas se enderecen la querría ver, Teodoro, sumada a la lista de ya sabe qué. Y a alguna más. Gracias por ese rato.

  8. ergorrion Says:

    Vaya cuántos amigos aficionados a psicólogo tienes microalgo. Menos mal que en una sola célula no caben muchos consejos. Buen artículo, lástima que sea mentira.

    No creo que usté siempre haya echo iguá, en las cosa del amó como en tó, se evoluciona, y se recae una y otra vé y si ahora es usté asín, despué de un día o do pensará de otra manera. Tamién cabe la posibilidá de hase como el artista del hambre de kafka y perfeccioná el sufrimiento a travé del amó durante año y de relación en relación para sé er que má sufre por amó der mundo Dió, pero pa eso no hay que sé tan flojo como semo lojandaluse.

    Bueno basta de pamplina, que un saludo y ya me verá usté por aquí de cuando en vé.

    Por sierto me gusta dá er coñaso y yo tamién estoy dejando de fumá :) asín que no tomarme mú en serio.

  9. Microalgo Says:

    ¡¡Hola, Gorrión!! Qué bueno verlo por acá.

    Lo del post ocurrió tal y como lo cuento. La efectividad del protocolo será, supongo, lo que pone Usted en duda. Y bueno, no he hecho un estadístico comprobando el porcentaje de éxito, pero con estas concentraciones pigmentarias fotosensibles (las microalgas no tenemos ojos, pero tenemos fotorreceptores), que han de degradar las bacterias, he visto cosas que no creerían Ustedes (atacar naves en llamas en la puerta de Tanhauser, por ejemplo).

    Sí le doy la razón en que uno siempre evoluciona, y que lo que hoy parece correcto mañana parecerá una pamplina… pero también es cierto que una postura vital muy arraigada tarda en cambiar, y a veces no cambia. Para bien o para mal.

    Las cositas que tiene el bushido de las narices.

    ¡Abrazotes!

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