Ese rico mundo interno

Drawing hands, de MC Escher.

Tienes que contar con un factor distorsionante: tu imaginación, que suele ser de naturaleza optimista, especialmente cuando padeces una época de desesperación y sólo te queda eso: imaginar que todo lo terrible es transitorio (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).

  

Un comentario en el Blog de la Hermandad Replicante me ha hecho recordar aún más cosas. Me descubro evocante en este Blog. ¿Será que no me pasa nada ahora? ¿O será que lo que me pasa no es digno de comentarse? ¿O que no me da la gana? Tanto faz, como dicen en Portugal.

El caso es que cuando tenía tres añitos me diagnosticaron el síndrome de Perthes (el nombre es más complejo: enfermedad de Legg-Calvé-Perthes) (¿tendrá que ver el nombre del segundo galeno con mi afición por la mahonesa? Interesante…). Consiste en que falta riego en la cabeza del fémur (no en las otras, ojito) y ésta se necrosa. El hueso, al parecer, se reabsorbe y se forma de nuevo, pero depende de cómo se reconstruya, uno camina bien o va cojeando para toda la vida.

Mientras un médico (recuerdo bien su nombre: se le ha mencionado mucho después en mi casa… y a su padre y a su madre también se les ha mencionado frecuentemente) opinaba que era necesario cortar ese trozo de hueso y poner una bolita cerámica (insisto: yo tenía tres años y POR AHÍ es por donde el hueso crece), otro (inmigrante sudamericano y mucho más joven, aún sin el renombre que tiene hoy, que es una eminencia) aconsejó inmovilizarme, con una escayola, por un año. Me escayolaron la pierna entera, la cadera y el cuerpo (hasta los hombros, para que no hiciera juego de torsión). No me pegué el año entero porque los últimos tres meses el médico me hizo jurar que no pondría un pie en el suelo. Y yo, desde entonces (y ya desde antes), sólo he faltado a un juramento en toda mi vida. Y no les voy a contar cuál es (poca gente lo sabe, y si tú estás leyendo esto y lo sabes, cállate). El caso es que me fue bien, mi cadera funciona mejor que la del mismísimo Rey del Rock y luego eso me sirvió para librarme de la mili. Menos da una piedra.

Supongo que es más suerte que desgracia que casi no recuerde nada de esa época. Eso sí, no me fue ese tiempo tan provechoso como a Eduardo Galeano (que estuvo casi un año encamado por unas fiebres) o Aurora Beltrán (la líder del tristemente desaparecido grupo Tahures Zurdos, que aprendió a tocar la guitarra cuando tuvo que estar muchos meses en una silla de ruedas), porque ellos pasaron ese tramo de su existencia cuando eran mayores de lo que yo era cuando me inmovilizaron. El caso es que el estar mucho tiempo postrado estimula mucho la imaginación (si uno no ve la tele). Mi padre trabajaba, mi madre salía a la compra o a recoger a mi hermano (lo más rápido que podía)… y yo me quedaba solo en casa, con algunos juguetes encima de la mesa. Sabía que juguete caído era juguete perdido hasta la aparición de un familiar. Así que tal vez de esa época me viene el tener la cabeza como una olla permanente. Llena de grillos unos días, y de hipogrifos otros.

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Una respuesta to “Ese rico mundo interno”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. Quizás su periodo de convalecencia no le fuese tan provechoso como a los dos ejemplos que cita, pero piense usted que también podría haber sido peor… Julio Iglesias era el portero suplente del Real Madrid cuando una lesión le dejó algún tiempo postrado, y ahí fue donde le entró la afición por cantar… o como quiera llamarse a eso que él hace.
    Comentario de carrascus
    2. Jodé. Pues no lo había pensado. Virgencita, que me quede como estoy.
    Comentario de Microalgo
    3. Euch, auch, ow, ayyy
    Posiblemente debido al hecho de que en mi vida nunca he tenido que hacer frente a ningún percance realmente doloroso (en términos físicos, al menos) es por lo que cada vez que alguien narra uno, mi imaginación entra en pánico. ¿Y si a mí me ocurriera algo parecido? ¿Lo soportaría? No, no lo soportaria. ¿Y qué haría entonces? Acabar con el sufrimiento ¿Y cómo? Pues ya veríamos, por ejemplo….
    Y así durante un rato, al menos hasta que encuentro las cápsulas de litio, y, con todo eso, tardo todavía un tiempo en regresar a mi ser. Qué espanto…
    Comentario de jl ambrosio
    4. En el caso del síndrome de Perthes, no se preocupe, JL. Se manifiesta entre los tres y los siete años. Si es Usted tan joven, me asombra su retórica avanzada. Pero me huelo que no. Al menos, no tan joven.
    Comentario de Microalgo
    5. Angelito…tan pequeño..

    Oiga don Micro, si alguna vez le apetece, cuentenos como se sentía realmente ese niño de tres añitos con aquél problema. Seguro que su mente no ha desterrado aquél recuerdo
    Comentario de Sérilan

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