Fundación

– Hay dos especies de sabiduría: una insta a la acción, la otra la frena. ¿No crees, insigne Trul, que la segunda es más honda? Porque sólo el pensamiento de alcance infinito puede prever las remotas consecuencias de una acción emprendida, unas consecuencias que pueden convertir en problemática la acción que las había suscitado. Ergo, la perfección puede consistir en la renuncia a la acción. Y la diferencia entre la sabiduría y la razón estriba en la capacidad de aquélla para descubrir tal diferencia.

– La no-acción es segura, y es lo único bueno que se puede decir de ella. La acción es insegura, y en esto estriba su belleza
(Stanislaw Lem: Ciberíada).

Toda tu vida depende de lo insociable que sea el niño que llevas dentro, o de lo triste que esté (Juan José Millás: Tonto, Muerto, Bastardo e Insensible).


Tira Millás.

La mejor de sus sonrisas



Hoy también hay doble cita.

Ayer seguí una entrevista a Juan José Millás en la televisión, a propósito de la edición de su (hasta ahora) último libro, titulado “Laura y Julio”: habrá que echarle un ojillo. El argumento que se narra en este libro, según se decía en la entrevista, se centra en una separación en la que él (Julio) se instala, sin que su ex-pareja lo sepa, en el piso anexo al que antes ocupaban ambos (y ahora ocupa Laura sola). Las habitaciones están colocadas de manera especular respecto a su antigua casa, de modo que Julio parece haber cruzado un espejo. En más de un sentido.

Durante la muy bien llevada entrevista, muchas cosas contó este escritor de sonrisa tenue (nunca llega a ser una línea curva y cóncava: la horizontal ya es sonrisa en él… sonrisa tenue, repito). Por ejemplo, que sus artículos de El País de los viernes suelen tener tres párrafos. Como un insecto: cabeza, tórax y abdomen. Donde radica la idea, donde se bombea la sangre del artículo y donde éste se digiere. Qué cosas.

El asunto es que a colación de la idea de su último libro, Millás recordaba que, cuando él contaba con catorce o quince años, su madre lo mandó a casa de la vecina a pedir sal, o azúcar o dos huevos, o cualquiera de las cosas que antes se pedían a una vecina. Traspasó por primera vez en su vida el umbral de la casa que existía junto a la de su infancia y se percató de que allí las habitaciones eran idénticas a las de su hogar… solo que al revés. El reparar en esto supuso para el joven Millás una revelación metafísica (como el pisar la baldosa floja de Proust en “El Tiempo Recuperado”…después de tres mil páginas de lectura tediosa), de modo que, aunque nadie se percató de ello, el Millás de antes y el de después de visitar esa casa tras el espejo no eran la misma persona, fascinado por la idea de haber penetrado en otro mundo tan similar y tan distinto al que él conocía.

Y hasta hoy. El darle a las cosas una mirada sorprendente y nueva es el santo y seña, la marca de agua de este autor.

Si yo tengo una experiencia fundacional, ésta fue una derrota. Muy extraña, por cierto.

Desde siempre me ha jorobado mucho que la gente mate bichos gratuitamente. Entiéndanme, no soy un ecologista extremo: si hay que cargarse a una vaca para deglutirla, pues bueno. Si hay que cocer capullos de gusano de seda para hacer ese tejido, pues vale. Si una cucaracha trata de convencerme con una carrerita alocada de que ella es una okupa que no me va a molestar mucho, no le hago caso y la condeno a muerte (si la pillo). Pero ir por el campo y ver que alguien pisa un escarabajo sólo por ver cómo suena me toca mucho las narices. Y si puedo salvar una polilla de una piscina, lo hago. No se si van Ustedes pillando el concepto.

Pues un ya lejano día estaba yo empezando a ducharme cuando me percaté de que había un insectito (no recuerdo de qué tipo, pero debía de serme al menos moderadamente simpático) en la bañera. Dudé un segundo. ¿Lo salvo? ¿No lo salvo? Mi duda decidió por mí, y el agua se lo llevó. “Bueno”, me dije. “Mañana se me habré olvidado”. De eso hace más de treinta años.

¿Pueden creer que el trivial suceso me marcó? Tal vez por eso, a veces, hago las cosas sin pensarlas demasiado. Por si la ocasión (a la que le tengo simpatía porque tiene tan poco pelo como yo) se pierde. A veces me sale bien, a veces me sale mal y a veces la cosa me sale fatal, y me hace una herida que pa mi cuerpo se queda.

Pero, si los reflejos me dejan, prefiero la acción a la inacción: me hace sentirme un poquito más dueño de mi vida (en la escasa medida de mis posibilidades). La falta de reflejos ya es algo más difícil de remediar.

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Una respuesta to “Fundación”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. Coño, D. Microalgo… ha escogido usted una foto del Millás que tal parece uno de Los del Río.

    A mí na más abrir el post y ver la foto, me pareció que iba usted a hablar de “Macarenaaaa……aaaaaaahhhhhh”!!
    Comentario de carrascus
    2. Pues yo no la veo en mi ordenata (no sé que le pasa). Me alegro de que los demás puedan verla.

    Ese es el rictus de descojone del escritor, para que se vaya haciendo una idea…
    Comentario de Microalgo
    3. Po si en esa foto está descojonao… cuando esté serio va a ver que darle el pésame…
    Comentario de carrascus
    4. Curioso. Adorno me hizo ver que en el firefox la foto de Millás se ve, pero en el Explorer no. Me acabo de instalar el Firefox, y es cierto. Las cosas.
    Comentario de Microalgo
    5. Por lo que veo, ha cambiado usted la foto. En esta ya no se parece tanto al “Macareno”.

    Le explico el misterio de que la foto se viese en Firefox y no en Explorer. A mí me pasó lo mismo una vez en “Replicante” y me quedé a cuadritos, hasta que intuitivamente me dí cuenta de lo que podía ser, y acerté.

    Si carga usted una foto a la que usted le haya puesto un nombre que tenga una “ñ” (como era mi caso), o un acento (como supongo que será el suyo con Millás”), o cualquier otro signo extraño, el Explorer, supongo que porque no reconozca el signo, o lo use en su lenguaje para otra cosa, le dirá que los que quieran ver la fotito vayan a su casa a que se la enseñe usted personalmente.
    Comentario de carrascus
    6. Estoy viendo que tu foto se llama “mill%E1s3″… prueba a quitarle ese signo %, o renómbrala solo “mill”, y seguramente se verá en los dos navegadores.
    Comentario de carrascus
    7. Ahora estoy viendo tu post en un ordenador con el Explorer y no sale la foto. Pero al poner el puntero en el cuadrito donde debería estar, sale “Millás de juerga”, que debe ser el nombre que le has puesto tú. El que me salía en el Firefox, que te dije antes, será el nombre original con el que la subieron a internet.

    Si le cambias el nombre a la foto quitándole el acento a Millás, estoy seguro (bueno, ejem… casi, que con estos tiestos nunca se sabe) que se podrá ver bien la foto en los dos navegadores.
    Comentario de carrascus
    8. Pues sí!!

    Cambié la foto por si era la otra la que no fucnionaba, no por ahorrarle a Usted el disgusto. Pero no era la foto, sino el acentito en el nombre del archivo. Acertó Usted, Señor Carrascus. Muchas gracias por la ayuda, é Ujté un posso de sabiduría.
    Comentario de Microalgo

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