Duelo Implacable

Vie 13 enero 2017

—No es extraño que tú no lo veas —dijo Roberto en tono ofensivo—, pero es una cosa por la que hace cien años yo me hubiera batido en duelo con él.
—No veo cómo hubieras podido hacerlo —replicó Guillermo—, si hace cien años tú no existías.
—Oh, cállate —exclamó Roberto.
(Richmal Crompton: Guillermo el pirata).


duelo

Pañon, pañon.



Sucedió hace ya unos pocos meses. La Dama de los Lunares tenía que cambiar no sé qué adminículo cocineril en el servicio de atención al cliente de Carrefour y yo me quedé un poco separado del mostrador, con el Bichobola en la sillita de paseo. Aún ella no hablaba casi ni papa, no como ahora, que ha disparado el modo cotorra on y lo casca todo, en su propia lengua, por supuesto.

De pronto el Bichobola me tiende la mano desde el carrito y articula un algo parecido a “agua”. Le paso su botellita (una FontBella del calibre 250 mililitros, con boquilla adaptada a infantes). Cinco metros más allá, una niña algo mayor, toda lazos y tules del color de los dedos de Venus (en la docta opinión de Homero), mira fijamente al Bichobola durante un instante e inmediatamente le pide a sus padres la botellita de agua. La chica gasta una botella de la misma marca, pero su modelo es calibre 500 mililitros con forma de Olaf, el grimoso muñeco de nieve de la película Frozen. Normalmente el Bichobola le da un par de buchitos a la botella y ya, pero lo de esa otra niña ha sido una provocación en toda regla. Y bebe. Y sigue bebiendo. Y la otra igual, ambas sin perderse de vista, clavando las pupilas de una en las de la otra (que siempre son negras, las pupilas, a todo esto, Gustavo Adolfo, que no te enteras). De fondo suena un degüello de esos que tanto le gustaban a Segio Leone. Lazos Moñas no lo sabe (porque con esa edad no se calcula), pero su mayor calibre hace que lleve todas las de perder. Al cabo de un momentito, ambas ya van tragando con dificultad, pero al final suena un “fff-fff” que indica que ya no hay más agua y el Bichobola estira la mano sin mirarme para darme la botella vacía, aún sin perder de vista a su contrincante, que va medio ahogada, la pobre. Un poco más allá, formando con nosotros un triángulo casi equilátero, otro niño (son una plaga) vestido de Ralph Laurent, ve beber a Lazos Moñas desde el asiento de su propia sillita y le pide agua a sus padres (a estas alturas ya está Italo Calvino descacharrado en su tumba, pensando en una cascada infinita de niños enguachingaos). Lazos Moñas, derrotada, mira de reojo con amargura al Bichobola y concentra ahora su atención en el nuevo contrincante, al que tal vez, debe pensar ella, pueda vencer ya que lleva casi media botella exprimida. El Bichobola entorna los ojos como Clint Eastwood, se recuesta despacito en su asiento (es así de chula) y desvía la vista del nuevo duelo, como aburrida, hacia las cajeras-patinadoras que pasan zumbando de vez en cuando llevando el cambio en monedas para las cajeras-sedentes.
—¿De qué te ríes? —me pregunta la Dama de los Lunares, que acaba de volver del mostrador.
—Nada, cosas mías.

Me tenéis ya muy loco (publicidad creativa).

Lun 21 noviembre 2016

―Manténganse constantemente al día ―le gritó una voz metálica―. Instálese una videopantalla retinal en el ojo menos cansado. No pierda el contacto con el mundo; olvídese de los resúmenes desfasados de cada hora.
―Apártate de mi camino ―masculló Morris.
El robot se hizo a un lado y Morris cruzó la calle junto con una multitud de hombres y mujeres encorvados.
(Philip K. Dick: Cuentos completos III. Campaña publicitaria).


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No hay ojo para tanto anuncio…
pero ojo con ellos.



Estamos ya acostumbrados. De tanto mirar las cosas, las observamos poco. Tómense su tiempo y despierten Ustedes a ese pequeño gamberro crítico que todos llevamos dentro: se van a divertir un montón.

Hace mucho tiempo leí (u oí, no lo recuerdo) que cuando una persona, estando sola, ve la televisión, su cerebro gasta menos glucosa que cuando sueña. Es una especie de encefalograma casi plano, si Ustedes quieren entenderme. Sin embargo, si eran dos personas las que miraban juntas la pantalla de un televisor, la cosa cambiaba. ¿Por qué? Parecía ser (eso decían) que el poder criticar con otra persona lo que veían volvía sus cerebros más activos.

Y a eso voy. Uno va solo por la calle, o viendo la tele, o con su ordenador, y lo mismo ni se cosca de lo que ve. Pero, ah, si uno va pensando en hacer un post gamberro sobre el absurdo que muestran las pantallas y paredes cotidianas, la cosa cambia. Un ratito de observación y uno pilla todo esto:

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“Recién hecho para ti desde 1954”. Lo mismo en 1954 estaba bueno. Y tratándose de lo que se trata, hasta en 1955 habría sido yo capaz de comérmelo, en caso de necesidad e inanición (esa comida debe de tener tantas toxinas que no creo que haya bacteria que la ataque). Pero después de sesenta y dos años no creo que la cosa siga igual de fresca.

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No era mi ordenador, así que no hice un pantallazo (habría salido con más calidad). Arriba, en la barra pone: “Este ordenador dejará de recibir actualizaciones de Google Chrome porque ya no es compatible con Windows XP y Windows Vista”. En la barra negra justo debajo dice: “Hemos detectado que estás usando una versión antigua de Chrome. Actualízala y navega con seguridad”. A la derecha dan una opción que se puede pulsar que es “Actualizar Chrome”. Yo creo que si le das, se acaba el mundo, o algo.
(Una consideración aparte sería la de aseverar que hay un círculo del Infierno reservado para Bill Gates, por hacerle a la peña las putadas que este tipo perpetra, pero en fin, no es el objeto de este post abundar en el tema, que es el signo de nuestro siglo: tanto estafas, tanto vales).

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Que la marca “Porcelana Oxford” (registrada) se fabrique en Brasil seguro que hace llorar a muchas viejecitas inglesas. A lo peor tiene que ver con el Brexit, y todo.

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Esto está muy cerca de mi casa. Compran mi vieja prótesis dental. Mi prótesis dental. Que la compran. Ellos. Vamos a ver: ¿QUÉ CARAJO VAIS A HACER CON MI VIEJA PRÓTESIS DENTAL? ¿Se la vais a pasar a otro, baratita? ¿La vais a vender en un país del tercer mundo? ¿Con las que consigáis vais a fabricar adornos para ponerlos encima de la mesita del televisor de alguna familia gótica? ¿O qué?
Ahora bien, se ve que estos publicistas son profundos conocedores de la idiosincrasia ibérica, porque el asterisquito (estrellita, más bien) de ese anuncio lleva a una línea más pequeña abajo (me encantan esas líneas, luego les pongo otra deliciosa), que dice que te la compran sólo “al realizar cualquier tratamiento de implantología o renovar tu prótesis”. Ojo, parecen decir: que no nos vale que saques la navaja o la recortada, te vayas a un centro de día en una feliz jornada de atraco a la tercera edad y aparezcas luego por aquí cargando un saco con trescientas prótesis. Esas no te las vamos a comprar, que lo sepas. No, ni las que consigas en el cementerio tampoco, ¿vale? Estupendo. Vayamos luego a tonterías.

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Esta fue con el cambio reciente de hora: a las dos serán… LAS UNA. Ole ahí los becarios bolcheviques güenos que trabajan en la televisión pública con un contrato en prácticas sin cobrar sueldo. Se la han metido doblada, a los jefes. Con un par. Ahí, vengándose, haciendo sangre.

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Esta es otra de esas líneas pequeñitas “que aparecen abajo”. El anuncio, no sé si lo habrán visto, lo protagoniza un tipo superatlético e hipercachas que, aunque fuera de su casa está cayendo la de Noé, pilla su Aifonsiete, lo pone sobre el manillar de su bici y hale, sale a pillar unos cuantos neumococos del tamaño de un collar de sandías. Porque el Aifonsiete es la hostia y resiste el agua que no veas. Eso sí, durante un momentito, al final del anuncio, mientras te ciegan con la manzanita mordida, abajo puede leerse con relativa claridad: “Subject to availability (no te creas que cualquiera puede tener un Aifonsiete, esto es sólo para la élite) (No, eso no lo pone, es una disquisición mía. Pero sigue:) Liquid damage not covered under warranty”.
Con dos cojones.
Es decir, saca tu móvil de mil y pico euros a hacer el gamba con la bici un día de tormenta, porque te juro por mi gato muerto que el dispositivo es resistente al agua. Pero que sepas que si se te escoña es porque eres un panoli, porque la garantía no cubre el daño por líquidos (tal que el agua de lluvia, por poner un ejemplito). Total, que si se lo compran, ni se les ocurra hacer lo que el tipo del anuncio, porque el que lleva él en la bici es más de palo que la patita derecha de John Silver. Aunque si se les estropea, por cierto, vayan y cómprense otro. Pringaos. Loosers. Boloblases.

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Esta me encanta, pero es que no sé por dónde empezar. Tal vez “sanación energética” sea lo más sabroso. “Tratamiento natural de la enfermedad y el dolor” también está bonito, o “inteligencia emocional para niños”, que también tiene, seguramente, su encanto, aunque no creo que tanto como la “arte-terapia”. Confieso que tuve que buscar qué era la diafreoterapia, y les confieso también que después de leer lo que era me quedé igual que antes. Tiene que ver (dicen) con el tratamiento integral de cuerpo y mente, pero no sé si es a base de estiramientos, de manguerazos o de calambres. Bueno, en realidad me da lo mismo: como se me venga encima un diafreoterapeuta llamo a un guardia y le pongo una orden de alejamiento. Y a todo esto, ¿qué coño hace el karate, cosa seria y disciplina olímpica, metido ahí en medio? Si el Maestro Funakoshi levantara la cabeza y entrara en el local se iba a poner a repartir leches como para alicatar tres cuartos de baño…

En fin. Que me tienen ya muy loco, estos de lo audiovisual. Y que podría ir por la calle en ese estado que mencionaba antes, de encefalograma-casi-plano, pero menos mal que los tengo a Ustedes para comentar esto, y así nos entretenemos un poco, echamos unas risas y evitamos tener que ir luego al diafreoterapeuta. Que lo mismo hasta nos cobra una pasta, y todo, y con el poder adquisitivo perdido seríamos ya incapaces de adquirir un Aifonsiete, más o menos resistente al agua y muy sujeto a disponibilidad.

Las cosas.