Mi memoria tiene un lamentable exceso de personalidad

 Entre les Trous de le Mèmorie.

 

¿Y qué nos deja el tiempo salvo fragmentos inconexos, que llamamos memoria, y con los que reconstruimos torpemente un puzzle al que le faltan casi todas las piezas? (José María Couget: El Día Circular).

No invento nada, Mauricio. La memoria sabe lo que debe guardar entero (Julio Cortázar: Relato con fondo de agua).

 

 

La antigua habitación que ocupaba mi amigo Fenrir, el Lobo, antes de independizarse de sus padres, era todo un mundo. No acababa uno jamás de verla. Cada estante, cada armario, cada esquina del suelo o del techo estaban repletos de objetos cuya historia, para captarla convenientemente, debía ser prolijamente explicada, y sólo él conocía todas las historias. Huesos, relojes de arena, una foto de la portada de un libro (“La Perfecta Terrorista”… no recuerdo ni el autor) que anticipaba veintidós años su amor por la mujer que se casaría con él (Fenrir sí que ha atravesado océanos de tiempo), cómics, libros, vinilos, un arco de caza, un búho disecado, una mandoble escocés de acero toledano con ciento diez centímetros de hoja y cosillas así.

Cuántas veces me he quedado colgado ante este póster, colgado él a su vez en la pared de la habitación de Fenrir, y ocupando demasiado espacio para lo que, probablemente, Fenrir consideraba que debía ocupar un cuadro.

Como a su habitación, uno nunca terminaba de ver del todo esa imagen. A mi entender, describe muy bien la manera que tienen los recuerdos de fijarse en la memoria… o de no fijarse. De dejar huecos, de asimilar sólo retazos, de componer escenas surrealistas y absurdas con objetos que no pueden relacionarse en el mundo real (árboles y suelos de parquet, pasillos y olas cortas, como las del Báltico).

 Mi memoria, para ciertas cosas, es verdaderamente legendaria. Puedo intentar presentar a dos personas que yo debería recordar que se conocen hace años, ante la extrañeza de ambos y la sospecha de que estoy de guasa, cuando no conocen esa faceta mía. Puedo recordar detalles insignificantes, escenas enteras de una película que he visto sólo una vez hace veinte años, letras de canciones que hace una década que no canto, o la lista de los antibióticos que inhiben la síntesis de la pared bacteriana de los bacilos gram-negativos (o, al menos, los que la inhibían cuando estudié la carrera: ya habrán creado resistencia), y a la vez olvidar con quién vi una película hace un mes (por muy querida que me sea esa gente) o el nombre de una chica que fue vecina mía durante toda mi infancia. Olvido cosas que me importan y recuerdo, sin esfuerzo, otras que me es indiferente recordar o no (caso flagrante el de los antibióticos esos).  

Parece que los recuerdos están relacionados con la actividad de las células gliales, que no sólo se encargan de alimentar y proteger las neuronas cerebrales (diez veces menos numerosas que aquéllas). Mi memoria, con un lamentable exceso de personalidad, decide qué recuerda y qué no. Así que no sólo me tengo que enfrentar al hecho de que no controlo mis neuronas (que ya tiene pecado) sino que tampoco me hago con las riendas de mis células de la glía.

El día que deje de controlar también mis esfínteres, avisad a Monsieur, y esta vez en serio.

 

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Una respuesta to “Mi memoria tiene un lamentable exceso de personalidad”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. Aceptando que su memoria sea un tanto selectiva, me parece a mí que el hecho de que intente presentar a dos personas que han compartido mesa y sobreidem en multitud de anteriores ocasiones, y soy testigo de ello, tiene más relación con su sociabilidad extrema que con el carácter anárquico de sus neuronas. La misma que le hace juntar a individu@s de distintos ámbitos, con los peligros que ello implica… Le escucho quejarse “pero también ha sido divertido en muchas otras!”, y tiene razón. Lo que quiero decir es que sin ser un Pierre Sansot de la vida (“Del buen uso de la lentitud”, Tusquets), debería considerar la posibilidad de sosegarse, de no vivir la inactividad como una pérdida de tiempo, de ser capaz de estar en una reunión sin participar de la charla y que ello no le incomode, de recibir a un comensal y no hacerse responsable de su integración al grupo. En fin de asumir su insularidad…. Por otra parte, qué gran invento los puentes!
    Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 17 dias y 20 horas
    2. Sobre la posibilidad de sosegarme, ver el post “Le llaman el Lagartija”, del 13 de Ocutbre pasado. En cuanto a la sociabilidad extrema… pues sí, pero yo, que suelo ser intransigente y muy crítico con mis -muchos- defectos, esta vez discrepo profundamente de Usted. No es que no sea extremadamente sociable: lo soy. Lo que ocurre es que no me arrepiento. Esa es una característica mía, pero no un defecto. Si estoy en una reunión y no participo de ella será porque haya muerto. Si recibo a un comensal nuevo y nadie se encarga de ello, seré yo quien trate de integrarlo a la conversación porque así me gustaría que me trataran a mí si fuera yo la persona que llega (por cierto, que cuando alguien hace algo de ese tipo conmigo, suma una enorme cantidad de enteros en mi estima).

    Y espero ser así hasta el día que estire la pata. Ojalá nada me haga cambiar esa faceta, que me encanta, de mi personalidad.
    Comentario de Microalgo hace 17 dias y 4 horas
    3. Por supuesto, y como decía una muy querida del ínclito amigo común: “cada uno es cada uno y sus cadauneces”, y si bien la diferencia entre característica y defecto depende del punto de vista, supongo que es bueno que el suyo (que es el que en realidad importa) sea optimista en esta ocasión.
    Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 17 dias y 4 horas
    4. Las ataduras de mi celda son dulces. Ya llegará el Ragnarok. Hasta que eso suceda, mi nueva celda, donde se me ata con tanto cuidado, no dista demasiado de mi antiguo cubículo. Ese que se rememora con buena dosis de cariño, que nunca sobra.
    De esa manera, tengo en mi lecho a la terrorista perfecta, y a mi cuidado cada filo de espada, cada retrato, cada imagen.
    Dispuesto estoy a cada envite del destino sin olvidar mi cola al final de mi espalda.
    Si recordaste mi pasado yo recuerdo el tuyo, Balder. Cuando eras el más noble de Asgard. Antes de que tu hermano clavara en su ceguera aquel brote de muérdago en tu corazón.
    Pero no andas lejos de ti mismo.
    Perseverancia, paciencia… Paso a paso. Todo se anda.
    Aun eres uno entre los mejores. No lo dice un amigo, lo dice un Lobo.
    Comentario de Fenrir, el Lobo hace 14 dias y 14 horas
    5. Coñe, Fenrir, no me emocione, que estoy en el trabajo.

    Por cierto, incluyo el dat oque me pasó Usted: “La Perfecta Terrorista” es de Doris Lessing.

    ¡Gracias y besotes!
    Comentario de Microalgo hace 14 dias y 6 horas

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