Ojo al manojo

Lun 26 septiembre 2016

Convertirse en un símbolo es cosa terrible, ya que supone una manera de morir sin tener la situación civil resuelta (Pere Calders: Ronda naval bajo la niebla).


marcapasos-cardiaco

Ponte un marcapasos, o algo. Hazlo por nosotros.



Cuando uno va avanzando en su conocimiento (gracias a la generosidad de los que saben) en el mundo de las setas, uno descubre que hay especies que no se recolectan (porque saben mal o porque son, directamente, venenosas), pero que avisan de la inminente aparición de otros hongos que sí que nos interesan. Tal es el caso de varias especies del género Clavariadelphus, que no se consumen porque son muy fibrosas y saben a rayos, pero que sirven de “chivato” para la próxima aparición de las (al menos por mí) muy codiciadas chantarellas.

Del mismo modo, yo siempre he tenido como “chivato vital” a un tipo que estuvo en muchas escenas de mi adolescencia y primera juventud (voy por la tercera, o así), y que, en nuestro grupo, fue el primero en todo: el primero en abandonar sus ideales anarcoizquierdistas y subirse al dólar, el primero en comprarse un coche, el primero en casarse, el primero en tener descendencia, el primero en divorciarse, el primero en casarse otra vez…

Mis amigos saben que lo observo con cuidado, porque será, probablemente, el primero en cascarla, Manitú quiera que dentro de muchísimos años, ya que cuando él dé el pistoletazo de salida, iremos detrás todos los que éramos de aquel grupo, como fichas de dominó puestas en hilera. Él es mi Clavariadelphus de lo luctuoso, mi mensajero del Tánatos, el que abre la temporada de baño en la Laguna Estigia, el que toca la campanita de “¡a comer!” para los gusanitos de la ultratumba.

Y hace poco, mi más enorme amigo, al que vi fugazmente en el gran parque de la Villa y Corte un día de paso por allí, me comentó que este hombre había sufrido un amago de infarto, pero que estaba bien.

Desde aquí lo conmino a cuidarse muchísimo: llevar una dieta sana, huir del estrés y hacer deporte moderado, a comer verduritas con poca sal y a hacerse revisiones cada muy poco tiempo. Y, llegado el caso, a instalarse uno o más marcapasos, hacerse unos cuantos baypasses y ensancharse las arterias con todo tipo de utilería intravenosa. ¡Todo sea por prolongarle la vida!

¡Hazlo por nosotros, puñetero desagradecido!

Amistades que se basan en la épica

Jue 28 julio 2016

Pero la fraternidad no solo es un dato de lo real. También es, tal vez sea, sobre todo, una necesidad del alma: un continente por descubrir, por inventar. Una ficción permanente y cálida (Jorge Semprún: la escritura o la vida).


filete de ternera extra

Así de grandes. O más.



El otro día comí en casa de mi amigo Fran (El Mejor De Entre Nosotros). En un momento dado, mientras me ponía una cervecita por delante, me dijo, a ceja izquierda alzada:
—Tío, ¿tú te has dado cuenta de que nuestra amistad se fundamenta en la épica?
Como quiera que yo puse, probablemente, la misma cara que se me queda cuando me salen dos ases y alguien me sube la mano, me explicó pacientemente:
—Sí, hombre. Aquel partido de baloncesto que nos robaron en Jerez cuando teníamos diecisiete tacos. Aquella vez que nos fuimos de excursión y nos llovió tanto. Etcétera.
—¿Y…?
Por toda respuesta sacó dos filetones que probablemente representaban el cincuenta por ciento del peso bruto de una vaca muerta.
—Ah. Vale.
Los hizo a la plancha, nos sentamos a hablar de todo y de nada y, ayudados por un rioja a temperatura perfecta, nos ventilamos los dos filetes. Con una ensalada, para disimular.