Intento fallido de coba-cola

Lun 01 junio 2015

Los dos años de inversión en Neotrición e investigación dieron a luz a CHOWTM. CHOWTM contenía moléculas proteicas hiladas, trenzadas y entrelazadas, encriptadas y codificadas, cuidadosamente diseñadas para hacer que las ignorase hasta el enzima digestivo más voraz; edulcorantes artificiales, aceites minerales en vez de vegetales, materiales fibrosos, colorantes y aromatizantes. El resultado fue un producto alimenticio indistinguible de cualquier otro excepto por dos detalles. El precio, que era ligeramente más elevado, y el aporte nutritivo, que era aproximadamente el mismo que el de un walkman de Sony. Comiese uno la cantidad que comiese, perdía peso (y pelo. Y color de piel. Y, si se comía tiempo suficiente, señales de vida) (Terry Pratchett y Neil Gaiman: Buenos presagios).

Numerados

Qué va. Ni por esas.

El fin de semana pasado se realizó en mi casa otra de esas reuniones quincenales de lectura orientada de clásicos populares. En esta ocasión se trataba de conjeturar una pauta de frecuencia de los adverbios terminados en “mente” en la obra de Marcel Proust. Como todo esto es muy largo, a partir de ahora usaremos para estas reuniones el nombre en clave de “timba de póker”, en plan alegoría. ¿Estamos? Estupendo.

Aprovechando la concurrencia a estos eventos, se me ocurrió hacer una prueba pseudocientífica. Les cuento. Uno de los asiduos asistentes, el peligrosísimo Schlomo (el Alcancero), suele beber Coca-cola durante las citadas reuniones. Pero Coca-cola a pelo, es decir, ni cero, ni light, ni cero-cero, ni leches. Si no es esa, no le hace gracia. Y la Dama de los Lunares y yo, como buenos anfitriones, siempre tenemos lista una dosis para él, aunque nadie más bebe ese mejunje en casa. Así las cosas, uno se llegó a plantear si lo de Schlomo con ese bebedizo en concreto sería querencia organoléptica o simple y pura manía persecutoria. Y como soy malvado, elegí como hipótesis de trabajo la segunda opción, pero uno nunca sabe.

¿Qué hace un científico que se precie ante este enigma? Pues, obviamente, organizar una cata. Compré Coca-cola normal, Coca-cola cero, Coca-cola cero-cero (sin calorías ni cafeína), coca-cola light sin cafeína, Pepsi, Pepsi light, Cola Hacendado y Cola Hacendado sin cafeína. En total, ocho refrescos de cola. Preparé series de vasitos numerados y los llené todos al mismo volumen (disponiendo el orden de las bebidas de manera aleatoria y quedándome yo con la referencia). Entre dos subidas de ciegas en el Texas Hold’em (sigo con la alegoría, ¿eh?), les di a catar a los asistentes la cosa con la insana intención de que, concretamente, Schlomo, (lo confieso, la cosa era un torpedo hacia él) no fuera capaz de distinguir su preferida Coca-cola normal de cualquier otra fórmula del mercado, con lo que yo, henchido de gozo y pitorreo le afearía su maniática conducta y lo condenaría a beber Coca-cola cero (por ejemplo) en la subsiguientes timbas (maldad pura y gratuita), con la excusa de que, total, él no era capaz de distinguirlas. Yo, al menos, no habría sido capaz.

De la cata se concluyeron varias cosas. Una de ellas es que el Dueño de la Orquesta Imaginaria, otro asiduo de la timba, está como un cencerro, porque sus respuestas fueron del tipo de Vasito 2 = Vicks Vaporub; Vasito 4 = Nesquick, etcétera. Otra conclusión es que la Cola Hacendado sin cafeína es un bebedizo repulsivo que nadie que aprecie la propia existencia debería comprar de manera consciente. Al menos, no para bebérsela uno mismo. Otra es que darle cafeína a Fenrir el Lobo más allá de la seis de la tarde es como tirar siete mil Gremlins al lago Titicaca. Incluso ganó la timba, el desgraciado, puesto de cafeína hasta arriba y como una puñetera moto.

Y la última conclusión, y la peor de ellas, es que el maldito Schlomo identificó sin asomo de dudas su tan querida Coca-cola normal. De entre ocho refrescos de cola.

Ok. Hipótesis refutada. Tendrás tu refresco listo cada vez que vengas, maldito seas. Te lo has ganado.

(Hume, eres un cabrón).

Post sobre el postismo y la posteridad

Mar 28 abril 2015

Conversación entre dos locos:
-Yo estoy más loco que tú.
-Pues yo estoy más loco que yo.
(Carlos Edmundo de Ory: Aerolitos).

Carlos Edmundo

Se escapa (foto de La Voz de Cádiz).

Ayer inauguraron la estatua de Carlos Edmundo de Ory, máximo exponente del postismo. No pude ir, me acerqué después con la Dama de los Lunares, Portadora del Bicho, La Que No Gana Peso Por Mucho Que Zampe. Hicimos un par de fotos con el móvil, que salieron muy oscuras, así que mango un poco (con el enlace puesto) la foto genial de La Voz de Cádiz. Espero que no me denuncie mucho su artífice (a quien desde aquí felicito).

Detrás de la gente que se arremolina en la foto está el típico pedestal estatuario. Pero sobre él no hay nada. Solo dos huellas doradas marcadas, en el sitio donde debería estar la estatua, seria y digna.

Carlos Edmundo ha huido de allí, parece que los pedestales le tocan mucho las narices. Está unos pasos más allá, en dirección al mar. La idea fue de Luis Quintero, que es escultor y es de todo, y que fue su amigo. Solo un amigo te puede hacer una escultura como esa.

Muchas de las personas que se ven en esa foto hacen más fotos (con los tristes móviles, que capturan pobres instantáneas testimoniales y vestigiales). Pero a la derecha hay un tipo con la mano en el mentón, que se está partiendo por dentro (y se le ve en la cara). Es el escritor y periodista Juan José Téllez, que parece ser el único que entiende la escultura, porque es el único que se ríe. Tal vez imagina la que le van a liar en Carnavales a esa estatua que está tan a mano, al contrario que las de los políticos y próceres que, como el bandido marqués de Comillas, necesitan una verja alrededor para protegerlos o, como el fanático integrista del Beato Diego, precisan de unos metros de altura para que la gente no los vista de piconera.

Carlos Edmundo no, él está a pie de calle, en una pose entre fugitiva y flamenca (una buena definición de su vida), expuesto, sí, a las gamberradas, pero también al alcance de todos los abrazos. Cuando miro a esa estatua, hasta un entierro vikingo pasa a una segunda posición.


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