De libros y puertas

Básicamente son la misma cosa.

Los libros valiosos se distinguen por su capacidad para integrarse, a modo de hebra, en la biografía onírica del usuario (Juan José Millas: Articuentos).

El otro día una compañera del trabajo me dijo que nunca había visto “El Guateque” de Blake Edwards. Sí, esa delirante película que no se entendería sin otro actor que no fuera Peter Sellers, haciendo de hindú cenizo y paradójicamente destructivo, dada su pacífica naturaleza.

Lo que sentí fue, curiosamente, envidia. Me habría gustado poder volver a ver por primera vez ese memorable largometraje.

Recientemente, la Poeta Broncoperjudicada me regaló un libro que leí de pequeño pero que no se encontraba en la apretada formación que guardo tras el cristal de mis vitrinas. Era la Isla del Tesoro. El editor, en la contraportada, también reconoce la envidia sentida por aquellos que lo lean por primera vez.

Dos días antes de mi cumpleaños (que fue el día de los locos), los cumplió mi sobrina preferida (de momento, además, es la única). Siete años, concretamente. Y no me resistí a hacerme con otro ejemplar del mismo libro y dedicárselo. Aún no he podido dárselo.

Mientras se lo dedicaba, con letras mayúsculas para hacerlas más legibles, caí en la similitud que existe entre los libros y las puertas (morfológica y metafóricamente), y así se lo traté de explicar: asómate a esta puerta, si te atreves. Ya verás todo lo que hay detrás de ella.

Recordé también un artículo de Savater (El Verano de Sauron, Diario Vasco, 12 de Agosto de 2001) que rememoraba un a priori terrible estío del escritor, condenado a irse tras esos dos meses al servicio militar. Con idea de hacer algo especial, se agenció la versión en inglés (entonces Don Fernando no conocía bien ese idioma) del Señor de los Anillos, que no sería editado en español hasta el año 81 (casi dos décadas después). Savater decía recordar poco su mili, pero aún recordaba nítidamente el intenso placer que le deparó la lectura de ese imprescindible tocho.

Son puertas, no cabe duda. Puertas a las que uno se asoma, y tras las que se encuentra al invencible General Ender, un niño de once años capaz de echarle un pulso a Julio César, a Alejandro Magno y a Patton, juntos, y dejarlos noqueados. Y están la bellísima y valiente Dama Ysemèden Elsinore y su amor Salther Ladane, destructor de leyendas. Y Hari Sheldon el psicohistoriador, y el escalofriante e implacable Alcaudón, que puede salir de un pliegue del tiempo para dejarte el cuerpo como una celosía. Y te encuentras a Melqíades Saporog’zie Bedrosian Baol (Bed, para los amigos), y a Clea, y a Horacio Oliveira buscando a la Maga, que vaga dos calles más allá, (un océano más allá, si no va a encontrarla nunca más) mientras ella acuna entre sus brazos a un bebé Rocamadour que mira demasiado fijamente, y a Leoporello Tenzo E Atari (robot sinvergüenza y kamikaze) y a Alexander Alexandrovich Alekhine bebiéndose metódicamente, copa tras copa, una botella de Oporto en Estoril, y claro, la etérea Arwen Evenstar y su amor eterno, Aragorn, hijo de Arathorn, Heredero de la Corona de Isildur, Rey de Góndor, Señor de los Dúnadan del Norte (entre otras muchas cosas), y a Athos, y a Marco Polo, y a Poirot, y al viejo Gilgamesh que llama niñato al mismísimo Jenofonte.

Y, por supuesto, a Jim Hawkins.

Qué envidia.

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Una respuesta to “De libros y puertas”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    # El fogonazo tiene mucha buena prensa.

    Pero el redescubrimiento, o el simple descubrimiento de algo que se nos había pasado por alto, produce también una emoción intensa, no menos tormentosa porque parezca producirse en serenidad.

    Y esto que he dicho vale para los libros, para las mujeres y para los hombres. Para todo lo que merece la pena y cambia o es cambiado.

    ¡Trucos de viejos, don Micro!

    Pero le concedo una cosa (o mil, pero ahora me refiero a una). Lo que yo he dicho se refiere al libro o al ser que decubrimos o redescubrimos. Cuando esa puerta ya se ha abierto varias veces. Cuando se abre por primera vez, hay algo especial que hace que se fije el entorno. En algunos libros puedo recordar dónde y cómo los leí. Pero me he estado esfirzando y no me pasa eso con ninguna relectura.

    Comentario de Azagato hace 4 meses y 7 dias
    # venga: cambio “decubrimos” por “descubrimos” y cambio “esfirzando” por “esforzando”.

    Comentario de Azagato hace 4 meses y 7 dias
    # Siempre abrir una puerta nueva nos produce perplejidad, y un dulce sentimiento de valentía. Pero, reabrir puertas o libros es una conmiseración de nosotros mismos.

    Tiene razón Azagato en que es también placentero reabrir puertas/libros si lo que hay detrás nos hace felices.

    Decía Sabina que intentar ser feliz es de gilipollas… Claro que a él le dio un marichalazo…

    Abramos y reabramos

    Comentario de Margherita Dolcevita hace 4 meses y 7 dias
    # Tener una pésima memoria tiene alguna ventaja, que ya de pequeña descubrí: podía guardar un TBO y leerlo meses después sin que previera ni una sola de las historietas… eso sí era amortizar el dinerillo! Claro que recordar las cosas es una manera adicional de disfrutarlas, cuantas veces se desee!, y esas sí que me las pierdo… Así las cosas, la mayoría de mis relecturas fueron tan poco re- como sol o fa, y mi lista de “pendientes” no solo no se acorta sino que engorda con las pistas que algunos amigos dejan en sus posts. No hay derecho!

    Por otro lado, ¿esa de la fotografía es la biblioteca de Coimbra?

    Comentario de Teodoro W. Adorno gato hace 4 meses y 7 dias
    # La “L” (de “learner”) que me acompaña a trechos en la vida se queja de que algunos libros o películas los recuerde párrafo a párrafo o esecena a escena (por suerte la mayor parte de las cosas y los nombres los olvido absolutamente y recurro al “sí, mujer, este rubio que trabajaba en aquella película… ¿cómo se llamaba? ¡la que aparece un mono que…”.

    Y precisamente es lo poco que recuerdo lo que quiero releer o remirar.

    No quiere saber “L” que recordar una arruga junto a los ojos me predispone con placer a besarla, o la ansiedad de cuándo llegará ese verso me predispone a leer el poema. Por eso me encantan los “Re” (o quizá por miedo a no tener ya el cuerpo para el gasto de energía de las “novedades”).

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    Y ya que estoy con los “Re” no olvidemos la importancia de la estrategia de las 3-R:
    Reducir Reutilizar Reciclar

    En ese orden de importancia.

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    Hoy, 8 de abril, se cumplen 4 años de lo de Couso: los que estamos en Madrid podemos darnos una vueltecita a las 8 por enfrente de la embajada correspondiente. Para que sepan que no olvidamos.

    Comentario de Azagato hace 4 meses y 7 dias
    # Ah, qué tiempos me ha recordado usted. El primer libro que leí yo también fue “La Isla del tesoro”. Me lo regaló mi madrina una mágica noche de Reyes… y desde entonces. ¿Cuantos libros habrán seguido a ése…? ¿Y cuanto tiempo ha pasado ya…? ¿…unos 43 años…? Por ahí debe de andar…

    El segundo fue “Un capitán de 15 años”, de Julio Verne… y hasta hoy.

    Comentario de carrascus hace 4 meses y 6 dias
    # Y realmente buscas un libro que de nuevo te haga sentir eso… el seguir leyendo la pagina a toda velocidad, autoexplicándote el retraso que estás acumulando porque necesitas llegar al final de un capitulo, a una página que te obligue a dejar de leer… porque los insectores siguen amenazando, porque humos oscuros se elevan sobre la comarca, porque quieres ver el lado “casi humano” de R. Daneel Olivaw.

    Tenemos una copa pendiente en Sildavia, y llegaremos a puertomarte sin Hilda.

    Cuantos recuerdos… Tengo que ponerme a buscar libros..

    Comentario de Peter hace 4 meses y 6 dias
    # Puertomarte sin Hilda y el robot detective… Jé. También Asimov merecería capítulo aparte.

    Estos días estoy con “veinte años después” (voy entreverando “clásicos” con Eloy Tizón and the wailers). Es tanto lo que hay que leer, Peter. Quién tuviera su velocidad de lectura (de crucero… pero de misil de crucero).

    Un placer haber compartido ratitos del fin de semana con Usted y la Poeta Broncoperjudicada. Habrá que ir un día de estos a Sildavia, qué duda cabe.

    Hay tantos baretos que descubrir… quién tuviera la velocidad de vaciado de GinGintónics que tiene nuestra poeta favorita.

    ¡Borrasha!

    Comentario de Microalgo hace 4 meses y 6 dias
    # Busqué rápidamente en los blog radio “Borracho” de Los Brincos, para ambientar tu despedida. No está, pero sí ésta, que tampoco está mal.
    http://www.goear.com/listen.php?v=e0c2f59

    qué tiempos tan simplones, jo qué gusto.
    ¿Qué gusto, qué? ¿Que se fueron o que existieron?
    ¡Hics! yo_qué_sé

    Comentario de Azagato hace 4 meses y 6 dias
    # Creo que qué gusto ambas cosas.

    Por cierto, que yo sepa no hay música vocal digamos polifónica en el panorama digamos pop actual en nuestro país, en plan Manhattan Transfer o The Mamas and The Papas… tengo you un par de amigotes o tres que lo mismo se animan a hacer alguna gamberrada de ese estilo. Estoy en ello (hombre, formación polifónica hay, sólo que más del estilo de Monteverdi y Sus Mariachis), como su Prima de Usted ya sabe. Ya le iremos contando, ya.

    Esa pieza musical me pilla out hasta a mí. Of. Qué cosas.

    Comentario de Microalgo hace 4 meses y 6 dias
    # Tras la desesperación que me entra cada vez que quiero comentar algo y no puedo, me veo al dia siguiente releyendo tus posts, asi pues, creo que releer es fantastico, porque descubres cosas que no habías visto y que habías pasado por alto.

    De todas formas para mi no hay nada peor que acabar un libro que me haya gustado, por eso creo que leo muy deprisa y las ultimas cincuenta hojas tardo muchisimo en leermelas, porque es como decir adios a los personajes, y puesto que las despedidas no me gustan , las intento alargar lo mas posible.

    Un besito!!!!

    Comentario de Lara hace 4 meses y 5 dias
    # Un cuenta-cuentos de Cádiz contaba uno de una niña que leía y releía Cyrano de Bergerac, pero jamás llegaba a las dos últimas páginas, para no verlo morir. Tal vez por eso a mí me gusta tener los libros más que sacarlos de la biblioteca: es como si fuera una manera de capturar vivos a sus personajes.

    ¡¡Rebesotes, Lara!!

    Comentario de Microalgo hace 4 meses y 5 dias
    # El primer libro que recuerdo haber leído fue por obligación en lengua de no-se-qué curso de EGB, y fue una bendita obligación porque “Marsuf, el vagabundo del espacio” resultó ser un libro tan desconocido como apropiado para iniciarse en la lectura. Gracias a él y a su autor (Tomás Salvador, creo recordar) me dio por seguir abriendo puertas maravillosas. Como al mal que sufre Teodoro (la mala memoria) le sumo en mi caso otro casi peor (la pereza), tengo en la recámara tantas puertas que deseo reabrir como pocas fuerzas para hacerlo.

    Y en eso, estoy de acuerdo con algo que se ha dicho más arriba y que en modo alguno tiene que ver con el sexo: como la primera vez, ninguna. Porque a veces he sido capaz de recopilar las fuerzas necesarias para empezar a releer alguno de mis pequeños clásicos y, sin embargo, nunca he llegado a terminarlos. Son una maravilla, sí. El placer de releerlos es casi el mismo, sí. Pero falta el gustillo de la virginidad, como el del primer baño del verano, como la del primer bocado a tu pastel favorito.

    Comentario de Rímini hace 4 meses y 5 dias
    # Falta el temblor, Rímini. Pero no la vibración.
    ¿Hizo usted la EGB? ¡Qué joven!
    Lara, tiempo sin verte por aquí: esa actitud peligrosa se llama “penelopismo”.
    Canción recomendada para aprender a decir adiós: http://www.radioblogclub.com/open/101675/siffler_l

    Por Richard Anthony (Battiato tiene en ese radioblog una versión aceptable).

    El grupo de los amigos de usted, don Microalgo, la podían cantar. (Avisen el día del estreno, que lo mismo me acerco).

    ¡Qué gusto da que se abran los comentarios! Uno se enrolla.

    Abrazos y besos: repártanselos según sus preferencias.

    Comentario de Azagato hace 4 meses y 5 dias
    # Eo!! Eo!! Evoé!!

    Conozco ese libro, Rímini. Y llevo tiempo detrás de otro del mismo autor que se llamaba “Cabo de vara”. Y creo que hay una segunda parte de Marsuf, el vagabundo galáctico ciego. Le preguntaré a Anaxágoras, que se declaraba acérrimo de ese autor desde que leyó este libro.

    Y lo dicho, Azagato: lo tendremos al corriente.

    Requetebesotes!!

    Comentario de Microalgo hace 4 meses y 5 dias
    # ¡Qué deliciosa canción, Azagato! Hay músicas que tienen la virtud de encender la chispa que aviva el fuego que azuza el incendio del espíritu. ¡Lástima no saber francés para entender el final (¿me hará un resumen, Aza?), o para amar a La Maga, o para decir cosas que –aunque no signifiquen nada- suenen bien.

    Comentario de Rímini hace 4 meses y 5 dias
    # ¡¡¡Azagato!!! Hola buenos días! la verdad es que llevo mucho tiempo sin aparecer, es verdad, pero no quiere decir que no lea todo lo que se escribe, lo unico que bitacoras no me deja escribir siempre que quiero, además la semana santa ha sido un ir y venir, que si a casa de una amiga, a la de mi novio, ahora al cine, que si unas tapitas, vamos la mar de ocupá, jajaja.

    No entiendo muy bien eso de “penelopismo” lo he buscado y eso de tejer para luego destejer no se a que se puede parecer a la actitud peligrosa a la que hace referencia, espero que me lo explique, para poder seguir aprendiendo, porque este blog siento que siempre aprendo algo nuevo, ¡me encanta! Así que ¡mis felicitaciones para el autor!

    Un abrazo

    Comentario de Lara hace 4 meses y 5 dias
    # Más que en el cómo (tejer y destejer), lo decía en el sentido de la voluntad de hacer lo que sea para no terminar, para retrasar el momento final.
    O sea, que Semana Santa penitencial, que se llama. ¡Haces bien!

    Tengo a mi derecha a mi “autoridá” laboral, que tiene claro que estoy “a otra cosa”. Prometo traducción de la canción (ahora me sería difícil).

    Comentario de Azagato hace 4 meses y 4 dias
    # … Y por cierto, Teodoro:

    En efecto. Qué buena memoria. Es una foto de la Biblioteca Joanina, en la Universidad Vieja de Coimbra.

    Comentario de Microalgo hace 4 meses y 3 dias
    # Para mi desespero, yo soy como teodoro, tengo la memoria de un pez. Siempre he leido con ansia, cuando empiezo un libro no puedo dejarlo. Pero no puedo recordar el argumento de casi ninguno. Y mucho menos el nombre de uno solo de sus personajes! Una lastima.

    Comentario de laluli hace 4 meses y 2 dias

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