Linda infancia

Instrumento de perdición

Ahora que vuelvo a pensar en ello, me doy cuenta de que el sentido que se embota primero, a medida que la vida se nos va viniendo encima, es el de la piedad (Álvaro Mutis: Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero).

Pues estamos buenos (Microalgo).

   

La compasión, pese a lo que trate de contarnos Enid Blyton, nunca ha sido patrimonio de la infancia.

Su metro setenta y un centímetros no lo anuncian, pero Microalgo se pegó todo el bachillerato jugando al baloncesto. Mal, porque era el más patata del equipo, pero ahí estaba. Mejor cola de león que cabeza de ratón, que se dice, aunque la discusión de esta máxima o su viceversa daría para más de un post.

El caso es que, además de jugar en su equipo, Microalgo entrenaba a un grupo de monstruos de diez años. Durante todo el tiempo que esta alga unicelular los entrenó (un par de temporadas) sólo perdieron un partido, y fue contra gente de una categoría superior.

Un día fuimos invitados a un partido “amistoso” (léase “no de competición oficial”) al pijo-colegio vecino, que era, obviamente, nuestro irreconciliable enemigo. El entrenador del equipo de minibasket de ese colegio era, además, un chuleta al que mi generación toda odiaba.

Los profesores castigaron esa tarde a cuatro jugadores de mi equipo (<i>nihil obstat</i>: alguna barrabasada habrían hecho, los sinvergüenzas), así que me colé el día del partido con ocho jugadores. Y me encontré frente a la escuela entera del pijo-colegio (veintitantos jugadores).

Al final del tercer cuarto (en minibasket, los partidos siempre han tenido cuatro tiempos), mi equipo arrasaba por cuarenta puntos. Eso, en categorías infantiles, es mucho margen.

Así que, incauto de mí, se me ocurrió probar la madurez de mis jugadores. Antes del inicio del cuarto final les dije:

– Mirad al otro equipo. Poneos en su lugar. Y ahora elegid estrategia para el último cuarto. Decidid vosotros mismos.

Hubo una serie de normas no escritas en baloncesto que yo conocí (que era un deporte muy noble). Por ejemplo, jamás se pide un tiempo muerto a poco tiempo del final, si vas ganando de mucho (¿qué le puede decir el entrenador del otro equipo a sus jugadores en esos momentos? Hay que ahorrarle ese mal trago). En aquella época, con la única excepción de los balcánicos, los equipos del mundo entero respetaban todas esas normas. Yo esperaba que mis jugadores jugaran “al tran-tran” (que se dice), es decir: ataques largos, esperar al otro equipo en tu propia zona (no se puede defender en zona en categorías inferiores, pero al menos sí se puede relajar más la defensa)… es decir, un juego compasivo frente a un enemigo derrotado…

Nanai de la china. No había terminado yo de hablar cuando mis jugadores comenzaron a gritar como poseídos y a saltar unos contra otros, chocando con el pecho y la cabeza.

-¡¡AAAAURRRRGHH!! ¡¡PRESIÓN EN TODO EL CAMPOOOOO!! ¡¡NO VAN A TOCAR BOLAAAAAA!!

El árbitro pitó y mis jugadores salieron al campo gritando y agitando los brazos sobre la cabeza, hechos unas ménades, mientras los tres que quedaban en el banquillo daban saltos y gritaban:

– ¡¡A CEROOOOO!! ¡¡DEJADLOS ESTE CUARTO A CEROOOOO!!

En efecto. El equipo contrario no consiguió apenas pasar del centro de su campo, y por supuesto no metió ni una canasta en los diez minutos reglamentarios.

¿Qué quieren? Por supuesto que después los reconvine y les conté cómo debe comportarse un deportista y un caballero con los enemigos defenestrados. Y podría decir que también me dio cosa darles la libertad de elegir la planificación de ese cuarto y, al no estar de acuerdo, quitársela…

Pero no. El motivo real para permitirles esa salvajada inmisericorde fue ver cómo se hundía en la miseria el chuleta entrenador del otro equipo (alguna vez sufrí un chasquido de sus dedos a dos centímetros de mi nariz, literalmente), y masacrar al equipo del colegio rival hasta partículas tamaño limo (menores de sesenta y tres micras). Sin excusas ni trapitos calientes.

Al ser yo un alga unicelular, no diré que me disculpen porque todos somos humanos. Pero, eso sí, reconozcan que todos somos eucariotas, y que tenemos nuestro nucleíto chungo. Qué le vamos a hacer.

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Una respuesta to “Linda infancia”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. El otro dia reflexionaba yo sobre el maniqueismo, y como cuando somos chiquititos los malos son malos malisimos y los buenos no tienen ni el mas minimo defecto. Alguien, al contarnos los cuentos hubiera debido mostrarnos los defectos de la abuela de caperucita (una mujer que manda a su nieta pequeña sola por el bosque porque quiere galletas) y como el lobo no es tan malo como lo pintan. Nos evitaria muchos traumas posteriores, cuando nos damos cuenta de que no somos tan guapos, ni tan inteligentes, y que tenemos un puntito de egoismo o que podemos ser mu hijoputas cuando nos dan la oportunidad. Esto te lleva a despreciarte profundamente en esos momentos en que tu punto flaco aflora. Alguien tendria que habernos dicho, chica no eres perfecta, pero quien lo es?
    Comentario de laluli hace 1 mes y 5 dias
    2. Ahí le ha dao. Lo dicho. No todos somos humanos, pero sí que somos todos eucariotas.
    Comentario de Microalgo hace 1 mes y 5 dias
    3. En mi opinión la enfermedad del egoismo se esta extendiendo cada vez más. Ultimamente yo solo escucho unas palabras: “no seas tonta, piensa en ti porque nadie lo va a hacer”. Vaya que manía mas estupida que tenía, pensar en los demás, ¿dónde podría llegar con eso? ¿me darían un premio por pensar si puedo hacer daño a alguien ? pues no, solo recibi esa palabra: “tonta”.

    Es curioso, como vamos defendiendo unos ideales para mejorar la sociedad, para que haya más igualdad, una integración,etc. y cómo vamos contradiciendo todas estas teorias a través de nuestros actos y de nuestras palabras.

    Me parece digno de observar, de recapacitar, de pensar que es lo que esta pasando. Aunque tampoco quiero poner de vuelta al ser humano, porque tengo por lo menos la esperanza, de que sea tan solo una forma de hablar y que en realidad tengamos en cuenta al que tenemos al lado, ya no pido al que esta en el sur, en esos paises olvidados, porque creo que sería mucho pedir, pero si al que tenemos cada dia que convivir con el y con el que nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.

    Un besito
    Comentario de Lara hace 30 dias y 3 horas
    4. Espero que el Karma de la verguenza que le hiciste pasar a aquel chuleta no te alcance en otra vida, amigo…
    Comentario de jl ambrosio hace 28 dias y 22 horas

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