Citas LCVI: Más Pratchett, in memoriam

Mie 25 marzo 2015

Cuando se salta por un precipicio, la vida de uno toma un rumbo definitivo (Terry Pratchett: Mort).

bye bye Pratchett

—¿LO DEJAMOS EN TABLAS?
—Vale.

No tocaba post de citas, pero entre que estoy flojucho, que no me acontece nada muy reseñable y que estamos en ese impass previo al nacimiento del Bicho (acerca de cuyas acumulativas andanzas intentaré no llenarles el blog, supongo que con nulo éxito, el intento), todo ello sumado a que el Maestro Sir Terry Pratchett es duda para el próximo partido, me lleva a colocar un post de este tipo (ya el cuarenta y seis, vaya tela), y a llenarlo con citas suyas.

Que lo gosen.

Rincewind probó el alto borograviano, el vanglemeshto, el sumtri e incluso el orugu negro, el idioma que no tiene nombres y sólo un adjetivo, que es obsceno. En cada caso, tropezó con una educada incomprensión. Ya desesperado, intentó el trob y el rostro del hombrecillo se iluminó con una sonrisa encantada.
—¡Por fin! —dijo—. ¡Mi buen amigo! ¡Esto es muy notable!
(Aunque, en trob, la última palabra significaba de hecho «una cosa que sólo puede suceder una vez en la vida útil de una piragua vaciada diligentemente con hacha y fuego del tronco del árbol diamante más alto que crece en los famosos bosques de estos árboles en las laderas más bajas del Monte Awayawa, hogar de los dioses del fuego o al menos eso se dice».)
(El color de la magia).

El comentario “hay que estar muy zumbado para escribir x”, que podría salir recurrentemente en este post, lo uso ya para la primera cita y lo abandono, no por la falta de potencial uso posterior, sino para no repetirme. Pero es que hay que estar muy zumbado para escribir esta acotación sobre el idioma Trob. Hale. Ya está dicho.

El tú de antaño era lo que tenías que ser para emprender el camino pedregoso que te llevaría a ser el tú de ahora, y una de las zonas con baches del camino era ser un capullo.
(Ronda de noche).

Para mí, es una de la mejores novelas del MundoDisco. Y Vimes (el Comandante de la guardia), el Capitán Zanahoria (un “enano” de casi dos metros… en realidad sólo es culturalmente un enano, porque se crió con ellos), la Sargento Angua (una mujer lobo, coladita por el Zanahoria), una vampira, un troll, varios enanos, un gnomo, un gólem, un cabo que incluso necesita un certificado del Patricio que acredite su condición humana… Una maravilla y un canto a la multiculturalidad, la Guardia. Imprescindibles, los libros en los que aparece la Guardia. Y el avispado de Vimes, aprovechando las cualidades de cada uno, es capaz incluso de hacerse con una sección aerotransportada…

La garza lo observó con ojos redondos y estúpidos. Buggy la había domesticado tal como saben hacer los gnomos: te pintas de verde para parecer una rana, te metías croando por las ciénagas y, cuando por fin una te intentaba comer, subías corriendo por su pico y le arreabas un cabezazo. Para cuando el ave recobraba el conocimiento, tú ya le habías metido en las narices el aceite especial —que había costado un día de trabajo y cuyo hedor había vaciado la Casa de la Guardia—, y a ella le bastaba con echarte un vistazo para creer que eras su madre.
(Ronda de noche).

Otro de los libros donde aparece la Guardia es “Zas” El nombre hace alusión a un juego que es una especie de ajedrez entre trolls y enanos, pero bajo el que subyace una no siempre soterrada rivalidad entre las dos razas que puede estallar en un follón ipso facto, sobre todo en lugares donde conviven. Como la capital cultural (digamos) del MundoDisco…

—Pero esto es Ankh-Morpork, capitán. Y un asesinato es un asesinato.
—Sí, señor.
—Y somos la Guardia de la Ciudad —prosiguió Vimes—. Lo pone en la puerta.
—En realidad en la puerta pone más que nada «Poliz cavrones» ahora mismo, pero ya tengo a alguien limpiándolo.
(Zas).

Este libro tiene diálogos delirantes. Ladrillo es un troll (y Detritus también, solo que éste forma parte de la Guardia):

—Desde luego tenemos que hablar con Usted —dijo Zanahoria—. ¿Quiere un abogado?
—No, ya he comido.
—¿Come usted abogados? —Preguntó Zanahoria.
Ladrillo le dedicó una mirada vacía hasta que hizo acopio del cerebro suficiente.
—¿Cómo se dicen las cosas esas que se hacen pedacitos si te las comes? —preguntó.
Zanahoria miró a Detritus y a Angua, para ver si encontraba allí alguna ayuda.
—Podrían ser abogados —reconoció.
—Se ponen todas blanduchas si las mojas en cosas —añadió Ladrillo, como si llevara a cabo un análisis forense.
—Es más probable que estemos hablando de galletas, entonces —sugirió Zanahoria.
—Lo mismo sí. Es un paquete todo envuelto en papel. Eso. Galletas.
—Lo que quería decir —explicó Zanahoria—, era: cuando hablemos, ¿quiere que haya alguien de su parte?
—Sí, por favor. Todos —se apresuró a responder Ladrillo.
(Zas).

Hay fanáticos religiosos (como el Agente Visita) e imbatibles ateos, como Dorlf el Gólem (se les reconoce porque siempre hablan con la primera letra mayúscula. No, la que habla todo en mayúsculas es la Muerte):

―El Ateísmo También Es Una Posición Religiosa ―dij Dorfl con voz retumbante.
―¡No lo es! ―dijo el agente Visita―. El ateísmo es una negación de un dios.
―Y Por Tanto Es Una Posición Religiosa ―dijo Dorlf―. Un Verdadeo Ateo Piensa En Los Dioses Constantemente, Aunque Sea En Términos De Negación. Por Consiguiente, El Ateísmo Es Una Forma De Fe. Si El Ateo Realmente No Creyera, Él O Ella No Se Molestaría En Negar Nada.
―¿Te has leído esos panfletos que te di?
―Sí. Muchos De Ellos No Tenían Sentido. Pero Me Gustaría Leer Algunos Más.
―¿De veras? ―dijo Visita. Le brillaban los ojos―. ¿De verdad quieres más panfletos?
―Sí. Hay Mucho En Ellos Que Me Gustaría Discutir. Si Conoces A Algún Sacerdote, Me Encantaría Una Buena Disputa.
―Muy bien, muy bien ―dijo el sargento Colon―. ¿Pero vas a hacer el puto juramento o no, Dorlf?
Dorlf levantó una mano del tamaño de una pala.
―Yo, Dorlf, En Espera Del Descubrimiento De Una Deidad Cuya Existencia Resista Un Debate Racional, Juro Por Los Preceptos Temporles De Un Sistema Moral Autodeterminado…
―¿De verdad quieres más panfletos?
El sargento Colon puso los ojos en blanco.
―Sí ―dijo Dorlf.
―¡Oh, Dios mío! ―dijo el agente Visita y rompió a llorar―. ¡Nadie me había pedido nunca más panfletos!
(Pies de barro).

En fin.

El infierno, tal como se ha sugerido, son los demás.
Esto siempre ha resultado sorprendente para muchos demonios en activo, que siempre habían creído que el infierno era clavarle cosas afiladas a la gente, empujarlos a lagos de sangre y esas cosas.
(Fausto Eric).

Demostración palpable de que se puede uno reír citando a Sartre.

Recuerda siempre que la gente que aplaude tu coronación es la misma que aplaudirá tu decapitación. A la gente le gustan los espectáculos.
(Cartas en el asunto).

Especialmente dedicado a alguna lideresa de partido minoritario.

―La gente no entiende los límites de la tiranía ―prosiguió Vetinari, como si hablara solo―. Creen que, como puedo hacer lo que me plazca, puedo hacer lo que me plazca. Basta pensarlo un instante, por supuesto, para ver que no es así.
―Ya, con la magia pasa lo mismo ―respondió el archicanciller―. Si uno va por ahí tirando conjuros como si no hubiera un mañana, lo más probable es que no lo haya.
(El atlético Invisible).

Aquí, el Patricio y el Archicanceller Ridcully, en aparentemente animada (pero en realidad tensa) charla. Toda frase dicha por cada uno contiene información, desinformación, y su ligero puntito de amenaza. Más por parte del Patricio, pero el otro no se queda muy atrás.

Volviendo a la capital, es un lugar curioso lleno de gente estupenda:

El rumor se propagó por la ciudad como un fuego desatado (algo que se propagaba bastante a menudo por Ankh-Morpork desde que sus ciudadanos aprendieron las palabras «seguro contra incendios»).
(La verdad).

Se estaba congregando una muchedumbre delante de un edificio de Jabón Bienvenido, y el tráfico de carros ya estaba embotellado hasta llegar a la Vía Ancha. Y William pensó que siempre que se reúne una gran muchedumbre, alguien tendría que escribir por qué.
En aquel caso la razón estaba clara. Había un hombre de pie en el parapeto de la ventana del cuarto piso, con la espalda contra la pared, mirando hacia abajo con expresión paralizada.
Mucho más abajo, la multitud estaba intentando ayudar. No formaba parte de la robusta naturaleza de Ankh-Morpork disuadir a nadie que se encontrara en aquella posición. Al fin y al cabo, era una ciudad libre. Y también lo eran los consejos.
―¡Es mucho mejor probar en el Gremio de Ladrones! ―gritó un hombre―. ¡Seis pisos y te das contra adoquines sólidos! ¡Te rompes el cráneo a la primera!
―Alrededor de Palacio está todo bien enlosado ―aconsejó el hombre que había al lado del primero.
―Bueno, claro ―dijo el vecino inmediato―. Pero el patricio lo mata si intenta saltar desde ahí, ¿no cree?
―¿Y?
―Bueno, es una cuestión de estilo, ¿no?
(La verdad).

Hay algo en el aire de esta ciudad, pensó. Si el creador hubiera dicho «Hágase la luz» en Ankh-Morpork, no hubiese llegado más allá de eso porque todo el mundo habría empezado a preguntar: «¿De qué color?».
(Hombres de armas).

Se dice que todos los caminos llevan a Ankh-Moroprk, la mayor de las ciudades del Mundodisco.
Al menos hay un dicho según el cual se dice que todos los caminos llevan a Ankh-Morpork.
Pero es un error. Todos los caminos salen de Ankh-Morpork. Lo que pasa es que a veces la gente los recorre en sentido incorrecto.
(Imágenes en acción).

Durante la noche, en las calles de Ankh-Morpork, la precaución es un absoluto. No existe el concepto de «precaución moderada». O eres muy precavido, o eres un cadáver. Quizá camines y respires, pero el caso es que eres un cadáver.
(¡Guardias! ¡Guardias!).

¡Ankh-Morpork! ¡La ciudad donde viven cien mil almas! Repartidas entre un millón de personas, pensó el patricio para sus adentros.
(¡Guardias! ¡Guardias!).

Y bueno, está la Universidad Invisible, gran centro de (digamos) enseñanza de la magia…

En la Universidad Invisible pasaban muchas cosas y, por desgracia, la enseñanza tenía que ser una de ellas. El profesorado ya había afrontado este hecho y había perfeccionado varios sistemas para evitarlo. Pero aquello no era ningún problema, porque, para ser justos, los estudiantes también.
(Tiempos interesantes).

… cuyo bibliotecario, dicho sea de paso, es un orangután.

El Bibliotecario de la Universidad Invisible, que había estado dormitando con la cabeza sobre la mesa, se incorporó e sopetón. Echó la silla hacia atrás y, agitando los brazos para no perder el equilibrio, salió corriendo de la sala con sus piernas patizambas.
―Probablemente se acabe de acordar de un retraso en devolver un libro ―comentó el decano. Bajó la voz―: Por cierto, ¿soy el único de aquí que piensa que no dice mucho sobre la categoría de esta universidad tener a un simio en el cuadro académico?
―Sí ―dijo Ridcully en tono seco―. Lo eres. Tenemos al único bibliotecario del mundo que puede arrancarte el brazo con la pierna. La gente respeta esas cosas. El otro día sin ir más lejos el jefe del Gremio de Ladrones me preguntó si podíamos convertir a su bibliotecario también en simio, y además es el único de todos vosotros que pasa más de una hora al día despierto, cabrones. En todo caso…
(Tiempos interesantes).

Algún tirito por aquí y por allá…

Pero hasta los libros corrientes son peligrosos, y no únicamente los que se titulan Fabrique su propia gelignita como los profesionales. Un hombre se sienta en un museo y escribe un libro inofensivo sobre economía política, y de repente millones de personas que ni siquiera lo habían leído están muriendo porque quienes sí lo leyeron no han entendido el chiste. El conocimiento es peligroso, y esa es la razón por la que los gobiernos suelen ponerse tan duros con quienes son capaces de tener ideas por encima de un cierto calibre.
(El país del fin del mundo)

Y ná. Que esto es solo un atisbo. Me dejo fuera brujas, elfos (aquí son bastante malvados), vampiros abstemios, monstruos de las dimensiones mazmorra, asesinos, egipcios, rockeros, zombies abogados, comerciantes optimistas (sin motivo aparente), cantantes de ópera, camellos calculistas, monjes semi-superhéroes, carteros poco vocacionales, periodistas pirados, reyes, Igors (son una especie de Igor, ya me entienden), orcos, dragones, niñeras fantásticas que apalean monstruos dentro de los armarios, mayordomos ex-criminales elegantísimos, magos pésimos, califas sanguinarios y un baúl con un montón de patitas y un pronto muy, muy malo. Y eso, solo en el MondoDisco. Fuera hay incluso más cosas.

Descanse en paz, Sir Terry, y gracias por los buenos ratos.

TENEMOS QUE IRNOS, dijo la muerte.
―¡Pero me acaban de matar! ¡Me ha estrangulado con sus propias manos!
SÍ. CONSIDÉRELO UNA EXPERIENCIA MÁS.
―¿Quiere decir que no puedo hacer nada al respecto?
DÉJELO PARA LOS VIVOS. HABLANDO EN TÉRMINOS GENÉRICOS, SE INCOMODAN CUANDO EL DIFUNTO LLEVA A CABO UN PAPEL CONSTRUCTIVO EN UN INVESTIGACIÓN POR AESINATO. TIENDEN A PERDER LA CONCENTRACIÓN.
(Mascarada).

Música desde ya mismo

Mie 04 marzo 2015

El doctor Labyrinth, como la mayoría de las personas que han leído mucho y tienen una gran cantidad de tiempo libre, estaba convencido de que nuestra civilización seguía los pasos de Roma. Observaba las mismas grietas que habían socavado los imperios griego y romano; no le cabía la menor duda de que, en breve plazo, nuestra sociedad se derrumbaría y daría paso a un período de oscuridad.
Habiendo llegado a esa conclusión, Labirinth empezó a preocuparse por todas las cosas hermosas que se perderían en el caos. Pensó en el arte, en la literatura, en la música; y llegó a la conclusión de que, entre todas esas cosas nobles y elevadas, la que se perdería con más rapidez sería la música.
(Philip K. Dick, Cuentos completos: La máquina preservadora).


Ole con ole y olé, viva Triana...

Desde chiquititos.



Para el que no lo sepa ya: si todo va bien, en unos meses la Dama de los Lunares y yo tendremos descendencia. Una niña, según nos cuenta el mushasho de la ecografía.

Desde casi el principio, para que el bicho se entretenga, por la tarde-noche le ponemos música con unos casquitos que se coloca la Dama apoyados en la tripita. Hasta ahí bien, pero… ¿qué música ponerle?

Ahí surgen disputas y, al contrario que nuestros actuales parlamentarios, nosotros parlamentamos y llegamos a acuerdos. Para empezar, eliminamos los extremos: ni Silvio Rodríguez (por mi parte) ni la Velvet Underground (por la suya) (pobre criatura, ¿es que no tiene corazón? ¿LA VELVET?). Luego, en las casillas centrales, los absolutamente inexcusables. Bach (por mi parte) y Nat King Cole (por la suya). También concesiones a la otra parte contratante (Giovanni Perluigi di Palestrina, The Beatles, Lorena McKeenit, Buddy Holly and The Krickets)… y algún “hombre, cómo no” por ambas partes (Chet Baker, por ejemplo). Y así se pega el bicho las tardes.

Como después de esto nos salga cantando Paquito er Shokolatero, quiero dejar constancia de que no habrá sido culpa nuestra. Dicho queda.


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