Me tenéis ya muy loco (publicidad creativa).

Lun 21 noviembre 2016

―Manténganse constantemente al día ―le gritó una voz metálica―. Instálese una videopantalla retinal en el ojo menos cansado. No pierda el contacto con el mundo; olvídese de los resúmenes desfasados de cada hora.
―Apártate de mi camino ―masculló Morris.
El robot se hizo a un lado y Morris cruzó la calle junto con una multitud de hombres y mujeres encorvados.
(Philip K. Dick: Cuentos completos III. Campaña publicitaria).


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No hay ojo para tanto anuncio…
pero ojo con ellos.



Estamos ya acostumbrados. De tanto mirar las cosas, las observamos poco. Tómense su tiempo y despierten Ustedes a ese pequeño gamberro crítico que todos llevamos dentro: se van a divertir un montón.

Hace mucho tiempo leí (u oí, no lo recuerdo) que cuando una persona, estando sola, ve la televisión, su cerebro gasta menos glucosa que cuando sueña. Es una especie de encefalograma casi plano, si Ustedes quieren entenderme. Sin embargo, si eran dos personas las que miraban juntas la pantalla de un televisor, la cosa cambiaba. ¿Por qué? Parecía ser (eso decían) que el poder criticar con otra persona lo que veían volvía sus cerebros más activos.

Y a eso voy. Uno va solo por la calle, o viendo la tele, o con su ordenador, y lo mismo ni se cosca de lo que ve. Pero, ah, si uno va pensando en hacer un post gamberro sobre el absurdo que muestran las pantallas y paredes cotidianas, la cosa cambia. Un ratito de observación y uno pilla todo esto:

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“Recién hecho para ti desde 1954”. Lo mismo en 1954 estaba bueno. Y tratándose de lo que se trata, hasta en 1955 habría sido yo capaz de comérmelo, en caso de necesidad e inanición (esa comida debe de tener tantas toxinas que no creo que haya bacteria que la ataque). Pero después de sesenta y dos años no creo que la cosa siga igual de fresca.

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No era mi ordenador, así que no hice un pantallazo (habría salido con más calidad). Arriba, en la barra pone: “Este ordenador dejará de recibir actualizaciones de Google Chrome porque ya no es compatible con Windows XP y Windows Vista”. En la barra negra justo debajo dice: “Hemos detectado que estás usando una versión antigua de Chrome. Actualízala y navega con seguridad”. A la derecha dan una opción que se puede pulsar que es “Actualizar Chrome”. Yo creo que si le das, se acaba el mundo, o algo.
(Una consideración aparte sería la de aseverar que hay un círculo del Infierno reservado para Bill Gates, por hacerle a la peña las putadas que este tipo perpetra, pero en fin, no es el objeto de este post abundar en el tema, que es el signo de nuestro siglo: tanto estafas, tanto vales).

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Que la marca “Porcelana Oxford” (registrada) se fabrique en Brasil seguro que hace llorar a muchas viejecitas inglesas. A lo peor tiene que ver con el Brexit, y todo.

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Esto está muy cerca de mi casa. Compran mi vieja prótesis dental. Mi prótesis dental. Que la compran. Ellos. Vamos a ver: ¿QUÉ CARAJO VAIS A HACER CON MI VIEJA PRÓTESIS DENTAL? ¿Se la vais a pasar a otro, baratita? ¿La vais a vender en un país del tercer mundo? ¿Con las que consigáis vais a fabricar adornos para ponerlos encima de la mesita del televisor de alguna familia gótica? ¿O qué?
Ahora bien, se ve que estos publicistas son profundos conocedores de la idiosincrasia ibérica, porque el asterisquito (estrellita, más bien) de ese anuncio lleva a una línea más pequeña abajo (me encantan esas líneas, luego les pongo otra deliciosa), que dice que te la compran sólo “al realizar cualquier tratamiento de implantología o renovar tu prótesis”. Ojo, parecen decir: que no nos vale que saques la navaja o la recortada, te vayas a un centro de día en una feliz jornada de atraco a la tercera edad y aparezcas luego por aquí cargando un saco con trescientas prótesis. Esas no te las vamos a comprar, que lo sepas. No, ni las que consigas en el cementerio tampoco, ¿vale? Estupendo. Vayamos luego a tonterías.

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Esta fue con el cambio reciente de hora: a las dos serán… LAS UNA. Ole ahí los becarios bolcheviques güenos que trabajan en la televisión pública con un contrato en prácticas sin cobrar sueldo. Se la han metido doblada, a los jefes. Con un par. Ahí, vengándose, haciendo sangre.

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Esta es otra de esas líneas pequeñitas “que aparecen abajo”. El anuncio, no sé si lo habrán visto, lo protagoniza un tipo superatlético e hipercachas que, aunque fuera de su casa está cayendo la de Noé, pilla su Aifonsiete, lo pone sobre el manillar de su bici y hale, sale a pillar unos cuantos neumococos del tamaño de un collar de sandías. Porque el Aifonsiete es la hostia y resiste el agua que no veas. Eso sí, durante un momentito, al final del anuncio, mientras te ciegan con la manzanita mordida, abajo puede leerse con relativa claridad: “Subject to availability (no te creas que cualquiera puede tener un Aifonsiete, esto es sólo para la élite) (No, eso no lo pone, es una disquisición mía. Pero sigue:) Liquid damage not covered under warranty”.
Con dos cojones.
Es decir, saca tu móvil de mil y pico euros a hacer el gamba con la bici un día de tormenta, porque te juro por mi gato muerto que el dispositivo es resistente al agua. Pero que sepas que si se te escoña es porque eres un panoli, porque la garantía no cubre el daño por líquidos (tal que el agua de lluvia, por poner un ejemplito). Total, que si se lo compran, ni se les ocurra hacer lo que el tipo del anuncio, porque el que lleva él en la bici es más de palo que la patita derecha de John Silver. Aunque si se les estropea, por cierto, vayan y cómprense otro. Pringaos. Loosers. Boloblases.

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Esta me encanta, pero es que no sé por dónde empezar. Tal vez “sanación energética” sea lo más sabroso. “Tratamiento natural de la enfermedad y el dolor” también está bonito, o “inteligencia emocional para niños”, que también tiene, seguramente, su encanto, aunque no creo que tanto como la “arte-terapia”. Confieso que tuve que buscar qué era la diafreoterapia, y les confieso también que después de leer lo que era me quedé igual que antes. Tiene que ver (dicen) con el tratamiento integral de cuerpo y mente, pero no sé si es a base de estiramientos, de manguerazos o de calambres. Bueno, en realidad me da lo mismo: como se me venga encima un diafreoterapeuta llamo a un guardia y le pongo una orden de alejamiento. Y a todo esto, ¿qué coño hace el karate, cosa seria y disciplina olímpica, metido ahí en medio? Si el Maestro Funakoshi levantara la cabeza y entrara en el local se iba a poner a repartir leches como para alicatar tres cuartos de baño…

En fin. Que me tienen ya muy loco, estos de lo audiovisual. Y que podría ir por la calle en ese estado que mencionaba antes, de encefalograma-casi-plano, pero menos mal que los tengo a Ustedes para comentar esto, y así nos entretenemos un poco, echamos unas risas y evitamos tener que ir luego al diafreoterapeuta. Que lo mismo hasta nos cobra una pasta, y todo, y con el poder adquisitivo perdido seríamos ya incapaces de adquirir un Aifonsiete, más o menos resistente al agua y muy sujeto a disponibilidad.

Las cosas.

 

 

 

Citas XLIX

Jue 20 octubre 2016

De las cosas de la muerte me ocuparé cuando esté muerto; de los sueños, cuando sueñe; cuando os preste atención, del infierno; cuando te vayas, del olvido; cuando llegue el cansancio, del tiempo; pero ahora sólo quiero ocuparme de ser la lluvia que está lloviendo y de llevar los niños al colegio (Josep Vilaplana: Ciento volando. Camarote 503: http://camarote503.blogspot.com.es/).

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Ya casi cincuenta post de citas. Vaya tela.

Muy buenas.

Tocaba post de citas, y aquí viene. Esta vez prefiero no comentarlos, que estoy condenadamente ocupado. Con que le den un par de vueltas en el coco a estas frases ya será suficiente, si les place.

Eso, y exigir que Josep Vilaplana, compañero escribiente en el Taller del Bremen, publique algo de una vez por todas: véase la cita inicial de este post y dígaseme si tengo o no tengo razones para mi exigencia.

Besotes a todos.

 

―Recordar con una memoria extraña ―he oído que me susurraba al oído― es una variante del tema del doble, pero es también una metáfora perfecta de la expresión literaria.
―Permítame ―le he dicho― que me ría de esta situación y le comente que yo siempre converso con el hombre que va conmigo.

(Enrique Vila-Matas: El mal de Montano).

Uno no acaba siendo lo que no empieza a ser en algún momento. (Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños).

―Es curioso ―dijo―, pero ¿Por qué será que los paganos y los bárbaros siempre parecen ir a los mejores sitios cuando mueren?
―Tiene su miga, ¿verdad? ―asintió el primero de a bordo―. Supongo que será para compensar el que… que mientras viven también se lo pasan de fábula. ―Parecía un poco perplejo. Ahora que estaba muerto, todo aquel asunto empezaba a sonarle vagamente sospechoso
.
(Terry Pratchett: Dioses menores).

Casi con toda certeza alguien tenía que resultar ganador en el sorteo de la lotería de las culturas; si consideramos que nuestra cultura ha sido la ganadora, también hay que decir que las papeletas de las culturas atascadas en la no tecnicidad estaban en blanco. (Stanisław Lem: Golem XIV).

Pero los sueños infantiles se suelen corromper con mayor espectacularidad que los sueños adultos, porque a fin de cuentas un adulto apenas tiene sueños: ya ha entrado en el club de los arquitectos de pesadillas. (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).

Este relato (El Rey de los Elfos), por supuesto, es de fantasía, no de ciencia ficción. En la primera versión había un final pesimista, pero Horace Gold, el editor que lo compró, me explicó con todo detalle que las profecías siempre se cumplen; de lo contrario, dejan de ser ipso facto profecías. Deduzco, por tanto, que no puede haber falsos profetas; «falso profeta» es un oxímoron. (Philip K. Dick, Cuentos completos: Notas finales).

―¿Medianoche? ―propuso Diamanda
―¿Medianoche? La medianoche no tiene nada de especial. Cualquiera puede ser bruja a medianoche ―dijo Yaya Ceravieja― ¿Qué me dices del mediodía?

(Terry Pratchett: Lores y damas).

Sécase el pino
que está en un claro
ni corteza ni agujas lo guardan;
igual con el hombre
al que nadie estima.
¿Para qué sigue él viviendo?

(Anónimo: Edda Mayor. Los dichos de Har).

Cualquiera es capaz de escribir una historia corta ―una mala, quiero decir― si tiene oficio, papel y tiempo en cantidades suficientes Pero no todo el mundo puede escribir ni siquiera una novela mala. La longitud es lo que mata. (Robert Louis Stevenson: Escribir. Ensayos sobre literatura).

Conversación entre dos locos:
―Yo estoy más loco que tú.
―Pues yo estoy más loco que yo.

(Carlos Edmundo de Ory: Aerolitos).

Si había algo que odiara más que a las bandas patronales, a las amantes de los nobles españoles y a los vendedores de lotería (estos últimos porque inducían la confianza en un falso paraíso), era a los periodistas vendidos: las putas más putas, infiltradas en el oficio más noble del mundo. (Paco Ignacio Taibo II: La bicicleta de Leonardo).

—Muy bien, pero no me despiste. ¿Le trepanó usted o no le trapanó usted el cráneo al ferretero con una broca del ocho?
—El ocho, el siete, el seis… ¿no se da cuenta? Son solo números. Nuestra sociedad está continuamente pendiente de la cifra, vivimos para la estadística. Y como números, al final, nos acaban tratando. Tenemos que romper esta tendencia numerística, tenemos que luchar por recuperar nuestra dignidad humana, ser tratados como personas. En el momento en que los números entran en juego, arrastran gran parte de nuestra individualidad.
—Bien, ya veo que por ese camino no vamos a ninguna parte. Respóndame, pues, a esto: ¿qué estaba haciendo usted la noche de autos?
—¿Qué decirle, comisario? Hacer, hacer… No entiendo esa obsesión por el hacer, por el actuar, esa corriente en boga que nos lleva a intentar ser lo más dinámicos posible. Acumular experiencias, atesorar momentos, muchas veces robándoselos a otras necesidades…

(Eduardo Cruz Acillona y Miguel Baquero: Morir es relativo).

De este periodo se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Lyon innumerables glosas en latín de este autor. Lo que singulariza a estas anotaciones es que, mientras que las glosas solían ser orientaciones para la lectura y comprensión de los textos latinos en un momento en el que las lenguas romances habían tomado la calle, las glosas de Diógenes eran reflexiones y juicios de valor en la lengua del lacio sobre la propia obra que iba copiando. Esto no estaba muy visto pero sí mal visto, así que fue suspendido de empleo y sueldo. (Francisco F. Llanillo Gutiérrez: Monsieur Sans-Délai).

Ahí reside la magia de la democracia: tienes absoluta libertad para elegir a quien tendrá libertad absoluta para hacer lo que se le antoje. (Felipe Benítez Reyes: Política y polichinela).

—Aquí las cosas son distintas, señor —dijo Zanahoria—. Solamente hace diez años que reemplazaron el juicio por ordalía por el juicio con abogados, y lo hicieron solamente porque descubrieron que los abogados son peores. (Terry Pratchett: El quinto elefante).

Sólo era en apariencia que tenía dos opciones (contarlo todo o callarse como un transistor sin pilas). Existía una tercera, a la que se encomendaba desde siempre: la de la inacción, la del atributo de «bendita». No hacer nada. Ni mentir ni sincerarse. Sólo dejar que las cosas fluyeran, sin intervenir para nada, dejándolo todo pasar. Que, a base de esconder la cabeza, el avestruz había evolucionado hasta erigirse en el ave de más imponente alzada y mayor velocidad en tierra. (Santiago Lorenzo: Los millones).

E intentó imaginar a qué se parece la llama de una vela una vez apagada, porque no recordaba haber visto nunca semejante cosa. (Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas).

Y es que, veleidades literarias aparte, en este tipo de eventos he descubierto la verdad más importante de todas en este oficio: escribimos por la cerveza. (Rafael Marín: Está lleno de estrellas -Memoria de una afición).

Aquél mismo año se enamoró de Leocadia Penalti, muchacha que habría sido hermosa si no hubiera sido fea; pero era de una fealdad que fundía las bombillas. La casa Osram la tenía a sueldo, porque Leocadia dirigía la vista de sus ojos a una esfera de filamento metálico y catorce segundos más tarde con el metal del filamento se podían hacer sommiers.
Sin embargo, los dos jóvenes se idolatraban en fa sostenido. Daba gusto verles cómo caminaban por las calles con las manos cogidas y los pies entrelazados. Se caían de narices muchas veces y se partían la frente con frecuencia; pero ¡¡eran tan dichosos!!

(Enrique Jardiel Poncela: ¿Por qué no se suicida usted? y otros escritos de juventud).

―Los paraísos no suelen recuperarse, ¿sabes, Thomas? Nunca se puede regresar a Ítaca. (Rafael Marín: Mobtel).