Mitomanía

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo (1ª Ley Fundamental de la Estupidez Humana. Carlo M. Cipolla: Allegro ma non Troppo).


… Y entonces salvé al Zar de las mismas garras del traidor Ogareff y…



Que me perdonen los iconoclastas de nuestro blog hermano. La mitomanía a la que me refiero aquí no es la suya (segunda acepción del DRAE: Tendencia a mitificar o admirar exageradamente – o no: depende – a personas o cosas) sino a otra (primera acepción: tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice). Ésa.

Yo soy de natural ingenuo, de modo que me creo, de primeras, las cosas que me dicen. Durante la carrera, conocí a un tipo que repetía por tercera vez la asignatura de zoología general. Me contó que los profesores lo suspendían porque él estudiaba por artículos recientes, y que los profesores eran unos dinosaurios que seguían tratados antiguos, por lo que no estaban a su nivel. Pobre hombre, pensé yo.

Entrando en conversación, él era imparable. Y hablaba, y hablaba. Y se iba emocionando. Y te contaba que fueron de acampada, y es más, de supervivencia, y tuvieron que comer lagartos que cazaron, y se pusieron a andar rápido y dejaron tirados en la cuneta, asfixiados, a unos boy scouts

Al cabo de unos meses, conocí a un estudiante que fue con él de acampada. En esa acampada. Iban derrengados, cargando con latas de fabada (nada de caza de lagartos: fabada) y una tienda de campaña (que llevaba el parlanchín mitómano) de mástiles de hierro, que los ralentizaba de tal manera que unos scouts les pasaron como bólidos mientras ellos estaban tirados en la cuneta…

¿?

Está bien que te inventes cosas, pero que tomes los detalles, uno a uno, de una historia, y le des exactamente la vuelta, me pareció entonces (y ahora) enfermo.

Me perdí alguna excursión ese año (había que elegir entre una y otra), y este individuo, con varios de la clase (incluyendo a dos amigos míos: el Killer y el Indio, que me hicieron luego el relato) fueron a Doñana. Nadie lo quería en su tienda, y mis amigos, por lastimita, lo dejaron dormir en la suya: una para dos, de esas en las que dos casi no caben. El petardo éste se emborrachó, y lo primero que hizo fue meter la cabeza en la tienda de campaña… y sí. Vomitar. Luego se quedó bajo un olivo, llorando, toda la noche:

– Mi madre me domina… snif… ¡no follo!… snif…

Mientras, el Indio (mi compañero de piso, nacido en Lanjarón, alpujarra granadina) afilaba su machete antes de intentar cortarle la cabellera a esa desgracia humana.

– ¡Indio, que te pierdes! – le contenían sus amigos.

Pero, curiosamente, pasada la borrachera, volvió a ser el que era. Desgraciadamente. A la salida del examen final de zoología, se acercó a mí:

– Compara tus resultados con los míos, a ver si los tienes bien.

En la primera diapositiva que debíamos reconocer de visu, el muy pedorro confundió un isópodo con un miriápodo. No seguí leyendo (la distancia filogenética entre uno y otro grupo taxonómico supone confundir un cangrejo con un ciempiés, casi literalmente). Se lo cargaron, claro, para su exasperación e indignación.

– Yo es que estudio por separatas recientes, y estos carcamales…

Uno no deja de maravillarse ante la diversidad de los tipos psicológicos humanos. Un mundo, señores. Es un mundo.

Una respuesta to “Mitomanía”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    # Ya veo. Con esa estirpe de fantasmones todos nos las hemos tenido que ver alguna vez. Sobre todo en esos primeros años de carrera, de instituto o de máster en los que tendemos a sobrevalorar a los otros participantes, pensando, ingenuamente, que todos son mejores que nosotros, desbordados por su cháchara y su arrolladora personalidad. Hasta que llega la primera evaluación, claro.
    Aunque, en estos tiempos en los que la forma ha triunfado absolutamente sobre el fondo, igual ya no es así, y resulta que son ellos los encargados ahora de cortar el bacalao.
    Posiblemente. Mi pesimismo es infinito en estas cosas…

    Comentario de jl ambrosio hace 1 mes y 3 dias
    # Es que viendo el material que ocupa los puestos de relevancia, a veces el pesimismo es fundamentado. Una amiga nuestra, asidua de este blog, tuvo por casualidad acceso al expediente académico de uno que fue Decano de Universidad, y… échese Usted a temblar, con la lumbrera. Aprobado por los pelos en todas las asignaturas, y unos cuantos añitos de carrera…

    A veces esos tipos se filtran y a veces no. Otras veces aprueban, pero siguen con su mitomanía (vino un Premio Nobel a pedirme consejo y yo le dije que…).

    En fin.

    Me alegro de verlo por aquí, JL.

    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 3 dias
    # Yo también me he tropezado con esa ralea. Comparto la sospecha de que, en estos tiempos de apariencia dominante, tienen su sitio en una posición mucho más elevada que la de los demás. Vean la tele sólo un rato y verán en las noticias a algunos de esos pollos.

    Conocí a uno que era, al igual que su “amigo”, un enfermo patológico de las mentiras autoinfringidas. Recuerdo especialmente un episodio que acabó por ponerlo en evidencia delante de todos: en la feria de mi pueblo se liga mucho (créanme) y el hipervalorado se nos pegó al comienzo de una de sus noches para contarnos su triunfo sin paliativos de la jornada anterior: una rubia de infarto, con la que había tenido sexo del que ni aparece en el Kamasutra y con la que había quedado esa misma noche para continuar con Sodoma y Zamora. Y sí; ella fue a la feria y él, al verla a lo lejos entre la muchedumbre bailadora, me dijo: ¡Ahí la tengo!. Cuando nos vió, la castañita con mechas -nada del otro jueves- cambió su rostro por uno de horror infinito (Lola Gaos comiéndose un limón) y, olvidando su cubata sobre la barra, salió literalmente corriendo de la caseta.

    La cara del pollo fue su derrota final. Su espejo. Su auto-revelación.

    Comentario de Rímini hace 1 mes y 3 dias
    # joe, yo tenía una en la carrera que era mortal. Se pegaba a ti porque en lugar de copiar de la pizarra (aunque veía perfectamente) prefería copiar los apuntes del tipo que tuviera al lado (éramos 8 en clase) y ahí se ponía, pegada, con la cabeza más cerca de tus apuntes que tu boli… arg…

    microalguito, ¿andarás por cai la semana del 23? Nos vamos una tiza y yo para allá… any recomendación de cobijo?

    Comentario de Lola hace 1 mes y 3 dias
    # como logras meter en una misma linea “estupidez humana” y “cipolla?”
    jajaja, que simple soy no?

    Comentario de Laychalk hace 1 mes y 3 dias
    # El ejemplar más sorprendente de esta no tan rara avis con que me he topado fue jefe mío.
    Andaba yo iniciando mi errática inserción en el mundo laboral (¿por qué tuviste que morderla, Eva?) cuando entré a formar parte de una famosa empresa de la ¿enseñanza? del inglés a distancia. Creo que no hará falta dar nombres. Mi trabajo era el de “Asesor Pedagógico”, al menos ese era el eufemismo cuando no la vil mentira con que iban impresas las tarjetas de presentación. Claro que pronto descubrí que trabajar en aquella empresa era vivir en el eufemismo, empezando por aquello que llamaban “sueldo”. Los asesores estábamos agrupados en equipos, cada equipo obedeciendo a una disciplina comercial y al mando de mi equipo compuesto por una sola persona… nuestro hombre.
    Se trataba de una persona de edad muy cercana a la de jubilación aunque aparentaba ser aún mayor. De origen andaluz, había hecho toda su vida en Barcelona desde donde acababa de trasladarse hasta Sevilla, según él, para culminar su carrera profesional en su tierra natal. Yo, sin embargo, no podía evitar pensar en aquella película japonesa en que los ancianos se retiran a un monte lejano a dejarse morir cuando sienten llegar su hora. Me hablaba de su preciosa mujer a la que había dejado en Barcelona a cargo de la importantísima empresa de ésta y con quien se reencontraría definitivamente en el Sur en tan solo unas semanas. Me mostraba su foto que bien pudiera estar sacada de un anuncio de Tena Lady. Me hablaba de su titulación en psicología, de su titulación en filología inglesa, de aquella próspera empresa que dirigió y que legó a sus hijos. De cómo uno de ellos dirigía el próspero negocio desde Andorra mientras el otro hacía lo propio con una importante multinacional. Me contaba lo difícil que le era a sus hijos reunirse con su padre por sus obligaciones profesionales. Me hablaba de la Duquesa de Medina-Sidonia, su madrina (como lo oyen), del cariño que ella le profesaba y de la herencia íntegra que ésta, soltera y sin descendencia, le había prometido entre achuchón y achuchón. Me hablaba de su postura política, de su desprecio hacia los moros éstos de mierda y de cómo se vivía mejor en otra época… como aquella en la que él fuera diputado nacional por la entonces Alianza Popular en la primera legislatura de las Cortes tras la reforma constitucional.
    Reconozco mi credulidad inicial, era jovencito. Hay que decir que el tipo se envolvía en unas refinadas formas y que se había preocupado por hacerse con aparentes evidencias de todo lo que contaba.
    Los días fueron pasando. Visitábamos juntos a los posibles clientes. Se trataba de vender cursos de inglés. El tipo se presentaba como profesor de inglés, soltaba una perorata aprendida muchos años atrás que trufaba con algunas palabras de algo que pretendidamente era inglés pero que no sonaba como tal, pero cuando había que usar de forma más creativa el idioma de Benny Hill el tío me pedía que hablase yo. Por supuesto no conocía un solo término técnico de filología y cuando en alguna ocasión intentó emplear alguno propio de la psicólogía no lo hizo más que de forma inapropiada y ensartado en algún lugar común.
    Pasaron las semanas y su preciosa mujer de anuncio nunca pudo reunirse con él. Nunca recibió una llamada de sus hijos. Sin embargo llegué a tomarle cariño a aquel embustero compulsivo. Entendí que aquello que contaba no eran mentiras porque no tenían el propósito de engañar, tan solo eran un mecanismo más o menos voluntario para sobrellevar una vida de soledad y fracaso, no profesional sino personal. Ortega, así se llamaba, se había fabricado a medida el traje de quien hubiera querido ser y lo llevaba puesto sin saber que no era más real que aquel del emperador.
    ¿La Duquesa? Nunca la conoció ¿Las Cortes? Me puse en contacto con el Congreso, me aseguraron que nunca había sido diputado.

    Comentario de Yinyerbeiquer hace 1 mes y 3 dias
    # Hay gente pá t’o y p’a más

    Comentario de Gea hace 1 mes y 3 dias
    # No sé qué es peor, si haber sido diputero de Alianza Popular o haber deseado serlo.
    (en cualquiera de los dos casos yo le hacía una barbaridad, pero es que estoy mayor y con ganas de hacer barbaridades).

    Vive la Bande à Bonnet

    Comentario de Azagato hace 1 mes y 3 dias
    # Viva la democracia!

    Comentario de Gea hace 1 mes y 3 dias
    # xátamente

    Comentario de Azagato hace 1 mes y 3 dias
    # Jopé, Yínyer. comparado con ése, el mío es un angelico (palabra llana, no esdrújula, aunque lo mismo valía).

    A mí, al contrario que a Nán, al que veo un poco incendiario (nada, nada, carbonice Usted lo que guste, no seré yo el que se ponga por medio), esa gente me inspira lastimita en una segunda fase (tras la primera de credulidad). Eso sí, es posible que llegue una tercera fase en la que me toquen tanto las gónadas que explote yo con alguna frase que comience por un “tú lo que eres es un”.

    Teniendo en cuenta siempre que cualquier exceso es malo (o eso dicen), mejor pasarse por el otro lado que por ése. Se queda uno con la cara menos partía cuando la supuesta rubia huye de la caseta, despavorida (la rubia, no la caseta).

    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 3 dias
    # … y por supuesto que se me ocurre un lugar para que se queden Vuesas Mercedes, Lola… Ahora mismo escribo un correíto y te cuento.

    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 3 dias
    # Pues yo, de pequeño, también tenía un amigo así, lo que pasa es que a este se le notaba porque cuando mentía le crecía la nariz… o eso lo leí en un libro…? La verdad es que ya no me acuerdo, hace tanto tiempo de éso…

    Comentario de carrascus hace 1 mes y 3 dias
    # Al hilo del comentario de Rimini, pensé que nos referíamos sólo a automitómanos de carrera y status. Si nos ponemos ya a rajar de los mitómanos sesuale, mejor apagamos y nos vamos. Mención especial para los taxistas que, cuando no tienen nada mejor de que hablar en la carrera, te comentan por lo bajini sus proezas, llevadas a cabo aprovechando un ratito libre, con dos jacas rubias que se subieron, con ganas evidentes de marcha, en su taxi dos o tres noches atrás…

    Comentario de JL Ambrosio hace 1 mes y 2 dias
    # Cuánto mal ha hecho el cine porno a los humanos que no están suficientemente preparados para verlo. Los habrá que están convencidos de que si vas por un bosque y aparecen dos chicas semidesnudas dándose el lote (cosa harto frecuente), lo más normal es que olviden su carácter lésbico y se te tiren como leopardos a las partes bajas, así, sin mediar palabra…

    Luego les vienen las frustraciones y la necesidad de inventar. Y después empiezan a hablar de las sirenas, que diría Benedetti.

    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 2 dias
    # Mi aportación al censo describe a un compañero de Agricolas de presuntamente ilustre apellido isleño especialista en el deporte del “y yo más”. Obvio por falta de espacio sus intervenciones antológicas en clase, pero dejo constancia de que en una práctica de horticultura en la que dejaban a nuestro libre albedrío la elección de una especie y su cultivo real durante un cuatrimestre, mientras el resto de la peña nos lanzamos hacia la sencillez de la lechuga o la habichuela, el proclamó a los 4 vientos que había buscado en internet (incipiente entonces) info sobre los cacahuetes, y cual experto émulo de Jimmy Carter se puso a ello. A los 2 meses, todos cuidabamos con orgullo nuestra parcelita de espinacas, lechugas o rábanos y la suya estaba pelada como alguna frente que no nombre. Tras varios intentos de inculpar al pH del suelo, a furibundos hongos patógenos o al San Isidro y toas sus castas, se delató al confesar que había comprado las semillas en Casa Ricardo, famosa tienda lagunera donde se sirven todo tipo de chucherías, incluidos cacahuetes… tostados. Verídico. Desde aquel momento quedó bautizado como “El Manisero”. Y hoy perdura el apodo.

    Comentario de Glomus hace 25 dias y 0 horas
    # Juaaa, jua, juaaaa!!!!

    ¿Y después puso a criar unos pollos asados?

    Comentario de Microalgo hace 25 dias y 0 horas

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