El destino de los otros

La gente sin teorías sólidas es peligrosa, porque las teorías son nuestro único mecanismo de defensa ante las teorías demenciales de los demás (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).

A lo mejor ahora las cosas han cambiado y desfilar se ha convertido en un ejercicio de inteligencia. Tendrían que explicarnos por qué (y jubilar a la cabra: es incompatible seguir seriamente a una cabra con gorro y mantenerse lúcido) (Juan José Millás, El País, 26 de Mayo de 2000).


sotana.jpg

Buuuuuuhhh



Hace unos días tuve familia por casa. Un hermano de mi padre, su mujer, una hija de ambos, el marido de ésta y los dos niños pequeño de estos últimos. Una patulea cenando en casa (si sumamos mis padres y yo mismo). No importa, en la mesa de mi salón hemos zampado dieciséis personas (es el récord), así que poco más de la mitad de esa cifra cabíamos con holgura.

Daba gusto ver a mi padre y a mi tío, que siempre fueron uña y carne, hablar de la vida y la muerte y estar de acuerdo en casi todo (y se ven poco). Y recordé cuando los veía juntos en el pueblo en el que estaba la casa de mis abuelos paternos, El Ejido.

Este pueblo ya no es lo que fue, y no volverá (es obvio) a serlo nunca. La ambición desmedida de gran parte de sus habitantes lo convirtió, a finales de los ochenta, en el pueblo que tenía la renta per cápita más alta de España… y la tasa de suicidios más alta de Europa. Cosas del cultivo temprano de la hortaliza bajo plástico, qué quieren que les diga.

Rebullendo en el recuerdo, encontré uno fascinante, del que mi padre y mi tío no tenían memoria porque ya no vivían en El Ejido en esos años: sólo pasaban por vacaciones.

Cerca de la ya desaparecida casa que mi abuelo Pepe construyó con sus propias manos había una placita que ya ha desaparecido también. Un día, tendría yo unos seis o siete años, pasé por allá y vi a una madre con su hijo, que sería algo menor que yo. Paseaban de la mano (eso, a esos años, empieza a ser una ignominia), y él iba vestido de sotana. Vestido no, perdón: DISFRAZADO con una diminuta sotana. Siendo Semana Santa (siempre íbamos allá por esas fechas, y a Toledo por Navidad), pensé que pertenecería a alguna cofradía… pero en el pueblo no salía ni un mal paso y, por entonces, no tenía aún ni ayuntamiento propio (era una pedanía de Dalías, un pueblo que se ha quedado enano ahora frente al monstruoso crecimiento de El Ejido). Cuando llegué a casa se lo comenté a mi abuela.

– Ah, sí, es Fulanita, la pobre. Es que hace años le hizo una promesa a San Zutanito, San Zutanito le concedió lo que ella pedía y como le prometió que a su primer hijo lo haría cura, pues ya ves. Desde que tenía días lleva sotana el crío.

– Jo. Pues ya podía haber prometido freírse una teta y dejar al niño en paz.

Mi respuesta escandalizó a mi abuela, aunque luego se hartó de reír. Qué cosas tiene este Microalguete, decía la anciana, que en paz descanse.

El que no creo que se riera mucho es ese (ahora) hombre, que debe andar cerca de los cuarenta. Espero fervientemente que se haya hecho punky o funambulista o fabricante de matasellos… cualquier cosa excepto seguir de sacerdote. Imagínense. ¿Qué mente no quedaría perturbada después de que una madre con tal desquicie (la de Psicosis sólo tenía sus manías leves, comparada con ésta) le obligara a uno a llevar sotana y ser casto y puro desde el mismo día en que uno nace?

No sé cómo acaba la historia. Muy bien no pinta. Pero ante el hueco abisal de nuestro desconocimiento, démosle un espacio al optimismo: El niño descubre, en plena pubertad, que frotarse es estupendo, y si es contra alguien que te guste, mejor; la madre lo sorprende con la pequeña Edelmira Sánchez en el cobertizo jugando al “tú la llevas” aunque siempre “la lleva” Edelmirita; la madre se infarta bastante y fallece un tanto; una vez huérfano (o no hay padre o no merece la custodia, por dejar que la madre hiciera esa barbaridad de ensotanar a la criaturita desde la cuna), el crío pasa a vivir con su tío abuelo que es cónsul y así transcurre su juventud entre Bruselas, Nueva York, Tananarive y Ulan Bator; el chico descubre su facilidad para los idiomas y al cabo de veintimuchos años coincide en la ONU con una bellísima traductora (que sea o no Edelmirita-tú-la-llevas ya depende del pasteleo tipo Meg Ryan que le quieran poner a la cosa), y se aman tela marinera, teniendo ambos una pequeña fijación (disculpable) por los cobertizos y por vestirse, alternativamente, con una sotana.

Literalmente, amén.

Es eso o la pederastia, no hay casi alternativa.

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16 comentarios to “El destino de los otros”

  1. Peter Says:

    Hay una cosa llamada vocación. Y no puede ser impuesta. Aparte de esta “promesa”, nada me apena más que los padres que quieren lograr sus sueños personales forzando a sus hijos.

    Espero que el niño ese, ahora, sea feliz. Aunque sea cura.

  2. Glomus Says:

    Halaaa, ya nos estamos metiendo con la agricultura…! La tasa de suicidios más alta de Europa está en Finlandia (poca horticultura temprana por allí, quizá algún hierbajo fumable cultivado bajo bombillas). Yo creo que la piradera mental se debe al viento, que también abunda en El Ejido, y no a los tomates y pimientos, honradas solanáceas. Yo cultivo con mis alumnos anualmente un huerto y lo más raro que he hecho (confesable) es llegar a la meta del Maratón de París enarbolando una bandera del Cádiz C.F…

  3. Glomus Says:

    En honor a la verdad, no era una bandera, era una bufanda que además, me regaló Microalgo. Así que es curpa zuya…

  4. Microalgo Says:

    Uh, como país, sí que está por allá arriba el récord (dada la poquita luz que reciben los pobres y las depresiones que se pillan por ello). Pero como municipio sí que lo era… y lo llevaban a gala (?). Uno de los métodos de suicidio más frecuentes allí era la ingesta masiva de pesticidas en forma líquida. Dado que Usted se dedica a la agricultura ecológica, ese riesgo se minimiza, Glomus. Como mucho uno puede morir por empacho de berengenas.

    Lo que dice Peter es cierto. Y la fe es un don. A mí Dió Nuestro Señó no ha tenido a bien concedérmelo. Culpita suya, a mí que no me digan luego.

    De todas maneras, no me digan que no debe ser un horror despertarse (de la infancia inconsciente y oceánica, por ejemplo) y verse vestido de cura. Prefiero encontrarme, al despertar, con un dinosaurio (incluso).

  5. Akashiwo Says:

    Es muy fuerte. De todas maneras, no veo tanta diferencia al hecho de dirigir a un hijo al sacerdocio de esa manera que “incitarlo” desde la cuna a que sea futbolista (o deportista de cualquier disciplina), cantante, artista de varietés… Tristemente se me ocurren numerosos ejemplos de personas (personajes) anónimos con esas cuitas. Como siempre los hijos acaban pagando los pecados y frustaciones de sus progenitores. Ahora que lo pienso…si me da por procrear (Buf!) ¿porqué pecados cometidos por su alga madre harán penitencia esas pobres criaturas?

  6. Microalgo Says:

    – “Mamá, no me guztan laz micdoalgaz eztuádicaz”

    – ¿¡Cómo!? ¡¡¡Despídete de tu herencia!!!

  7. carrascus Says:

    Pues no sé porqué el chaval ese no iba a seguir con la “vocación” impuesta por su madre, con lo bien que se debe vivir siendo cura…

    Con respecto a lo de los suicidios en El Ejido, corríjanme si me equivoco, pero tenía yo entendido que se debía más bien a cosas del maldito parné.

    Resulta que con su aumento de renta, pasó lo que al panal aquel de rica miel, que diez mil moscas acudieron, reconvertidas aquí en prostitutas de origen ruso, muy bellas y estilizadas, y además ávidas de encontrar marido o pretendiente que les pusiera un piso, por lo que los especímenes masculinos de la población comenzaron a dilapidar con ellas sus altas rentas y los préstamos bancarios que siguieron a éstas, y… ante la situación de tener que enfrentarse a directores de banco, sociedad pueblerina, parienta, hijos, vergüenza propia, etc, etc, optaron por la solución definitiva…

    Con lo bien que hubiesen estado siendo curas… que incluso tienen picadero propio y no tiene porqué enterarse nadie…

  8. Microalgo Says:

    Pues sí, y más cosas de peor calibre que una señorita de compañía con tendencias bolcheviques y la idea fija del reparto del capital acumulado.

    Para que se hagan una idea, el juego de cartas que se estilaba, en aquella época, por ese pueblecito que parecía del Oeste (empezó siendo una agrupación de casas a la vera de la carretera nacional) se llamaba “los montoncitos”. Siendo n el número de jugadores, se hacía un número igual de montones de cartas boca abajo, con cortes previos y sucesivos. El que saque un rey gana para sí la banca (es decir, que ésta pasa de unos a otros involuntariamente). Se pone dinero sobre un montoncito de cartas y se dan la vuelta. La banca cobra o paga, si supera (o iguala, en caso de empate la banca gana) o no a cada montón. Fin de la mecánica del juego.

    Al parecer, en pocos minutos han volado cientos de millones de pesetas en “los montoncitos”. Si uno es la banca y cinco jugadores apuestan fuerte, en caso de que la banca pierda, pierde mucho. Muchísimo

    Fíjense que en este juego no hay táctica, no hay valoración de la habilidad del jugador… ni tiempo para retirarse si uno va perdiendo. En diez segundos puedes perder el trabajo de los últimos diez años. Cuando eso le pasaba a alguno, se iba al invernadero, cogía un bote de Dieldrin, y a tomar por saco.

    Si te gastas cien millones en putas rubias de uno noventa y cinco, pues mal hecho, pero… eso que se lleva el cateto a la tumba. Pero lo otro sí que tiene delito.

  9. Margherita Dolcevita Says:

    Peter tiene razón, la boca-ción es la boca-ción y si no fíjese en mí: a mi edad monja, sin saber lo que son los placeres de la carne, del arcooohooó, ni ná de esas cosas que prepara un amigüito nuestro ni ná. ¿Por qué? Porque yo tengo boca-ción y vaca-ción y una sotana en el armario que el día que salga de él se nos hunde la Capilla Sixtina y tó.

    ¡Anda ya!

  10. javi brasil Says:

    Lo que no entiendo muy bien de tu historia es pq disocias el que en la actualidad ese hombrecillo sea sacerdote con que le guste frotarse. No hay más que leer la prensa.

  11. Microalgo Says:

    No lo dudo. Una papisa negra de lo más destructivo, sería Usted.

    ¡¡Yíííjaaa!!

  12. Microalgo Says:

    Ya, Brasil, es cierto.

    Pero lo mismo que sería incompatible que un dirigente del Partido Comunista se estuviera forrando a base de dirigir un banco con préstamos al 19% de interés para clientes sin nómina, un sacerdote no debería frotarse contra las personas con lúbricas intenciones, aunque sólo fuera por cuestión de coherencia. La prensa, lo que nos dice todos los días, es que vivimos en un mundo incoherente.

    (La frase de Millás en una de las citas de inicio acerca de la cabra con gorro es para enmarcarla, y viene a decir lo mismo)…

  13. flavia Says:

    Me ha encantado-horrorizado tu historia.
    Y me ha venido a la cabeza la imagen del niño asotanado y la madre sotanadora en casa de la modista, midiéndole al chiquillo los brazos y las piernas y el cuello cada año, quizás dos veces -una sotana para el frío y otra para el calor-, y una diciendo “yo creo que mejor con más botones”, y la otra “ay, quita, quita, que para lo que le duran no hace falta ponerse en tanto gasto”, y el niño “me aprieta en el cuello”, y las dos a la vez “anda que no es quejica”, y unas risas ellas, y unas lágrimas él, y Edelmirita en la calle, esperando veinte años.

  14. Solrojo. Says:

    Solrojo (Un ejidense)

    Estimado Microalgo:
    Posiblemente Microalgo era muy niño y no se fijo, que en realidad todos los chavales (zagales nos llamabamos entre nosotros) llevabamos una sotana como vestuario diario, de hecho yo la mia aún la conservo.

    Tengo que decir que a pesar de ello tengo nostalgia de aquel pueblo mio, aunque pareciera sacado de las cronicas de la España Negra libro que podria firmar Perez Reverte, Millas o cualquier otro autor, pero que no era muy distinto de los demas pueblos de la zona o del resto de España, y en la que yo pase una infancia feliz.

    En la actualidad es una ciudad de mas de 80.000 habitantes y en vez de sotana, vinieron a actuar sus satanicas magestades (The Rolling Stones) llenando el estadio, con muchisima gente del pueblo.

    En cuanto a los suicidios desaparecieron espontaneamente en el momento en que vinieron al pueblo cientos de rusas (no todas eran prostitutas) y como consecuencia de ello cientos de jovenes tienen un apellido ruso (el de su madre).

    La renta “per capita” al igual que el precio en origen de los tomates esta en clara recesión, sin embargo las Agencias de Viajes hacen su agosto en cualquier mes.

    No se como lo paso nuestro estimado Microalgo en mi pueblo durante su estancia, pero intuyo que se llevo una mala impresión, espero que esto no le haya traumatizado ni modificado su personalidad, ya se sabe que las vivencias de la infancia tienen malas consecuencias.

    Un saludo desde El Ejido.

  15. NáN Says:

    ¡Pues me ha fastidiado Solrojo!

    Porque estaba muy contento de poder darle santo y seña de su chavalillo. Es una Drag Queen que se hace llamar La Curica y trabaja en un local que frecuento. Es muy cariñoso, al menos conmigo. Y aunque no hablamos allí de dónde venimos ni adónde vamos, el acento le delata que es de la zona. Siempre dice, a quien se interesa por su manera de vestir, que iba así desde chiquitina.

    Pero después de lo que ha dicho el natural del pueblo de sus antepasados, Don Micro, cualquiera puede ser El Elejido.

    ¡Vaya por Dios!

  16. Microalgo Says:

    Gracias de nuevo por su paso por acá, Solrojo, donde es siempre bienvenido.

    No tuve más trauma en mis visitas a El Ejido que la carcoma de la cama de la casa de la abuela. Es más, me encantaba ir por allá porque en Cádiz no teníamos familia y allá nos juntábamos una buena patulea de primos. Además, me libraba así de las Semanas Santas, cuya estética tétrica no me ha gustado nunca. Pero la parra de mi abuelo y su patio insolado son recuerdos estupendos. También recuerdo a mi padre y a sus dos hermanos acabando con un saco de habas frescas y un jamón. Uno de los tres (mi tío Pepe) ya ha fallecido, y mi padre y mi otro tío lo recordaban con mucho cariño. Cuando hace unos días se reunieron en Cádiz y hablaban de él, luego se quedaban los dos callados, mirando al vacío durante unos segundos, recordando.

    Desconocía lo de las sotanas generalizadas (único lugar en el mundo, que yo sepa), y no recuerdo haber visto a más niños con ellas puestas. Eso sí, lo de la promesa de la madre aquella que me contó mi abuela lo recuerdo perfectamente (lo que no sé es si era costumbre por allá, no conocí más casos).

    Es cierto que El Ejido ha cambiado mucho (yo hace un milenio que no voy por allá). Y no dudo de que la población del Este le haya dado cierto swing a la localidad. La mezcla de razas siempre mejora el producto. Eso lo saben… hasta los botánicos.

    Su final de la historia también me gusta, Nán. Sería digno de Fernando Quiñones.

    Abrazotes!!

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