Le llaman el Lagartija

Por prudencia no debería uno hablar de sí mismo, porque ese es un tema donde seguro la visión nuestra y la ajena no coinciden nunca (Marcel Proust: En Busca del Tiempo Perdido. II. A la Sombra de las Muchachas en Flor).

La impaciencia proviene del corazón, por lo que es vano buscar razones que la justifiquen: solo encontramos pretextos (Adolfo Bioy Casares: Historias Fantásticas).


Y parecía bueno cuando lo cambiamos por un botijo en el Piojito.



Hoy la cita del inicio era doble, y perdónenme la pedantería. Pero es que quiero escribir de mí mismo (¿y cuándo no es fiesta?) y de una característica impresa en mi alma desde mi más tierna infancia: la impaciencia. No sabía cuál de las dos poner, y como aquí, de momento, no hay reglas, me he permitido la pedantería doble. Discúlpenme.

Ese de la guitarra soy yo. La verdad es que empecé a aporrearla metódicamente mucho más tarde, no me sobreestimen. El rubio de al lado es mi hermano favorito (y único), al que en este blog nombraré, con su previo y expreso consentimiento, como Anaxágoras. La foto está tomada un Día de Reyes, probablemente en 1969.

Tendría yo poco más de esa edad (entre uno y dos años) cuando estaba sentado en el orinalito plástico de color turquesa (sí, lo recuerdo, ¿qué pasa?) donde mi madre nos dejaba para hacer caca. Terminé y llamé a mi madre con un par de vocablos recién aprendidos:
– Mamáááá… yaaaaa.

Mi madre estaba atareada haciendo no sé qué, y no vino inmediatamente. Suban media octava en la siguiente e infantil frase, calco de la anterior.

– ¡¡Mamáááá!!… ¡¡yaaaaa!!

Me acuerdo del color del orinalito porque estuvo más tiempo por allá. De esto que relato a continuación sólo tengo referencias maternas (ella no lo olvida). Parece que me harté de esperar y realicé, hasta ahora, el único graffiti que he hecho en mi vida, tomando como materia pictórica el interior del orinal, con gran regocijo por parte de la integrante allí presente de mi generación parental, cuando llegó a la habitación. Fui felicitado inmediata y efusivamente por mis dotes como decorador de interiores.

Si bien he dejado, con el tiempo, de esturrear excrementos por las paredes, la impaciencia no me ha dejado nunca. No sé esperar. Me exaspera esa faceta de los buditas Zen. Espabila, Siddharta, que se te enfrían las croquetas.

Tal vez la prisa es la enfermedad de Occidente. Pero tal vez, también, es que un occidental se da cuenta de cómo el tempus fugit, y de cómo hay que carpe diem (y noctem, no me digan).

Como quiera que sea, soy impaciente como hay gente que es esclerótica, pelirroja, miope, o talentosa. Es así.
De modo que si alguna vez ofendo a alguno de Ustedes con mis prisas (que puede pasar), les ruego que me disculpen.

Si no lo hacen, les decoraré el salón con un estilo naïf depurado. Dicho queda.

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Una respuesta to “Le llaman el Lagartija”

  1. Microalgo Says:

    Comentarios antiguos a este post:

    1. Nada, nada… si además tiene usted razón… las croquetas frías pierden mucho.
    Comentario de carrascus

    2. A pesar de que las croquetas no sólo se pueden quedar frías, sino que algún ser desaprensivo (y eficazmente rápido) puede robarlas del mismísimo tenedor que, lenta y orientalmente, se acercaba a la boca su propio hermano, he de decir que la impaciencia nunca me ha solicionado nada que no pudiera acelerarse realmente. Por ello convendría separar, quizás, en dos categorías la impaciencia, la productiva y la improductiva, y mientras esperamos pacientemente en el segundo caso, aprovechar para hacer alguna otra cosa, como los procesadores en paralelo …
    Comentario de Anaxágoras

    3. ¡¡Hombre!!

    ¡Hablando del Rey de Roma!

    Le tengo que dar la razón a mi querido y nunca bien ponderado Anaxágoras, al que doy, también, calurosa beinvenida a este blog. Pero no es cosa muy de elección de uno mismo el tener y no tener paciencia, como ya dije. Uno es impaciente como otro es violinista y otro un rubito arisco.

    Para otros lectores no versados en la materia… decir que lo que cuenta Anaxágoras sobre la capacidad de Microalgo de robar croquetas del tenedor de sus prójimos… es cierto. Mea culpa. ¡Pero no digan que no tengo arte!
    Comentario de Microalgo

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