La Isla de las Rosas

La bandera de la Isla de las Rosas.

Si existieran principios y leyes fijas, los pueblos no cambiarían de ellos como cambiamos de camisa. El hombre no está obligado a ser más sensato que toda una nación (Honoré de Balzac: El Tío Goriot).

Qué hermosa idea la del <a href=”http://esperanto.jubilo.ca/esperanto/&#8221; target=”_blank”>Esperanto</a>. Pero se aplicó muy poco. Actualmente, la población esperantoahablante es muy baja: yo debo ser uno de los pocos majaras que tienen un curso de Esperanto en su ordenata y la firme convicción (una de esas firmes convicciones… Ustedes saben) de que un día debo ponerme a aprenderlo, por meter un idioma más y una nota de humor en mi currículum, que es demasiado serio para una microalga unicelular y pigmentada, tal que yo.

Pero el Esperanto, curiosamente, llegó a ser la lengua oficial de una nación. Una nación pequeñita y de corta vida, es cierto. Pero nación, al fin y al cabo.

En 1964, un ingeniero italiano llamado Giorgio Rosa construyó una plataforma feísima frente a las costas de Rímini, pero fuera de las aguas jurisdiccionales italianas, con la excusa de probar una nueva técnica de construcción marina. Sobre ella se abrieron algunos establecimientos comerciales. En 1968, la isla se declaró independiente. <a href=”http://www.esperanto-es.net/historio/zamenhof.php&#8221; target=”_blank”>Zamenhof</a>, el creador del Esperanto, si hubiera salido de su tumba, habría contemplado con admiración que la isla se declaraba “esperantista”, adoptando el Esperanto como idioma oficial (y la “Isla de las Rosas” pasando a denominarse, desde el establecimiento de la independencia, en Julio de ese año, “<a href=” http://es.wikipedia.org/wiki/Isla_de_las_Rosas&#8221; target=”_blank”>Insulo de la Rozoj</a>”).

Así, se creó un estado libre cuya fuente de ingresos sería el turismo y el ocio, con su banderita, sus sellos y todo…

Bonito, ¿verdad?

Pues no tanto. Lo que pretendía el avispado Giorgio era saltarse los impuestos italianos (supongo que los estatales y los mafiosos). Los “establecimientos comerciales” de la no muy paradisíaca isla eran, principalmente, casinos y burdeles (aquí es donde Zamenhof se volvería a su tumba meneando tristemente la cabeza). La isla fue inmediatamente tomada por dos carabineros y un inspector de Hacienda italianos. Se emitió una nota de protesta por parte del Gobierno de la Isla de Rosas, por la invasión militar sufrida. La nota debió pasar inmediatamente a los sanitarios de la delegación del gobierno correspondiente. Poco tiempo después, la marina italiana volaba las instalaciones.

El nombre de la isla toma otra dimensión al conocer la historia entera. De todas maneras, irse de putas en esperanto debía ser una empresa algo compleja y, por lo tanto, abocada al desastre. No deben sonar muy eróticas, en esa lengua sin alma (lamentablemente, es así), según qué cosas.

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Una respuesta to “La Isla de las Rosas”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. No me gustaria hablar un idioma que hablara todo el mundo. Opino que ese esfuerzo que debemos hacer para hablar con personas en una lengua que no es la nuestra sino la suya nos hace, un poco, ponernos bajo su punto de vista. Para mi, es buena esa diversidad que hace que no tengamos nada que ver con un noruego o con un mongol. Nos da la oportunidad de enriquecernos hasta el infinito.
    bonito blog, lastima que no tengo tiempo de hacer comentarios sobre todo.
    besos
    Comentario de laluli
    2. Gracias, Laluli. Un honor tenerla por este Blog.

    Coincido con Usted en las desventajas de la globalización idiomática. Pero puestos a que haya un idioma que funcione como lingua franca, más vale que sea uno “de nadie” que, por ejemplo, el actual (que es el Inglés, fuera de toda duda), que nos obliga a ponernos bajo su punto de vista. Lo queramos o no.

    Pero claro: la entiendo. Y mucho ha debido luchar y avanzar Usted en ese otro idioma en el que se desenvuelve ahora como pez en el agua, dado su lugar de trabajo.

    Mil besotes.
    Comentario de Microalgo
    3. si, pero una lengua sin alma, como acertadamente la llamas no puede servir para comunicarse, no tiene los sentimientos del desarrollo al compas de sus vivencias. Y si la llegara a tener, cada cultura le daria su impronta, para acabar derivando de nuevo en una torre de babel. Afortunadamente.
    Comentario de Laluli
    4. En efecto. De ahí que no prosperara. Pero como “cosa oficial”, y no para substituir otros idiomas, sino para que las discusiones en los foros internacionales no fueran en el idioma de nadie, era una gran idea.
    Comentario de Microalgo
    5. Magnifico artículo, Microalgo. Lástima que probablemente habrá llegado también a conocimiento de la Asociación de Escuelas de Idiomas, la cual, no lo dudo, le enviará a algún napolitano camorrista para preguntarle, de una forma poco sutil, me temo, qué es lo que tiene usted en contra de que haya tantos idiomas y, en consecuencia, tantas oportunidades de negocio para ellos.
    Comentario de jl ambrosio
    6. Bueno, JL… trataré de salirme por la tangente argumentando que meter un idioma más en sus escuelas también es buen negocio. Y cuando se lo estén pensando, dispararé primero, como Han Solo, por debajo de la mesa.
    Comentario de Microalgo

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