Mujer y trabajadora

Lun 10 marzo 2014

Eran mujeres muy distintas, tanto en edad como temperamento, pero las unía algo muy fuerte, yo no diría amistad, acaso un sentimiento más hondo y oscuro. Como pueden sentirse dos náufragos en una isla desierta, o dos últimos soldados en una trinchera (Ana María Matute: Paraíso inhabitado).


Mujer trabajadora

Para variar.



Ni siquiera está claro cuál es el origen del día de la mujer trabajadora.

Consultadas diversas fuentes, algunas apuntan a que el 8 de marzo de 1857 unas chicas que trabajaban en la industria textil estadounidense se encerraron en el taller en el que estaban empleadas para exigir mejoras en sus contratos y sus condiciones, y que el dueño del taller las encerró y le prendió fuego. Otros dicen que eso es imposible (refiriéndose a la fecha) porque el 8 de marzo de 1857 era domingo (cosa que he comprobado que es cierta). Por otra parte, no sé por qué no se pueden encerrar la gente el domingo en un taller. La cifra de muertes que se produjeron en tal incendio varía entre veinte y ciento cuarenta y seis, según diversas fuentes cuya credibilidad no puedo, no sé comprobar. Hay quien postula que lo de 1857 fue un episodio inventado con objeto de silenciar el origen comunista de la fiesta.

Otras fuentes dicen que durante ese episodio lo que se produjo fue una feroz represión por parte de la policía, y que lo del taller incendiado ocurrió en marzo de 1908. Parece más plausible, sin embargo, que este hecho ocurriera en marzo de 1911 y que, en efecto, el número de víctimas fuera 146.

De momento, tanta confusión me ha parecido muy sospechosa, como si hubiera una clara voluntad de emborronar el asunto. Sobre todo porque el cuándo ocurre algo suele ser menos importante que el qué y el por qué.

Como fuere, Clara Zetkin propuso, en la segunda reunión de mujeres socialistas, que tuvo lugar en Copenhage, que el 8 de marzo se celebrara el día internacional de la mujer trabajadora. Su propuesta fue aprobada y desde entonces se celebra.

No me parece casual que en los últimos tiempos se haya suprimido de tantos titulares la palabra “trabajadora”. El día de la mujer trabajadora se ha ido quedando en “el día de la mujer”. Y aunque aún aparezca la palabra de vez en cuando, el hecho de que sea trabajadora se ha ido soslayando o disfrazando.

A ver si me explico.

No quise creérmelo porque parecía una broma. Pero parece que sí, que UGT y el Banco de Santander le regalaron a las empleadas de esta entidad financiera unas bayetas anudadas al final de un palito (una rosa o una piruleta, parece centrarse el debate en esto) para celebrar el día que comentamos. Bayetas. Sí. Para eso sí que pueden ponerse de acuerdo dos enemigos tan enconados.

¿He podido explicarme?

A ver cómo le digo yo a cualquier mujer, volviendo a la cita inicial de Ana María Matute, que a mí me gustaría estar en esa trinchera. Sin parecer demagogo, sin que suene a falso.

Y claro que aún debo tener muchos tics machistas. Crecí con ellos. A veces me cuesta localizarlos porque son sutiles (mucho más que una bayeta, créanme). Pero cuando encuentro uno me esfuerzo en sacarlo como un pelito enconado. Aún quedan, seguro. Pero poco a poco intento tender a la equivalencia.

Nah, más que de igualdad, me gusta hablar más de equivalencia.

Feliz día de las currantes. Con retraso, discúlpenme.

Días secos

Mar 04 marzo 2014

Resulta muy posible que un aspirante a poeta rompa en humorista, o que un aprendiz de novelista sesudo termine siendo un espléndido autor de literatura infantil. La musa es muy veleta ―contad con ello―, y no siempre el tipo de literatura que uno prefiere coincide con aquella para la que tiene verdaderas dotes. Por eso importa probar. Y experimentar (Ángel Zapata: La práctica del relato).


Gárgola

Me abuuurrooo.



Días secos, y no porque no llueva. Tengo el blog un tanto abandonado, pero es por la sequedad de estos días. De casa al curro, del curro a casa, hacer informes de proyecto, escribir capítulos de libro y memoranda, y quedar un poco con los viejos amigos. Un poco. Así no hay quien genere anécdotas que contar. Como mucho, sale un post de estos, tipo buscar mirando al techo inspiración, ya me entienden.

Me tengo que dedicar un poco más a desarrollar recetas de cocina, por ejemplo, ahora que a la Dama de los Lunares le han diagnosticado celiaquía-incontestable-de-manera-diáfana (al parecer hay dos genes marcadores, el DQ2 y el DQ8. El 93% de los celíacos tiene el primero. El 5% de los celíacos tienen el segundo. La Dama en cuestión… tiene los dos). Será cuestión de ir probando a hacer croquetas sin harina de trigo, etc.

¿Y la que se está liando en Crimea? No hay más que echar un ojo a la entrada acerca de esta península en la Wiki para darse uno cuenta de que, como en los Balcanes, la zona genera más historia de la que puede digerir. Yo, ni opinión tengo sobre esto. Fíjense.

Están haciendo obras junto a mi Instituto, con dos consecuencias inmediatas. La primera es que todo tiembla y no hay quien mire por el microscopio. La segunda es que, siguiendo una antiquísima tradición de los operarios de la construcción, han localizado velozmente nuestras conducciones de agua y las han perforado (de manera accidental). Puede que todos los obreros del mundo desciendan, sin saberlo, de una ancestral raza de soldados medievales de asedio, y que su instinto los lleve a dejar sin agua todo edificio vallado que encuentren a su paso (a falta de murallas, buenas son las vallas) (qué bonito aforismo rimado).

Si no fuera por el Bremen, glorioso y ya longevo taller de literatura madrileño, no escribiría casi nada. El hecho de que haya que escoñetarse para escribir un relato cada dos o tres semanas, así como que exista el compromiso de leerse los otros (lástima no estar allí para escucharlos en directo, cuando hay reunión Bremenera en La Pródiga, el Coco Bar o donde cuadre) y comentarlos, buscando mejoras y cemento para las grietas, es lo único que me obliga a ponerme delante del folio en blanco y empezar a teclear. Porque uno reconoce sus limitaciones, y aunque uno va mejorando (espero) sus relatos (tanto, que uno lee los que escribió hace unos años y suspira aliviado por saber que NUNCA se han publicado), uno sabe que hay gente que escribe mil veces mejor y que nunca llegará a publicar nada. Además, ¿qué pensaré de los de ahora cuando los relea dentro de otros cuantos años? Así no hay manera.

Es lo mismo que la guitarra (mañana tengo una pequeña jarana secreta: shhhh). Uno gamberrea con la guitarra por el puro placer de gamberrear, pero tampoco se esfuerza tanto en la mejora sabiendo que su talento está limitado y que tampoco hay intención de inmortalidad con ello…

Y bueno, no es una niña en bicicleta, pero acaba de pasar por mi despacho La Sanluqueña (una compañera de trabajo) y me ha rateado los últimos Sugus de piña (los Sugus no tienen gluten, por cierto) que quedaban en el bote, porque para ella son como la heroína para un yonki, o algo así.

En fin, las cosas que pasan los días secos. Que no tienen por qué ser infelices (ya saben lo de los “tiempos interesantes”). Solo secos.


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