Destructora de leyendas

 

 Mi amiga Rafi y yo, marcándonos unos puritos. 

Y aunque la gramática siempre ha detestado las excepciones, los verbos irregulares y las conjunciones erráticas, reconozco que la vida sólo es tolerable porque existe lo excepcional, lo extraordinario, lo atípico (Emilio Pascual: Días de Reyes Magos).

   

Ya comenté alguna vez que me pegué dos años en Portugal. Allá conocí a un ente poco común. Si digo que era una italiana rubia de un metro ochenta y cinco, Ustedes se van a formar una idea equivocada de quién era mi amiga Rafi, Destructora de Leyendas.

Hace poco me hice con el último libro de Rafael Marín (La Leyenda del Navegante) (Minotauro… debe ser un gustazo publicar en la misma editorial que Tolkien). El protagonista, que no narrador, de la novela, es un tipo cuya leyenda consiste, curiosamente, en ir deshaciendo leyendas, como si no fuera otro su destino.

Algo así era mi amiga Rafi. Al poco tiempo era famosa en todo Coimbra, y apodada “La UNESCO”, porque pegaba la hebra con todo bicho viviente, y no había guiri ni autóctono que no la conociera por lo menos de vista. Marcaba su estilo por todos sitios. Sufría una simpática cleptomanía de vasos y adminículos variados de los bares, y, en el Instituto de Ambiente y Vida (dependiente de la Universidad), muchos años después de que ella se haya ido, “pedir prestado subrepticiamente un objeto con escasas intenciones de devolverlo” se denomina, aún, “rafaelar”. Una vez, ella y yo nos zampamos seis martinis en un bar para regalarle un juego completo de copas cónicas a una amiga que se mudaba de casa. Se escandalizó, la muy tonta. También tenía una curiosa táctica de hacer auto-stop: se ponía en un semáforo y se metía en el primer coche que paraba en rojo: “Hola. ¿Me llevas a Coimbra?”. No le falló nunca.

En Coimbra, desde el siglo XIV, existe la curiosa institución de las “repúblicas”. Una república es una casa de estudiantes gestionada por ellos mismos. Una república suele ocupar el edificio entero, con entre quince y cuarenta dormitorios. Sale muy barata y es una juerga. Los “repúblicos” pueden tardar dos o tres años más de lo normal en acabar una carrera, así que es un pseudo equivalente de la tuna, pero mucho mejor visto, y no te tocan las narices cantando. Por cierto, que los “repúblicos” son, tradicionalmente, monárquicos. Por joder. De hecho, muchas repúblicas pidieron permiso a los reyes de Portugal, cuando los había, y ostentan los nombres de “Real República de”. Es difícil saber la edad de una república, porque todos los años cada una celebra su centenario, invariablemente.

Las repúblicas siempre han sido monogenéricas. Es decir, hay treinta repúblicas de chicos, y dos repúblicas (muy recientes) de chicas. Pues mi amiga Rafi pidió, como un favor, que la dejaran alojarse cuatro días en una de las repúblicas (de chicos) más antiguas de Coimbra (Bota Abaixo, se llamaba)(Real República, también).

Se quedó los dos años. Curiosamente, los repúblicos se fueron percatando de que no era nada anómalo tener una chica entre los estudiantes. De hecho, era hasta muy divertido (y no por posibilidades de ligoteo: Rafi no era lesbiana, pero era un colega. Mentalmente uno no la consideraba posible caza… no me pregunten por qué, porque fea no era).

Así que cuando Rafi se fue de allí y se volvió a su Ravenna natal, su cuarto fue ocupado por otra chica. Y luego entró otra, y otra más. Y esa república tiene el orgullo (merecidísimo) de haberse convertido en la primera república mixta desde el siglo catorce. Ya están empezando a convertirse algunas más.

Cuando yo trabajaba allí (del 97 al 99), aún estaba viva la primera doctora portuguesa de toda la historia del país. Quiero decir con esto que el retraso de la incorporación de la mujer en todos los estamentos laborales portugueses, sobre todo científicos y políticos, es innegable.

Yo tengo el orgullo de tener una amiga, ahora lejana, que contribuyó a derribar otro pedacito de muro entre el pasado y el mañana. Como Salther Ladane, el protagonista del libro de Marín, mi amiga Rafi va zampándose leyendas como el que se come un puñado de conguitos.

Bravo por ella y por los inteligentes repúblicos de Bota Abaixo, que son los portugueses (al fin) del siglo veintiuno.

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Una respuesta to “Destructora de leyendas”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. Buenas dado que bitacoras.com está cada vez más abandonada (la mejor muestra es que el mensaje del panel de control lleva un retraso de varios meses), con contínuas caídas, me gustaría invitarte a crearte un blog en http://blosit.com . Utiliza WordPress y es totalmente gratuito. Además tendrás 100MB de espacio y podrás subir archivos de hasta 500KB. Y eso no es todo ya que podrás importar todo tu blog de bitacoras y no perder todas las anotaciones que has hecho!
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    Comentario de Blosit hace 1 mes y 8 dias
    2. Uuhh, no me tientes, que me conozco…
    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 8 dias
    3. Me ha encantado, yo quiero viajar, yo quiero romper tambien alguna que otra leyenda, quiero dejar atras la monotonia, quiero hacer en cada momento lo que quiera, ser espontanea, pasarme la vida de aqui para alla. Es lo que me ha hecho sentir lo que has escrito, un no tener miedo, un “carpe diem” en todo su esplendor, jajaja.

    Un besito
    Comentario de Lara hace 1 mes y 3 dias
    4. Pues, Curiosamente, Rafi Cascaleyendas no era así en su país. Adquirió esa personalidad al cambiar de aires.

    No le sugiero nada con esto, es a título informativo…
    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 3 dias
    5. Afortunado tú de haberla conocido. Eso que te llevas…
    Comentario de jl ambrosio hace 1 mes y 2 dias

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