¿De verdad quieres saberlo?

Una mujer desnuda y en lo oscuro

Pese a que el sexo no es más que un pequeño calambre, a él se deben los grandes dramas de la personalidad, neurosis, tabúes, castraciones, culpas, muertes por lapidación, condenas al fuego eterno, aparte de otros problemas, entre los cuales no es el menos grave el que cada día sea más difícil aparcar, puesto que a ese ligero calambre se debe el que este mundo esté al completo (Manuel Vicent, El País, 10 de febrero de 2002).

¿Que qué me apetece? ¿De verdad quieres saberlo?

Pues mira me apetece quitarme la ropa sin miramientos y quitártela también a ti mujer pero a ti con miramientos y tocamientos y rozamientos y muy muy muy lentamente y mirándote a los ojos y besando cada centímetro que quede al descubierto y después tumbarte boca arriba sí he dicho boca arriba sobre mí y tu cabeza un poco hacia atrás sobre mi hombro izquierdo no no es casual que sea el izquierdo entonces abrazarte la cintura y meterme despacio dentro muy dentro lo más dentro que pueda de ti y ahí es cuando entran en juego las manos pero las mías y las tuyas porque qué más quisiera yo que ser una deidad hindú pero sólo tengo dos manos aunque si me prestas las tuyas la verdad es que me echarás un cable y así mi mano derecha baja hacia tu sexo y allí se queda digamos donde ese bellísimo fiordo termina y se encuentra con el bosque de coníferas y hay un pequeño monumento conmemorativo que es el que centra mi atención armónica simple al principio aunque luego los ritmos van a ir variando y necesito que tu mano izquierda sí la izquierda pose su palma cuatro dedos por debajo de tu ombligo y presione un poco sólo un poquito y apriete hacia arriba como ayudando al movimiento básico del método Pilates ya te lo explico luego tú estira la piel un poco y tensa con dulzura los pliegues que eso ayuda mucho a mi mano derecha que encuentra más fácil rozarlo todo y tu mano derecha sin embargo me encantaría que acariciara tu seno derecho que yo veo perfectamente porque tu cabeza está a la izquierda ves que era por alguna razón y así tu mano me enseña cómo te gusta que te acaricien el pecho y yo reproduzco tus movimientos fielmente con mi mano izquierda sobre tu seno izquierdo aunque no lo vea porque no sé si te agradan los pellizquitos o los roces circulares con la punta de los dedos o que lo cubra entero con la mano despacio o incluso que apriete un poco o todo mezclado y quiero aprenderme tu placer así que tú juega que yo te sigo y así mientras te beso la mejilla o la boca si te apetece girar la cabeza hacia tu derecha notar como te meces y adaptar mi ritmo al de tu cadera y pedirte que fantasees con que lo que hace tu mano izquierda te lo hago yo y con que lo que hace tu mano derecha también te lo hago yo y así hasta que vayas combando la espalda y hasta que empieces a respirar cada vez más fuerte y hasta que tenses las espalda como un arco al que ya no le queda más remedio que disparar y hasta que en el aire que exhalas no puedas evitar que se vaya mezclando una vocal y cada vez más alta en un crescendo siempre dentro del piano y hasta que se te quiebre la voz que tiembles por dentro que me aprieten músculos que yo me sorprendo de que sean capaces de apretarme y hasta que tu mano derecha crispada se anude a mi mano derecha para inmovilizarla y así decirme

quepareyaquenopuedesmás

quepareyaquenopuedesmás

que pare ya, que no puedes más

que pare ya, que no puedes más

que pare ya, que no puedes

no puedes no puedes más

y entonces sí entonces parar pero abrazarte porque intuyo que una mujer después de esto puede sentirse sola y sentir frío si no la abrazas y conseguir así que te sientas deseada pero oh sorpresa también querida y que sea mi piel la que te lo diga porque yo voy a estar callado y no voy a decir ya ni pío sino sólo a acariciarte la cabeza metiendo mis dedos entre tu cabello por ver si al calmarse tu vientre te quedas dormida atada a mí con toda la piel dulce y satisfecha.

Eso. Eso es lo que me apetece.

¿Y a ti? Ah, sí, espera, que me lo has dicho hace dos minutos. Un té con limón y sin azúcar.

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3 comentarios to “¿De verdad quieres saberlo?”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. Qué preciosidad de texto…
    Yo ya sabía que Nacho era un hombre sensible pero no con esa sensiblería que provoca náuseas de repipi y esdrújula sino con quella otra que hace que cualquiera se sienta como en casa estando a su lado y es que no es fácil encontrar una persoa con tanta empatía con tanto entusiasmo en la mirada y las palabras con tantísimo que dar a todo el mundo sin pedir nada a cambio es la grandeza del que vive más allá de su vida la esperanza de un mundo que dan ganas de apagar a la vez que el televisor cuando las noticias se empeñan en decirnos lo cínicos que llegamos a ser creo que Nacho es la persona que más se merece que le quieran porque es GRANDE (y no me hagas bromas con tus dimensiones, que ya nos conocemos) y cualquier bondad que pueda brindar el mundo debiera ser para él y esa mujer esa a la que anudarás a ti mientras descansa de todo el placer todo el sexo consumado debe estar ahí y llegará pronto y lo celebraremos todos y sonreiremos porque tú serás feliz y eso es lo único que nos importa
    Te quiero
    Comentario de Carmen
    2. Muchas gracias, Carmeliya. No tengamos prisa en ello.

    Y tú que lo veas, por cierto (es decir, cuídate esos pulmones de poeta decimonónica, que te va a dar un arrechucho).
    Comentario de Microalgo
    3. No, el té sin azúcar. Aunque después de ese texto, un JW sin hielo, gracias.
    Comentario de NáN
    4. ¿Sin hielo, así a palo seco? No hombre, si es así tómese uno de malta, que verá que diferencia…
    Comentario de Microalgo
    5. Mi nostalgie de la boue es demasiado grande… ¡con lo que me ha costado arrancarme del sol y sombra!
    ¡Y no se meta con Johnny Walker que es como de la familia! (en pequeñas dosis, claro, que ya no soy el que era).

    Se agradece, ¡y mucho!, la atención (pero no se me distraiga: usted siga escribiendo que ya encontraré yo los vasos y vuelvo para leerle).
    Comentario de NáN
    6. Bellísimo texto, sí señor. Te felicito. La dulzura y la tristeza (o nostalgia) que encierra se hacen más fuertes, si cabe, al recordar que esa misma situación, sí, ésa misma, tal cual la describes, fue el escenario que, en mi caso, marcó el adiós definitivo de quien fue el gran amor de mi vida. Una forma bastante cruel, en mi opinión, de mandar a alguien a la mierda, sobre todo cuando descubres que aunque tú estés ahí podría haber sido cualquier otra y él ni si quiera se habría dado cuenta…
    Comentario de ODE
    7. Ya sabe Usted que no entiendo a la gente que se permite esos lujos, ODE. Aunque, por otra parte, esa misma torpeza en no reconocer a personas de tal valor los descalifica. Eso ayuda bastante, querida ODE.

    Y también es casualidad que sea esa forma, “tal cual la describo”. Qué cosas.
    Comentario de Microalgo

  2. Inés Says:

    Y tanto leer, llegué aquí y me quedé sin palabras.

  3. Microalgo Says:

    Pues este post, es, lamentablemente, fantasía pura. El quedarse con las ganas, podríamos decir.

    Qué pechá de leer que se está pegando, mi Dama. Para mí es un honor. Lo digo en serio.

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