1811

Y en el amor basta con que uno de los dos esté enamorado como un majara. Con eso sobra. Sería mucha casualidad que dos personas estuviesen enamoradas la una de la otra con el mismo grado de majaronería, ¿lo entiendes? Eso no ocurre casi nunca (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).


¡Sargento Lafayette! ¡Vaya hasta las líneas enemigas y dígale a esa chica del traje rojo que se rinda!



Supongamos Cádiz, 1811. Supongamos que las fuerzas napoleónicas se han pegado una buena temporadita repartiendo granadas sobre la ciudad y estrenando, como innovación bélica, el tiro parabólico (algunas fuentes dicen que fueron dieciséis mil bombas… a mí me parecen muchas).

Supongamos que el sargento Lafayette (no se llamaba así, pero casi), gabacho, guaperas y fanfarrón, acaba de enterarse de que van a levantar el sitio, y con bastante prisa (se dejan casi toda la artillería en Puerto Real, piezas que luego pasarán a cantear las esquinas de Cádiz), porque el frente ruso está flojito, y hay que ir para allá pitando. Así que se van a despedir a la francesa (según Payán Sotomayor, la expresión se creó, precisamente, ahí: los gaditanos se levantaron y vieron que no había sitiadores, cabreándose bastante por la indelicadeza de no haber, siquiera, avisado con un simple “oye, que nos vamos”).

Parecen fiables las crónicas que afirman que los sitiados, durante el asedio, se escapaban a las poblaciones circundantes cuando éstas estaban de feria. Supongamos que nuestro querido Lafayette conoció en el Puerto de Santa María a una gaditana moza, guapísima, vivaracha y descarada, que se ponía la trenza negra sobre el labio superior para guasearse del mostacho del sargento, y que cuando bailaba sus brazos parecían serpientes (hay una nota sobre los tartésicos que describe así a las bailarinas de Gades, no recuerdo de qué historiador de la antigüedad).

Y ahora se van a Rusia. Claro. Supongamos que Lafayette se lo piensa durante un tiempo prudencial. Digamos ocho segundos. Se quita el morrión (da un poco de calor ese ornamento: le da una patada y lo tira al Río San Pedro), se quita la chaqueta azul con el peto blanco, se quita las botas medio destrozadas y se quita… de en medio.

Va a ver a la chica del traje rojo y le dice que la ama, y que si ella lo quiere a él, que deserta y manda la guerra a tomar por saco.

Y supongamos que va ella y le dice que bueno. Y la gente de por aquí, además, le dice “aro, pisha, quéate, ónde va tú con la que ehtá cayendo en Ekaterimburgo… y bueno: ¿te hace un finito?”

Y supongamos que Lafayette engrosa las listas de desertores. Y que cambia la última letra de su apellido para iberizarlo, y que se casa con la niña de colorao y que tienen pequeños vástagos caleteros…

Parece demasiado bonito para ser cierto. Lo es. Bonito. Y cierto. Porque ese simpático desertor francés es el antepasado de ese que firma en los comentarios de este blog como Azagato, y en su propio blog como Nán. No he puesto su apellido real por mantener su metacrilato, pero se pueden hacer una idea: es muy parecido al que he escrito aquí.

Y hablábamos de milagros en el post anterior… ahí llevan uno, de los que te dejan las tripas calentitas para todo el día.

Salud, Azagato.

Una respuesta to “1811”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    # qué fuete… me he pasado toda la historia imaginándome (no me preguntes por qué) que la tipa de rojo iba a ser un rollo reinadelpaypaydenocheee… Pero vamos, los vastaguitos lo aclaran todo… ¡Vaya pasado! Ya me imagino con un vinito en la mano al que falló (“la-fallé”, aplausos), todo alegre por haber acertado en realidad…

    Comentario de Lola hace 25 dias y 2 horas
    # Lo milagros existen. Simplemente, que pensamos que tiene que tener una apertura de nubes y un foco de 50000MW desde las alturas.

    Hay que ser optimista convencido. Así ves milagros en todas partes.

    frase ñoña del día:: ¡Ole que bonito que triunfé el amó!

    Comentario de Peter hace 24 dias y 1 hora
    # Oye, Nán/Azagato: enormísima historia. Y si la cuenta Microalgo, mucho más divertida. ¡Y cómo viene al pelo del tema anterior sobre el destino estipulado, el se-veía-venir y toda la madre!

    Comentario de Rímini hace 24 dias y 0 horas
    # pues sí señor. Si hay que traicionar, mejor hacerlo a favor de una persona. Y aquí paz y después gloria.
    Oyesh, y que LAfayetes de esos solo quedan en Alicante, Barcelona, Cádiz, Madrid y Sevilla.

    Poquitos, porque traidores sí pero prolíficos no, pero encantaos. Además de bien contada, la historia es cierta según se la contó a mi hermano un historiador de por allí que rebuscó un poco (que era Cádiz el origen lo sabíamos, pero lo otro nos fue contado).

    Y es que como dijeron sus jefes cuando faltó a Diana… Con ese tío ¡se veía venir!

    Gracias, Don Microalgo.

    Comentario de Azagato hace 23 dias y 21 horas
    # A mandar, Maeztro.

    Comentario de Microalgo hace 21 dias y 3 horas

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