Torbellino de amor

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Un cuadro en un museo probablemente oye más comentarios necios que ninguna otra cosa en el mundo (Edmond y Jules de Goncourt, escritores franceses, 1822-1896 y 1830-1870 respectivamente).

Se partían de risa un par de amigos míos al recordar a un conocido que, al ser interpelado con un “la gente lo que quiere es…” cortó la conversación con un rotundo “¡¡la gente no tiene criterio!!”

La frase les hizo tanta gracia que les estampé unas camisetas con dicha leyenda en la espalda.

Hay una noticia en El País de hoy en la que se informa de que un inglés que no logra que le editen sus novelas se empeñó en demostrar que los editores tienen menos criterio que una lata de alcachofas. Transcribió “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen, le cambió el nombre por “Primeras Impresiones”, usó el pseudónimo de Alison Laidee para la supuesta autora y lo envió a dieciocho editoriales. Diecisiete lo rechazaron por poco interesante, y sólo una le recomendaba que comparara el libro con el de Austen, porque encontraba algunos parecidos.

Si los editores son gente, habrá que revisar la carcajada de mis amigos.

El hecho me recuerda a ese grupo de gamberros que colaron un cuadro pintado por ellos mismos (un trazo espiral con una escotadura en la parte superior, semejando un corazón), con una brocha gorda y pintura acrílica, en el Guggenheim de Bilbao. Lo llamaron “torbellino de amor”

Se sentaron en un banco frente al cuadro, y con una pequeña videocámara se dedicaron a grabar los comentarios de la gente que se paraba a mirar el cuadro. Creo que estuvieron unas cuatro horas hasta que un guardia de seguridad se mosqueó y los descubrió.

Para echarse a temblar. ¿Será, pues, cierto que la gente no tiene criterio?

En todo caso, a aquél que escriba y se vea rechazado en las editoriales, valga este comentario para infundirles ánimo. Jane Austen no se habría comido un colín hoy día. No están mal acompañados.

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Una respuesta to “Torbellino de amor”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    # A ver si va a ser verdad que carecemos de juicio propio y nos limitamos a ejecutar lo que nos dicen… ¿nos habremos formado como personas sin criterio…?

    Comentario de Carrascus.

    # Sé que estoy muy sola en mi aversión hacia cierto artista muy considerado en la actualidad, pero seguro que el cuadro de tus gamberros no tendría nada que envidiarle a alguna de las perlas que ha perpetrado Tapies.

    Comentario de Arwen

    # Seguro que no, Arwen.

    Y en cuanto al comentario de Carrascus… no sé: en ciertos ámbitos sé que no tengo más criterio que mi propio gusto (en la poesía, por ejemplo): hay cosas que me gustan y cosas que no, y no sé si mi gusto coincidirá con la calidad reconocida del autor. Y reconozco que no tengo base sólida para argumentar mis preferencias.

    Pero en el campo que más le compete a Usted (la música) (o por lo menos, la faceta por la que me es Usted más conocido), sí que tengo un criterio bastante sólido, que no se avergüenza de diferir del gusto generalizado. Si oigo una base machacona de persusión sintética mientras una gangosa inoperable repite como un mantra…

    “Papi-papi… papi-chulo… papi-papi… papi-chulo…”

    … me veo capacitado para emitir una opinión basada en mis propios e intransferibles criterios, y condeno la cosa al olvido, que no es total porque, como suele pasar, lo que aborrecemos vuelve a aflorar en el centro de nuestras pesadillas. Qué más quisiera yo que.

    Comentario de Microalgo

    # Yo creo que es más bien el arte el que no tiene criterio… (de esto, la experta es la tiza). De todas formas, es curioso cómo ciertas manifestaciones artísticas (por ejemplo, innovaciones en pintura) se digieren mejor que otras (por ejemplo, innovaciones musicales).

    Comentario de Lola

    # Aunque no lo queramos reconocer, cada persona tiene su propio criterio totalmente propio y ajeno a influjos. Lo que es realmente prodigioso es cómo esa amalgama de libérrimos criterios propios coincide en tantos aspectos y entre tantísima gente. Es increíble, un milagro de la inalienable libertad del individuo. Por eso es que todos tenemos un televisor frente al sofá, vemos masivamente los mismos programas, leemos (decimos haber leído) a Proust si semos cultos o a J.J. Benítez si no lo semos. Todos vestimos con tejanos y nos encanta Amaral (¡joer tío qué buenos!) o Radiohead (¿has apreciado sus tesituras sonoras?) mientras votamos al P… o al P… (bueno, si eres realmente audaz votas a I…) o pensamos que la democracia es el mejor de los sistemas si somos Demócratas o el menos malo de los sistemas si una vez quisimos ser outsiders (qué guay)
    Por eso me fascina nuestra libertad individual, porque en buen uso de ella, cada individuo ha llegado un grado de sofisticación en su criterio en el que nos hemos encontrado todos desde tan dispares puntos de partida.
    Definitivamente la gente TIENE criterio… y conste que lo digo con mi propio criterio… ¿no creen?

    Bibliografía:

    – Quintana, Ana rosa. Tu Filosofía tú misma: Crea tu Propio Criterio a la Última. Ed. Teddy Bautista. Tomelloso: EDICIONES QUINTANILLA, 2007

    Comentario de Yinyerbeiquer

    # Yo no me extrañaría tanto.
    De pequeñitos, acabamos acudiendo a los criterios generales para aceptar las cosas de una vez y no eternizar la educación: un enchufe es un enchufe y da latigazo con independencia del tamaño y el color de lo que rodea los agujeros.

    Luego está el criterio de la Autoritas: “¡Nene, no toques el enchufe que te quemas!” (y ya sabemos lo que es quemarse).

    Aprendemos también cómo nos han de gustar las mujeres o los hombres según las épocas. Todos decimos qué buen rioja, pero nos podrían meter un valdepeñas en esa botella y no nos enteraríamos.

    En fin, como el mundo es grande y diverso, aceptamos toda una serie de cosas de la Autoritas para poder dedicar nuestra libertad, tiempo y criterio a aquellas pequeñas cosas que nos interesan. Me niego a ser un experto en todo y tener que ir a 1000 conciertos de jazz al año para diferenciar bien (como los vecinos de la fila de atrás la otra noche en el de Wynton Marsalis). Sé por la autoritas que es bueno, fui y me lo pasé estupendamente (aunque el segundo trompeta de la derecha entrara un poco tarde, no engo capacidad para captar eso en la tormenta sonora que me metía la dulzura en el cuerpo).

    Y dicho eso (que creo que somos poco originales y nos pueden meter gato por liebre muchas veces pero tenemos que fiarnos), creo que Duchamp tenía razón cuando, agotado el camino del arte como modo de transmitir una realidad que se transmitía por otros medios, el arte es lo que nos hace pensar “y es arte lo que el artista dice que es arte” (¿y quién es artista?… ¡el que hace arte!)

    Y además, los 17 que rechazaron el libro de Jane hicieron bien, porque escribir hoy ese libro es escribir un libro que es del pasado y se nota. Y la editorial que le dijo que comparara, creo que tuvo sentido del humor, porque claramente le habían pillado… o hablaron de oídas y son buenos recordando “la música, aunque no la letra”).

    Los profesionales que rechazan lo que “huele a pasado” son buenos profesionales. Lo malo es que siempre se rechaza, como sabemos por las anécdotas, “lo que va a ser el futuro”, y no siempre Proust consigue que le publiquen “el tiempo perdido”.

    ¡Ese es el verdadero problema! (creo) Que por la falta de criterio, que no podemos evitar, nos perdemos seguro las mejores obras literarias, porque al ser “diferentes” serán casi siempre rechazadas.

    (ah… je, je, jé, me encantan los muros de tapioles, pero ejerzo la diezmilésima parte de criterio que me corresponde para rechazar a Dalí desde que vi varios cuadros de él juntos, ¡con lo bonuitos que eran en las ilustraciones). Pienso mucho delante de unmuro de Tapies. Sí, señor (o señora). Pero estoy seguro de que, como por suerte no tenemos criterio en millones de cosas, podríamos entendernos a las mil maravillas y pasar juntos un día estupendo. (Y es que ser listos todo el tiempo, además de imposible, sería una estupidez).

    Comentario de Azagato

    # Azagato, ha hablao ud lavangelio. Y estaba a punto de abandonar mi propio criterio hecho a sí mismo para abrazar el suyo cuando he visto en las noticias inmensas colas de adolescentes de entre 14 y 60ytantos disfrazados de no sé qué y guardando cola para comprarse el último libro de Jarri Potas entre histerias y convulsiones colesctivas… y me he retraído. Como se retrae un adminículo introducido en las frías aguas de una playa atlántica. Pero no hay nada que no recomponga el calorcito de la relectura de un comentario inteligente.

    Comentario de Yinyerbeiquer

    # Si es que el mundo, yinyerbeiquer, es loqués; y nos come en cuanto nos despistamos. Hasta nos dicen a qué hemos de tener miedo. Luego nos hacen una encuesta y el 78% aprobamos, dando las respuestas acertadas.

    Sé que es largo, y que mucha gente conoce la historia, pero por si alguno no copio una historia de un tipo con criterio (aunque seguro que en muchas cosas la pifiaba):

    la siguiente famosa historia narrada por Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908 …

    Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

    Leí la pregunta del examen y decía:

    Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro. El estudiante había respondido: llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ató una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.

    Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.

    Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

    Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada.

    Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: tomo el barómetro y lo lanzo al suelo desde la azotea del edificio, calculo el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la formula altura = 0,5 por A por t^2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota mas alta. Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

    Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo: tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del Edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

    Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?.

    Si, contestó, éste es un procedimiento muy básico para medir la altura de un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo.

    Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

    En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de precesión.

    En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del portero. Cuando abra, decirle: “Señor portero, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo”.

    En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar. El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de física en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

    Comentario de Azagato

    # … y un pejiguera de mucho cuidao…

    Comentario de Carrascus

    # Lo que siempre me gustó más de Bohr fue el hecho de que, cuando apareció la teoría de Schrödinger (que contradecía a la de Bohr), el propio Bohr fue quien más ayudó a destruir su propia teoría en favor de la otra, que le parecía más correcta.

    Sí, es lo lógico, pero tú vete a un premio Nobel y dile que haga añicos la teoría por la que le han dado ese galardón. Verás lo que te contesta.

    Gracias, Azagato, por la hsitoria. Y a todos por los comentarios.

    (Por cierto, escribí hace tiempo un cuento sobre el gato de Schrödinger… la idea no era mala, pero el cuentito es mejorable).

    Comentario de Microalgo

    # Recuerdo que una de las Marguerites francesas, no se ahora si Duras o Yourcenar, tuvo la humorada siendo escritora consagrada de mandar a diversas editoriales su primera novela publicada, a ver que pasaba. Todas la rechazaron y nadie se dio cuenta.

    También Charles Chaplin se apunto con nombre supuesto a un concurso de imitadores de Charlot y quedo tercero.

    Y esa anécdota irrepetible de una exposición que contaba entre sus piezas con una bolsa de basura y una limpiadora la tiró. Claro que era más fácil de reemplazar que un Picasso, ciertamente.

    Estan locos estos culturetas.

    Comentario de Monsieur Jacobine

    # Juaaa, juaaaa!!!

    Lo de Chaplin es una maravilla!!

    Y lo de la limpiadora ¿Seguro que no es una leyenda urbana? Porque vaya tela… No, si desde el Retablo de las Maravillas no hemos mejorado mucho (que no todo Cervantes es el Quijote).

    Nos vemos en breve, Monsieur. Un abrazote.

    Comentario de Microalgo

    # No creo que sea una Leyenda Urbana. Fijo que desde entonces a las limpiadoras de la Tate Gallery le exigen en su curriculum una titulación en arte contemporaneo

    Comentario de JL Ambrosio

    # Por si acaso eso de la limpiadora fuese una leyenda urbana, les cuento algo que no lo fué.

    Debe hacer aproximadamente unos 20 años en el Pabellón Mudejar de Sevilla se organizó una exposición llamada “Machado y su tiempo” (¿o era “Lorca y su tiempo”…?, bueno da igual en realidad). El caso es que fueron a visitarla los Sres. de Carrascus, con su hija pequeñita y eran prácticamente los únicos que había por allí en aquel momento. La exposición constaba de dos o tres salas llenas de cuadros, fotos, manuscritos, y recuerdos varios del poeta y su entorno. Una de las obras expuesta estaba en el suelo, en una esquina, y era una especie de escultura construida con piezas superpuestas que figuaraba ser un no-recuerdo-qué surrealista que tenía algo que ver con Salvador Dalí.

    Yo les prometo a ustedes que vigilábamos a la niña, eh… pero todo el mundo tiene un segundo de descuido, que ésta aprovechó para darle un par de collejas a la escultura que se desmontó totalmente con sus piezas rodando por el suelo. Sin pensárnoslo dos veces, entre la Sra. Carrascus y yo amontonamos las piezas aquellas unas encima de otras lo más rápido que pudimos, logrando hacer en cuestión de segundos otra escultura tan estética como la original, pero absolutamente diferente.

    Cuando el guarda jurado que había en la puerta de la exposición se asomó a la sala, atraído sin duda por el ruido, la familia Carrascus se hallaba ya simulando mirar una foto autografiada del poeta que se exponía en la pared de enfrente y observando de reojo al guarda por si pedía alguna explicación sobre aquel ruido que le había atraído. No la pidió, debió pensar que era cosa de aquella niña tan mona que andaba por allí con sus atentos padres, y no tenía importancia.

    La verdad es que me quedé con las ganas de volver algúnos días después a ver si aquella escultura estaba de nuevo en su forma original o habían respetado nuestra creativa deconstrucción…

    Comentario de carrascus

    # La gente, incluso muchos expertos, no tiene criterio. Unos estudiantes americanos fabricaron un programa que mezclaba palabras en frases inteligibles usando palabras punteras. Creaba unos papeles para simposios tremendos. Si queiren crear el suyo, vayan a:

    http://pdos.csail.mit.edu/scigen/

    Los estudiantes mandaron la propuesta a un congreso. Fue admitida. (Y se suponía que pasaba por tres filtros de jueces). Consiguieron cazarla en el ultimo momento. Ahora están viendo a ver si pueden pasar uno de sus “textos” a un profesor conchabado, y que la recite en un simposio. A ver cuantos se darían cuenta de que el conferenciante solo decía frases bien estructuradas que sonaba bien, pero que en resumen y si prestas atención, no tiene sentido. Y los gráficos tampoco (eso si, preciosos)

    La persona tiene inteligencia. Individualmente, nadie parece tonto. Pero la manada pierde la inteligencia conforme más miembros tiene. Así es, así ha sido, así será.

    Comentario de Peter

    # En fin, don Micro, ya sabe… Eso es como tó, no hay que generalizá

    Comentario de Margherita Dolcevita

    # Carascus, toda la razón: un pejiguera de mucho cuidado (pero con criterio, eso sí). Qué bonita palabra y cuánto tiempo sin oirla.

    ¡Lo de la basura y la Tate Gallery es totalmente falso! Fueron dos limpiadoras, no una, las que recogieron aquello.

    Y lo de Charlot no me extraña: nuestros imitadores, al fijarse en 3 o 4 puntos esenciales, consiguen una idea de nosotros mucho más creíble que la que damos nosotros mismos, seres enfermizos y dubitativos. Que consiguiera el tercer puesto me parece ya una desvergüenza: ¡tenían que haberlo arrojado a patadas del concurso, por su escaso parecido con el auténtico!

    Comentario de Azagato

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