Síndromes

Hola, gafotas.

 

– Te devoraré – dijo la pantera.

Peor para ti – dijo la espada. (William Ospina: Amenazas).

Yo hice mi carrera en Granada, pero siempre “viví” en Cádiz. Tan sólo en un viaje que hice de una de esas ciudades a otra, tras acabar la carrera, me di cuenta de que no estaba seguro de si iba o de si volvía. Había solicitado mi beca de Tesis en los dos sitios, y por esos días esperaba el resultado. Ya llevaba cinco años en Granada… si me quedaba cuatro más en esa Universidad, tal vez me quedaría allá para siempre, y “mi casa” dejaría de ser Cádiz. No pasó así al final, pero en ese breve lapso de indeterminación me planteé varias cosas. Una de ellas fue definir el Síndrome de Marco Polo. Cuando Marco Polo volvió a su Venecia natal, llevaba tanto tiempo en la Corte de Kubilai Khan que sintió que aquella Serenísima República ya no era su casa. Pero se dio cuenta de que era muy viejo para volver a viajar a la lejana China… que tampoco era su casa. Esa doble <i>”saudade”</i> debería ya haber sido definida como el Síndrome de Marco Polo, como se habla del de Stendhal o Peter Pan, o de los complejos de Edipo o Electra.

Pero seguro que habrá muchos más, de los que personajes históricos o de ficción pueden ser magníficos donadores de nombres.

Unos poneres. Si se les ocurren otros, libres son de anotarlos. Éstos están en orden alfabético.

Síndrome de Absalón: Es el primer fashion victm de la historia. Su estética le vino muy mal al pasar por debajo de una encina. Para que luego se metan con los calvitos…

Síndrome de Athos: Hasta un enemigo le podría dar la espalda durante cualquier lapso de tiempo. Habla poco, es muy desprendido y buen amigo de sus amigos, aunque un poquito pesimista. Hasta ahí, bien. Lo que le pasa es que no es capaz de olvidar un par de cosillas que le hizo una mala mujer y como consecuencia tiene un hígado que para sí lo quisiera Bob Esponja. Por lo tanto, es un idiota incapaz de pasar página.

Síndrome de Catalina la Glrande: Trata de lidiar con problemas que la superan en peso. Suele fallecer un pelín estrujada.

Síndrome de Cio-Cio-San: También llamada Madame Buterfly. Se enamora de un hijoputa que le promete el oro y el moro y se olvida de ella en cuanto le quita los ojos de encima. Manifiesta tremendas tendencias suicidas.

Síndrome de Cósimo Piovasco (Barón de Rondó). Cuando no le gusta una cosa, se quita de en medio. Mucho. Tela. Taco. Forever. No hay tío más cabezota, cuando se pone a quitarse de en medio. Para verlo hay que subirse a su árbol, porque lo que es bajar, a él no lo bajan ni a tiros. Son pocas las cosas que no soporta, pero con ellas es más bien tirando a intransigente. No atiende a razones. No reconsidera su postura. No le gustan los caracoles.

Síndrome de Cyrano de Bergerac: Es un matón buscabroncas con una ética más estricta que el peor Bushido del Samurai más fanático (no pasa una), pero a la hora de decirle a la mujer que ama que la ama, se va de bareta y prefiere defender él sólo Arrás antes que mirarla a los ojitos. Se pasa toda su vida (hasta el último suspiro) haciendo el mono, pero muy noblemente. Genio y figura empeñados en una causa absurda.

Síndrome de Edmundo Dantés: La vida le va, de principio, tan bien como a Rossini (ver síndrome de), pero no tiene la capacidad ni la cintura del italiano y los que lo envidian le dan caza. Normalmente, los afectados de este síndrome se pudren en vida o se acaban suicidando. En un caso de cada seis mil millones, coinciden en la celda con un viejo abate medio loco que guarda un tesoro y blah, blah, blah.

Síndrome de Enrique Jardiel Poncela: Las mujeres lo tratan un día como él ha tratado siempre a las mujeres, y entonces reniega de todo y dice que son malísimas y se vuelve un misógino de cuidado. Eso sí, con un talento del copón bendito.

Síndrome de Hans Katorp: Es el protagonista de “La Montaña Mágica”. Es un narrador, un punto de vista (como el “Palomar” de Calvino)… que se da cuenta un poco tarde de que lo que pasa a su alrededor no le es ajeno, y de pronto se percata, asombrado, de que la historia de los demás, que él observaba desde la barrera, es la suya. Que no hay barrera, vamos. Cuando Hans se da cuenta de ello, ya caen los obuses a su alrededor.

Síndrome de Leonard Wolf: Es el marido de Virginia. Su vida es una crono-escalada que hace competir la habilidad de su mujer como suicida frente a la suya propia como desmonta-suicidios. Al final, siempre pierde: cuando uno tiene talento y ganas de hacerse la puñeta a sí mismo, no hay quien lo detenga. Pero su intento es muy loable ¿A que sí?

Síndrome de Milady de Wintert: Ni sus amigos (más bien aliados o cómplices) le pueden dar la espalda siquiera un segundo. La pareja ideal para los amantes de deportes de riesgo. Tiene la poco simpática costumbre de apuñalar y envenenar, y cuando no puede hacerlo por sí misma, suele camelar a otros para que lo hagan por ella. Eso sí, todo por una noble causa: Su propio beneficio.

Síndrome de Mungo Park: Un explorador. Se mete donde no le llaman y, por supuesto, se lo acaban merendando. Con verduritas. El típico que va a por lana y sale trasquilado. Je. Frecuentísimo.

Síndrome de Papá Goriot: Sus hijos (léase sus amigos, o su mujer, o sus deudos) son lo único que importa. Y cuanto más hijos de puta sean con el que padece este síndrome, más los quiere el afectado. Su gozo supremo es que sus seres queridos hagan una sopa con sus pulmones y que, en sus últimos estertores, escuche “Qué asco. Está muy salada”.

Síndrome de Pinkerton: Seduce y, después, si te he visto, no me acuerdo, porque la mujer con la que se comprometerá “en serio” debe ser de su status social, económico, cultural, estético o racial. Es el que le da coba fina a Cio-Cio-San (ver síndrome de). Asegura que el que la otra se hiciera ilusiones no es culpa suya, y sólo fingirá horrorizarse (de cara a la galería) cuando la chica haga <i>puenting</i> olvidándose voluntariamente de ponerse el arnés. Inmediatamente después de horrorizarse tanto, Pinkerton se interesará por los resultados de la quiniela hípica y se irá a cenar a un restaurante de moda. Para pacientes que sufren este síndrome tal vez sería recomendable la castración, con dos ladrillos.

Síndrome de la Reina de Corazones: Corta tantas cabezas como la pequeña Mi-Jo, pero más a lo loco, es decir, mirando menos lo que corta (tiende más, por lo tanto, a Zatoichi). Es un síndrome parecido al de la Walkiria (también es una soprano), pero detrás del “Aria” no va una “Coral”, porque no queda nadie a su alrededor. Suele tender a la autodecapitación, por aburrimiento, <i>horror vacui</i> o por puritita inercia.

Síndrome de Rossini: Es incapaz de fracasar. Escribe un par de óperas y se forra. Se retira de la música, pone un restaurante y se vuelve a forrar (y un ciento y pico años después de su muerte, aún se cocina un plato inventado por él, con una salsa que lleva su nombre). Demasiado bueno en todo lo que hace: toda mente mezquina de su época lo odia. Por suerte para él y desesperación de dichas mentes mezquinas, su talento incluye la capacidad de quedar muy por encima de sus enemigos gratuitos. No hay quien le cace. Es la pera limonera.

Síndrome de Simeón el Estilita: El que sufre este síndrome adopta una premisa equivocada y gasta la única vida que tiene llevándola a sus últimas consecuencias. Adolece de un buen amigo que lo baje de la columna a pedradas o con un palo. Ocurre mucho.

Síndrome de Teresa: Es la pareja de Tomás, el protagonista de “La Insoportable Levedad del Ser”. Tomás se tira a todo lo que se menea. Ella se va dando cuenta, pero antepone su dolor (mucho) al placer (mucho) de él. Es imbécil y debería darle puerta a Tomás. Él no se la merece, pero ella insiste.

Síndrome de Tomás: Es la pareja de Teresa, la protagonista de “La insoportable Levedad del Ser”. Tomás se tira a todo lo que se menea. Sabe que Teresa se va dando cuenta, pero antepone su placer (mucho) al dolor (mucho) de ella. Es un cerdo que merecería que Teresa le diera puerta. También es un imbécil, porque probablemente a él no le importaría que Teresa le mandara a paseo, y ella merece la pena.

Hale. Con el de Marco Polo, ahí tienen unos cuantos. ¿Alguna sugerencia?

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2 comentarios to “Síndromes”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    # Sindrome del lector de La Zona Fótica: Se acerca a leer los nuevos post de su blog favorito y, como no podía ser de otra forma, le encantan. Y decide dejar un comentario. Pulsa en el enlace maldito…y este se abre, e incluso le permite escribir una pequeña aportación. En el momento en que, redactado el comentario, pulsa el botón “Enviar Comentario”, éste se queda registrado. En ese momento despierta. En el mundo real, la opción de dejar comentarios sigue estando en manos del azar.

    No obstante, es un placer comprobar que, aún despierto, el post de Microalgo sigue siendo estupendo.

    Comentario de jl ambrosio hace 6 meses y 20 dias
    # Gracias, JL. Yo ya tengo la costumbre de escribirlos, marcarlos y darle al “copiar”. Ni lo pego en Word, lo dejo así en el portapapeles. Si el sistema me chincha, al menos no pierdo el comentario, que da mucha pereza escribirlos de nuevo.

    Abrazotes.

    Comentario de Microalgo hace 6 meses y 20 dias
    # Síndrome de Alex Pecate:
    – Y ¿eso es grave, doctor?.
    – Es pronto para saberlo, Sr. Pecate.
    (Alex Pecate, junto con el celebérrimo Joe Zuchero protagonistas del film “La Reina del píloro caníbal”, HongKong, 1973).

    Comentario de Rímini hace 6 meses y 20 dias
    # Siento la repetición: ¿cosas de la tecnología o de las alubias con chorizo?

    Comentario de Rímini hace 6 meses y 20 dias
    # No se preocupe, Rímini. Para eso estoy yo por aquí, para eliminar reperepeticiones.

    ¡Besotes!

    Comentario de Microalgo hace 6 meses y 20 dias
    # Creo que no hay que darle tanto brillo a los síndromes, por que podemos caer en reducir a las personas que supuestamente los padecen a solo eso. No me gustan los síndromes. No me gustan las simplificaciones. No me gusta Freud.

    Fdo.: Pitufo Gruñón

    Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 6 meses y 18 dias
    # A mí tampoco me gusta Freud. Es un tío feo.

    Mmmm… Adorno, mucho me temo que sufre Usted el síndrome pleonasmoredundántico (el síndrome de las personas a las que no les gustan los síndromes). Vaya a que se lo miren, no vaya a ser que.

    Comentario de Microalgo hace 6 meses y 15 dias
    # Pues yo me temo que padezco un síndrome que podría llamarse “dirty old man syndrome”… pero creo que eso es cosa de la edad…

    Comentario de carrascus hace 6 meses y 15 dias
    # Yo conozco a la que fue secretaria de cierto escritor de gran renombre, hoy fallecido. Lo tachaban de viejo verde, pero esta chica decía que, al aprecer, fue un niño verde, luego un adolescente verde, luego un adulto verde y acabó siendo un viejo verde (no podía ser de otra manera). En esos casos no parece tratarse de nada patológico: no se preocupe, Carrascus.

    Comentario de Microalgo hace 6 meses y 15 dias

  2. http://www.okeeinfo.com/okeechobee/profile.php?mode=viewprofile&u=2734 Says:

    o – dodał wiedźmin. – Nie będziesz aktualnie http://www.

    okeeinfo.com/okeechobee/profile.php?mode=viewprofile&u=2734 narzekał, jakim sposobem ci każę przenosić
    termowizor? Dzierżysz pomyślność, że go zabrałem, bez
    niego iżbym nie zdążył. – Tudzież
    musiałeś napierdalać na krzyż monitor? – skrzywił
    się Frodo. – Oraz owo wymarzony?
    Wagner nie polemizował. Wiedział, że odreagowuje stres.
    Będzie a więc pieprzył
    trzy po trzy, zaś w dalszym ciągu zgaśnie jako zdmuchnięta świeczka.

    – Jedność wali na krzyż �.

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