De verdad que hay libros que sólo se pueden leer por la noche (Milan Kundera: La Insoportable Levedad del Ser).
Tengo que cambiar de lecturas. O, al menos, ir alternándolas con otras un poco más optimistas. Cierro un bloque de libros leídos (alguno releído) con post de citas. Evitaré poner las más duras.
No tengo cuerpo para comentarios. Ni mucho tiempo, tampoco…
Quien no siente deseo de volver a vivir la vida es porque la ha desperdiciado (Sam Savage: Firmin).
La tradicional lucidez de los depresivos, descrita a menudo como un desinterés radical por las preocupaciones humanas, se manifiesta ante todo como una falta de implicación en los asuntos que realmente son poco interesantes. De hecho, es posible imaginar a un depresivo enamorado, pero un depresivo patriota resulta inconcebible (Michel Houellebecq, Las partículas elementales).
La mayoría de la gente se levanta por la mañana, no porque importe lo que haga, sino porque no importaría que no lo hiciera (Truman Capote: Cuentos completos).
ningún dolor significa el fin del sentimiento; cada una de nuestras alegrías es un trato con el demonio (Charles Bukowski: Escritos de un viejo indecente).
(Las minúsculas de Bukowski no son erratas. O era muy flojo o era otra de sus presuntas formas de rebeldía).
La forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habría que inventar una articulación más anodina, más concisa, más taciturna (Michel Houellebecq, Ampliación del campo de batalla).
Era una cero a la izquierda y ni siquiera el hecho de que hubiera muerto añadía cifra alguna a su nombre (Henry Miller: Trópico de Cáncer).
Me han hablado de conciencias de gran talla, que torturan con un estilo elevado y dan un aire interesante a quien las posee. La mía es sencilla y coloquial, mata a pellizcos. No me siento nada orgulloso de ella (Pere Calders: Ruleta rusa y otros cuentos, Nosotros dos).
Sin embargo, verdaderamente te hemos amado. Pero no tanto como para hacerte vivir siempre con nosotros. Porque nadie puede amarte como quisiera (Stefano Benni: Baol).
Somos de una blandura insoportable, Manú. Consentimos a cada instante que la realidad se nos huya entre los dedos como una agüita cualquiera. La teníamos ahí, casi perfecta, como un arcoiris saltando del pulgar al meñique. Y el trabajo para conseguirla, el tiempo que se necesita, los méritos que hay que hacer… (Julio Cortázar: Rayuela).
El mimetismo es uno de los recursos defensivos más humillantes de la naturaleza. Hay un bicho que al posarse sobre la hoja de un árbol parece el excremento de un pájaro, y otro que se confunde con el cadáver de un insecto recubierto de moho. Están a salvo, sí, pero a qué precio (Juan José Millás, El País, 7 de Diciembre de 2001).
El dolor es una prueba. Te llega y procuras apañártelas lo mejor que puedes (Hugh Laurie: una noche de perros).
Y bueno, a pesar de todo…
Vale la pena nacer, seguro ― dijo Armando exaltado, sin sombra de lirismos ni ostentación literatona ―. A mí que no me vengan: la vida será mala traicionera, hija de puta, desde luego, pero, después de echarle encima todo lo que queramos y se merece, no le pueden negar dos cosas: es inesperada y grande. Para bien y para mal, pero es inesperada y grande (Fernando Quiñones: Con el Viento Sur).

