Microalgo al Rescate

Me parece que la inteligencia de los gatos está sobrevalorada

En fin, menos mal que no existe ninguna situación horrible que no pueda ser remediada con una situación espeluznante (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).

Andaría yo por segundo de carrera.

Vivía en una granadina pensión para estudiantes, en un tercer piso. Mi ventana daba a un patio interior. Un día, en el alféizar de la ventana del cuarto piso, en frente, apareció un gato. Debió resbalarse del tejado, porque la ventana estaba cerrada y en esa planta no vivía nadie.

– ¡Ñiaoooo!¡Ñiaoooo!

Al día siguiente el gato seguía agonizando en la ventana (la verdad es que empezó a agonizar desde el primer momento, los gatos pueden ser muy agónicos, si quieren).

Le pregunté a la casera (una pragmática anciana de Salobreña).

-Ya se bajará el hijoputa jilón del gato. Po no haberse metío allí. ¿Quién le manda? (glosario: jilón = tontorrón).

Visto que la señora no tenía muchas intenciones de salvar al gato, le pregunté si sabía a quién pertenecía el piso. Y sí. Resultó que todo el edificio pertenecía a una familia que tenía una farmacia (¡!) en el Zaidín, en la otra punta de Granada. No, no tenía el teléfono. Ella les hacía el ingreso del alquiler de la pensión y punto.

Microalgo se vistió con su chubasquero verde (ese que tenía pelillos en el margen de la capucha… sí, ese mismo. Les hablo del año 1988, aproximadamente) y se cruzó a pata, con un examen en ciernes, toda la gélida Granada, para solicitar la llave que salvaría al gato funambulista (poco calculista, en este caso).

Llegado a la farmacia, comenzó a explicarse.

– Buenas tardes. Verán, es que hay un gato que…

Cuanto más desarrollaba el tema, más cara de extrañeza veía Microalgo en los dos farmacéuticos (resultaron ser matrimonio) dueños del predio que era la tenaza del felino. Poco a poco cayó en su propio atuendo, y en que, dadas las proximidades del examen, ni se había afeitado desde sabría la Diosa Bastet ha cuánto tiempo. Y en lo poco verosímil de la historia relatada.

– … en el alféizar de la ventana. Y no puede salir, el pobre. ¿Me dejarían Ustedes la llave del piso, para rescatarlo? Ya sé que suena muy raro…

Pues oigan, me la dejaron. No sé si será por estos ojitos verdosos que aparentan ser sinceros, o porque la historia, de estúpida, no podría haber sido falsa.

Microalgo cruzó de nuevo Granada, se hizo con un poquito de agua y un poquito de pescado (el pobre bicho llevaba casi veinticuatro horas sin comer ni beber), y ya se veía esta forma de vida marina y unicelular como una Amelie Poulain cualquiera (vale, apunto el anacronismo, ya lo sé, la película es posterior, no me toquen las narices), acariciando el lomo de un gato agradecido, que le miraría con ojitos aguados por haber gastado todo ese tiempo en su rescate.

Subí emocionado las escaleras. Abrí más emocionado aún la puerta. Crucé emocionadísimo el salón (la casa estaba vacía como una pista de baile cuando tocan cosas de Silvio Rodríguez). Abrí la ventana y mis brazos en el paroxismo de la emoción.

– ¡Hola, gatito!

El gatito me dijo PFFF y saltó hacia el patio.

Tal vez no debí abrir la ventana tan bruscamente: soy botánico, no estoy muy puesto en etología.

El caso es que el puto gato de los cojones rebotó en un tendedero del tercero, se afiló las uñas con una sábana del segundo, rozó el culo con una esterilla del primero y aterrizó grácilmente en el bajo, desde donde saltó con un trote ligero y tranquilo hasta un ventanuco que comunicaba con el callejón de atrás.

Microalgo cruzó Granada por tercera y penúltima vez esa tarde, para dejar la llave de vuelta en la farmacia.

– ¿Qué, conseguiste salvar al gato?

– Pueees… sí. Técnicamente, sí.

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Una respuesta to “Microalgo al Rescate”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. La inteligencia de los gatos está sobrevalorada, tienes toda la razón, mira que saltar…
    Si, además, lo tuyo es destripar microalgas, no microgatos. Claro que eso él no lo sabía. Ahí debemos concederle un punto a su favor, ¿no crees?
    De cualquier forma, Nacho, también la inteligencia de algunas personas está sobrevalorada. Tú te acercas con la intención de dar lo mejor y saltan desde el alféizar de la ventana…
    ¡Qué vamos a hacerle…! ¿A no ser…? No, no. No puede ser. ¿O sí? ¿A no ser que los poco inteligentes seamos nosotros?
    Tal vez deberíamos planteárnoslo. ¿Quién coño nos pidió que cruzáramos cuatro veces Granada?
    Tal vez eso es lo que necesitaba el gato para tomar la determinación de saltar, en cuyo caso, es más inteligente de lo que creíamos.
    Comentario de carmen
    2. Pues sí. Se puede decir (figuradamente) que le di un empujoncito. A veces hace falta un empujoncito. Otras veces un empujoncito degenera en una debacle (lo he visto en algún pub en Escocia).

    Totá, uno nunca sabe.
    Comentario de Microalgo
    3. Oiga, D. Micro… si le gustan los gatos y quiere alguno para que le haga un poco de compañía no tiene más que decírmelo y le envío alguno por Seur, entre los que son nuestros de verdad y los que aparaecen por aquí para comer y hacer alguna gracieta puede usted elegir entre Felipe, Saint Germain, Negro, Aznar, Zapatero, Bin y Laden.

    ¿Ha observado lo curiosos que llegan a ser los niños poniéndole nombre a los animales…?

    También tenemos ultimamente pululando por aquí un enorme erizo, que tiene tela de cachaza para todo lo que hace.

    Al que hace tiempo que no vemos es al lagarto que vivía en la rocalla… debe haberse mudado…

    Y, por la experiencia acumulada, me apunto a la opción de que los poco inteligentes somos nosotros, no los gatos.
    Comentario de carrascus
    4. Le agradezco la oferta, Señor Carrascus. Pero creo que, de todos los bichos mencionados, tan sólo el lagarto ausente no me daría alergia (y tal vez más por ausente que por lagarto). Pájaros, mamíferos e incluso (oh, ignominia) algún polen suelto (además de los sempiternos ácaros) me ponen la nariz como un tomate. Probablemente por eso me dediqué a las algas. Si las estás respirando, el menor de tus problemas es la alergia: lo urgente es solucionar que te estás ahogando.
    Comentario de Microalgo

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